La escalada de violencia en Oriente Medio preocupa a la Santa Sede. De hecho, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, ha advertido de que el actual escenario internacional refleja una deriva peligrosa en la que el derecho internacional pierde peso frente a la lógica del poder. “Es realmente preocupante este debilitamiento del derecho internacional: la fuerza ha sustituido a la justicia”, lamenta.
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En una entrevista concedida a los medios vaticanos, Parolin analiza el impacto de la guerra en la región, el ataque estadounidense e israelí contra Irán y el progresivo debilitamiento de las instituciones multilaterales. A su juicio, el mundo atraviesa un momento crítico marcado por una nueva lógica geopolítica: “Se está afirmando peligrosamente un multipolarismo caracterizado por el primado del poder y la autorreferencialidad”.
“Los pueblos han vuelto a precipitarse en el horror de la guerra”
El secretario de Estado ha reconocido que vive con dolor la situación actual en Oriente Medio, donde el conflicto vuelve a golpear a poblaciones ya profundamente castigadas. “Los pueblos de Oriente Medio, incluidas las ya frágiles comunidades cristianas, han vuelto a precipitarse en el horror de la guerra”, ha dicho. Una guerra que, recuerda, “quiebra brutalmente vidas humanas, produce destrucción y arrastra a naciones enteras a espirales de violencia de desenlace incierto”.
En este contexto, Parolin recuerda las palabras pronunciadas por el papa León XIV durante el ángelus del pasado domingo. El pontífice habló de una “tragedia de proporciones enormes” y del riesgo de abrir “un abismo irreparable”. Para el cardenal, esas palabras describen con precisión el momento actual.
La diplomacia frente a la lógica de las armas
Ante el ataque estadounidense e israelí contra Irán, el secretario de Estado insiste en que la paz no puede construirse desde la fuerza militar. “La paz y la seguridad deben cultivarse y perseguirse a través de las posibilidades que ofrece la diplomacia”, afirma, especialmente en los organismos multilaterales, donde los Estados pueden resolver los conflictos “de modo incruento y más justo”.
En este sentido, Parolin ha recordado que el sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial nació precisamente para evitar que la humanidad volviera a repetir aquellas tragedias. La creación de la Organización de las Naciones Unidas respondía al deseo de “ahorrar a los hijos los horrores que habían vivido los padres”.
Sin embargo, hoy ese marco parece debilitado. El cardenal denuncia que la diplomacia del diálogo está siendo sustituida por otra lógica más agresiva. “A una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos, la va sustituyendo una diplomacia de la fuerza”, advierte. Una lógica que, además, pretende justificar la paz “mediante las armas”.
El peligro de la “guerra preventiva”
Uno de los argumentos utilizados para justificar el ataque ha sido la necesidad de impedir el desarrollo de nuevos misiles por parte de Irán, lo que algunos analistas han descrito como una forma de “guerra preventiva”. Para Parolin, aceptar esa lógica supondría abrir una puerta extremadamente peligrosa.
La Carta de las Naciones Unidas —recuerda— establece que el recurso a la fuerza debe ser siempre la última opción y solo después de haber agotado todas las vías diplomáticas. “Si a los Estados se les reconociera el derecho a la guerra preventiva según criterios propios y sin un marco legal supranacional, el mundo entero correría el riesgo de verse envuelto en llamas”, advierte. “A la fuerza del derecho se ha sustituido el derecho de la fuerza”, lamenta Parolin.
“Daños colaterales”
El secretario de Estado subraya que la Santa Sede evita entrar en la lógica de señalar quién tiene razón en un conflicto armado. Lo que sí es evidente, señala, es que toda guerra provoca víctimas inocentes. “La guerra siempre producirá víctimas y destrucción, además de efectos devastadores sobre los civiles”, recuerda.
Por eso, el Vaticano insiste en la necesidad de reforzar el derecho humanitario internacional y proteger siempre a la población civil. “No hay muertos de serie A y de serie B”, subraya Parolin. Tampoco hay personas que tengan más derecho a vivir que otras “solo por haber nacido en un continente en lugar de otro”.
El cardenal denuncia que, con demasiada frecuencia, la comunidad internacional reacciona de forma desigual ante las violaciones del derecho internacional. “Hay casos en los que la comunidad internacional se indigna y se moviliza, y otros en los que no lo hace”, lamenta.
La esperanza cristiana en medio de la guerra
A pesar del dramatismo de la situación, el secretario de Estado del Vaticano no renuncia a la esperanza. Esa esperanza, explica, nace de la fe cristiana en el Dios hecho hombre, que en Getsemaní pidió a Pedro guardar la espada en la vaina y que en la cruz experimentó la violencia del mundo.
“¡Nuestros pueblos piden paz!”, subraya Parolin. Un clamor que, a su juicio, debería interpelar a los gobernantes y a quienes participan en la política internacional. Porque, insiste, la única salida real pasa por volver a la negociación.“Que cese pronto el ruido de las armas y se vuelva al camino del diálogo”, ha concluido.