Desde que, el 28 de febrero, el presidente estadounidense, Donald J. Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decretaran una operación militar conjunta contra el Irán de los ayatolás, todo Oriente Medio está en convulsión. Ya se registran más de 1.300 muertos y, tras escalar el conflicto, más de una docena de países se ven involucrados en intercambios de bombardeos.
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Uno de los puntos más críticos de la crisis se está viviendo en Líbano, desde donde la milicia islamista Hezbolá ha atacado Tel Aviv y Jerusalén. Por su parte, el Gobierno de Netanyahu está desplegando toda su fuerza contra ciudades libanesas como Beirut y Tiro. Mientras, buena parte de la población del sur, en la frontera con Israel, está huyendo a otras partes del país.
Momentos de indecisión
Desde una de esas poblaciones afectadas del sur, Kleya, Jaqueline Hokayem, asistente social de Cáritas, comparte con Vida Nueva cómo buscan acompañar a su gente y a la de las vecinas localidades de Marjayoun y Hasbaya, constatando “la indecisión generalizada, pues la gente no quiere dejar sus casas y tierras, pero no saben qué hacer”. Todo ello “mientras la guerra sigue y nos sobrevuelan los misiles de Hezbolá hacia Israel”.
Entre tanto sufrimiento, constata cómo la población se agarra a la fe: “La gente confía en Dios y en su patrón, san Jorge, así como a todos los santos. Rezan con mucha fuerza y piden poder mantenerse en sus pueblos, en sus casas, con sus familias. Es muy difícil tener que dejar todo atrás… Por eso, al hablar con ellos, repiten esto: ‘Esta es nuestra tierra y no tenemos culpa de nada’”. De ahí su alegato: “Los cristianos libaneses no tenemos armas, sino la fe en Dios”.
Mientras, “nos toca estar pendiente de las noticias, pues todo cambia muy rápidamente y cada día surgen situaciones nuevas”. Eso sí, están desnudos ante lo que pueda venir, “pues solo nos queda poner nuestras vidas en las manos del Señor y bajo su providencia”. Y es que la realidad es que “las bombas pasan, hacia uno y otro lado, por encima de nuestras cabezas”.
Casas destruidas y muertos
En las últimas horas, “una casa de Marjayoun ha sido destruida por un avión. Conozco al dueño y está desolado. Me cuenta que milicianos de Hezbolá entraron bajo su techo… y ahora él se ha quedado sin hogar y esos soldados han muerto. ‘¿Cuál es mi culpa?’, se pregunta”. Además, “otro misil lanzado por Hezbulá hacia Israel ha impactado en la plaza del pueblo y hay varias casas dañadas. Gracias a Dios, no hay heridos”.
Por ello, Hokayem lamenta que “los pueblos cristianos de la zona estamos rodeados y la gente no puede salir, salvo para cosas muy urgentes. El camino hacia Beirut u otras grandes ciudades no es seguro, hay mucho peligro”. Algo que ha experimentado “una familia amiga de Kleya. Habían salido de su hogar y, de repente, una mujer y su hijo se toparon con unos soldados israelíes. Les gritaron y les dijeron que volvieran dentro y no salieran. Por suerte, gracias a unos militares españoles, avisados por el sacerdote local, pudieron irse con ellos y se trasladaron a un sitio seguro”.
Como concluye la responsable de Cáritas, “esperamos que todo pase rápidamente y cause los menos daños posibles. Nos encomendamos a Dios, a san Jorge y a todos los santos”. De cara a la solidaridad internacional, se muestra muy agradecida al apoyo que siempre reciben de España y explica cómo, “por ahora, la gente necesita ante todo medicinas, pañales o leche”. Hay “muchos que no tienen nada y, desde Cáritas, ayudamos con todo lo que está en nuestra mano”.

