En el Día Internacional de la Mujer, la Conferencia del Episcopado Mexicano reconoció el papel fundamental de las mujeres en la familia y la sociedad, pero denunció que muchas viven situaciones de violencia que parecen no tener fin
Mujeres contra la violencia hacia las mujeres (Ciudad de México, año 2022). Foto: EFE
En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Conferencia del Episcopado Mexicano expresó su profundo respeto, cercanía y gratitud a todas las mujeres mexicanas, al tiempo que reconoció su papel fundamental en la familia, en la sociedad, en la vida de la Iglesia.
A través del presidente de los obispos, Ramón Castro Castro, el episcopado destacó su generosidad, trabajo y testimonio que sostienen la vida del pueblo mexicano, pero también la dolorosa realidad en la que millones de mujeres se encuentran inmersas.
En los últimos tiempos -señaló el obispo de Cuernavaca- las mujeres han sido víctimas de violencia, “dejando a sus familias en una angustia que parece no tener fin”.
“Ante este sufrimiento, como Iglesia no podemos permanecer indiferentes. Cada mujer violentada es una herida profunda en el corazón de nuestra sociedad“, dijo, y parafraseó al papa Francisco en Amoris Leatitia: “la violencia contra la mujer es una cobarde degradación de toda la sociedad”.
La Iglesia en México recordó que toda mujer posee una dignidad sagrada porque ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, y pidió que “nadie se acostumbre a la violencia y ni cierre los ojos ante el dolor de tantas madres, hijas y hermanas que claman por justicia y paz“.
El Episcopado Mexicano encomendó de manera especial a todas las mujeres de México a Santa María de Guadalupe y pidió a la Virgen Morena consolar a quienes viven el dolor, fortalecer a las mujeres que sufren violencia y ayudar al país a construir una sociedad donde cada mujer sea respetada, protegida y valorada”.
“Que en México aprendamos a reconocer y defender siempre la dignidad de cada mujer y a construir un país donde la vida, la justicia y la paz florezcan para todos”, concluyó el obispo Castro.