Desde que Francisco Conesa (Elche, 1961) asumió el pastoreo como obispo de la Diócesis de Menorca en 2017, se incorporó a la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. En 2022, aceptó ponerse al frente de Solsona, tras la crisis generada por la salida de Xavier Novell. Desde entonces, no solo ha calmado las aguas de la diócesis catalana, sino que hace dos años fue elegido presidente de la comisión doctrinal y el año pasado los obispos confiaron en él para coordinar la hoja de ruta para aplicar las líneas generales del Sínodo de la Sinodalidad. Su firma encabeza la nota ‘Cor ad cor loquitur’, elaborada por su departamento y en la que Conesa se habría implicado de lleno. Con la prudencia que lleva de serie, el documento evita dar nombres de grupos o de métodos, aunque sí alerta con contundencia del “bombardeo emocional” de algunas iniciativas que pueden derivar en “abuso espiritual”.
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PREGUNTA.- ‘Cor ad cor loquitur’ aborda de forma determinante la necesidad de “un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales”. Lo hace reflexionando sobre métodos, grupos y fenómenos emergentes de una manera muy explícita, aunque sin citar con nombre a ninguno de ellos. ¿Considera que se dan por aludidos?
RESPUESTA.- La nota pretende ayudar a la reflexión de todos, tanto de los pastores como de los promotores de iniciativas de primer anuncio. En ella se valoran de manera positiva estas iniciativas y se reconoce que representan un soplo de aire fresco para la Iglesia. Al mismo tiempo, se advierte del peligro de acentuar en exceso los elementos emotivos del acto de fe, en detrimento de la dimensión del conocimiento (la verdad) y del compromiso de la voluntad (el bien).
P.- El documento está firmado por la Comisión que preside, pero cuenta con el aval de la Comisión Permanente. ¿Esto es reflejo de la gravedad y la preocupación del Episcopado por esta cuestión?
R.- Este es el procedimiento habitual en las notas de la Comisión de Doctrina de la Fe, que estatutariamente –antes de publicar un documento– necesita la aprobación de la Comisión Permanente, lo que enriquece el texto y habla del estilo sinodal de trabajar de la Conferencia Episcopal Española. En este caso, además, agradezco mucho que la aprobación de esta nota fuera por unanimidad. Esto me hace pensar que responde a una preocupación real de los obispos.
Conversiones
P.- En muchas de estas experiencias se producen conversiones significativas que traen consigo heridas vitales de todo tipo. En algunos casos, se les ofrecen soluciones “místicas” a complejos problemas psicológicos, psiquiátricos… ¿Falta formación en los laicos y sacerdotes que están al frente, o faltan equipos interdisciplinares que puedan abordar de manera integral el apoyo a estos nuevos creyentes?
R.- Ciertamente, un desafío importante es qué hacer una vez que se ha suscitado el deseo de conversión. Precisamente, las últimas jornadas organizadas por la Comisión de Evangelización y Catequesis tenían como tema: Después del primer anuncio, ¿qué? En la nota ‘Cor ad cor loquitur’, se apuesta claramente por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual) y se recomienda iniciar procesos catecumenales y de acompañamiento con aquellos que han realizado la primera conversión al Señor. Por otro lado, la complejidad de las heridas con las que algunas personas se acercan a la fe, sin duda, exige de todos nosotros una formación mucho más completa.
P.- En algunos espacios eclesiales se defienden de forma férrea estas iniciativas por la aparente fecundidad del número de católicos que generan. ¿Qué les diría?
R.- En la nota episcopal se invita a “abrazar la fe en todas sus dimensiones”. Se reconoce que las emociones son importantes para la vida espiritual, pero han de estar siempre en relación a la verdad y al bien. Sin verdad, la fe se convierte en algo puramente subjetivo, corriendo el riesgo de ser una proyección de los propios intereses. Sin caridad, todo se resuelve en un sentimentalismo vacío. No se rechazan estas iniciativas, sino que se les convida a examinar si en ellas se pueden dar alguno de los excesos que se denuncian.