Furgoneta utilizada por las ex monjas de Belorado para su mudanza
Las ex clarisas de Belorado ya están con algo más que un pie fuera del convento burgalés. El próximo jueves ha de ejecutarse el desahucio de las siete mujeres que continuaban residiendo en el monasterio, después de que la Justicia determinara que al dejar de ser monjas y católicas en mayo de 2024, no pueden permanecer en el recinto ni son las propietarias.
En estos días, se las ha visto guardado sus pertenencias en un camión, aunque lo cierto es que desde el pasado verano, las ex religiosas ya comenzaron la mudanza al convento de Orduña, ubicado en Vizcaya, a unos cien kilómetros de Belorado. De hecho, allí enviaron ya a las cinco monjas ancianas, una de ellas ya fallecida, que posteriormente fueron trasladadas a comunidades clarisas por decisión judicial y con una investigación abierta por supuestos malos tratos a sus anteriores cuidadoras.
Aunque en un primer momento se especuló con el hecho de que las ex monjas escenificaran una salida mediática de Belorado el próximo jueves, el responsable de comunicación del grupo cismático, Francisco Canals ha explicado que ninguna de ellas estará ya en el convento y serán sus abogados quienes entreguen las llaves del cenobio a los abogados del Comisariado Pontificio designado por la Iglesia católica.
Cinco de las cismáticas ya se habrían instalado en Orduña, mientras que solo dos quedarían en Belorado para terminar de recoger sus enseres. En cualquier caso, el salto al convento de Vizcaya es una opción provisional, teniendo en cuenta que también hay un proceso de desahucio abierto sobre este convento. En principio, entre sus planes actuales no se encontraría agotar su estancia en Orduña hasta que se ejecute allí otro futurible desahucio, sino que tendrían su confianza puesta en tener una nueva casa en breve.
Francisco Canals ha expuesto en el programa Mañaneros de TVE que han llegado a recibir “hasta cuarenta ofertas y ya tienen cuatro finalistas, que con fincas rústicas en el norte de España”. “Hacer el seguimiento de todo esto requiere mucho papeleo y desplazamiento, exige tiempo para que tengan un sitio concreto”, apunta. De la misma manera, ha garantizado que, antes de irse, las ex monjas “han limpiado a contrarreloj el convento, que tiene más de 3.500 metros cuadrados y más de 30 habitaciones”. “No queremos que el arzobispo venga después con su fotógrafo y haga una campaña de cómo me dejaron el convento”, remarca.
Preguntado por la posibilidad de que las ex religiosas se lleven algún objeto que pertenezca al patrimonio del cenobio, Canals sostiene que “lo que lógicamente lo que es del monasterio ahí se queda”. “Solo se llevarán los enseres personales, sus sábanas, sus cosas…”, comenta.
“Hemos sufrido y estamos sufriendo una persecución por la fe”, lanzaba ayer a través de redes sociales en un nuevo alegato sor Paloma, uno de los cinco apoyos que todavía tiene la ex abadesa, sor Isabel de la Trinidad. La religiosa insiste en que “se nos está queriendo aplastar y eliminar, porque igual tenemos algo que decir que no quieren que se oiga”. “Primero dijeron que estábamos locas, que éramos una secta, intentaron quitarnos la fama”, cuestiona la ex monja, que sostiene que todavía “hay muchas personas que siguen confiando en nosotras”.
A la vez, sor Paloma se lamenta de “nos han quitado todos los bienes, el prestigio, las amistades”. “Nos han querido quitar hasta el futuro, pero eso no depende de ellos sino de Dios”, apostilla. Es más, se muestra convencida de que serán capaces de “volver a construir un hogar donde podamos vivir dignamente, donde podamos trasladar a los animales que nos quedan y donde podamos permanecer unidas”.
Con todas estas coordenadas, Canals deja el final abierto y asegura que “todavía puede pasar cosas, porque 70 horas en el culebrón de Belorado equivalen a 30 días en la vida real”.