“Durante la Cuaresma, hago un ayuno de cerveza todos los viernes: no como nada, sino que bebo cerveza”, asegura sor Doris Engelhard
En un momento en el que la cerveza sin alcohol gana terreno en Europa y el consumo tradicional cae en picado, hay una mujer que no está dispuesta a subirse a esa ola. Sor Doris Engelhard, la última monja cervecera de Alemania —y una de las últimas de Europa— lo tiene claro: “No lo haremos en absoluto”.
Así lo ha declarado a la edición de fin de semana del Süddeutsche Zeitung. A sus 75 años (nacida en 1949), esta religiosa pertenece a la congregación de las Hermanas Franciscanas Pobres de la Sagrada Familia en Mallersdorf, en la Baja Baviera. Desde allí dirige la histórica cervecería del convento, una tradición que se remonta siglos atrás y que hoy resiste como una rareza en el mapa europeo.
Mientras muchas marcas amplían su catálogo con opciones “cero”, ella no ve futuro —ni sentido— en esa línea: “La cerveza sin alcohol no es nada saludable; de hecho, contiene más azúcar”. Y aunque reconoce que el mercado atraviesa un momento complicado, asume la realidad sin dramatismos: “Estamos notando que las ventas están bajando ahora mismo, pero no siempre puede ir a mejor”.
En una época marcada por el discurso sanitario que demoniza cualquier consumo de alcohol, sor Doris se muestra crítica con ciertos planteamientos. “Actualmente, el alcohol siempre se presenta como si fuera veneno, pero la humanidad difícilmente habría sobrevivido sin él”, asegura.
Durante siglos, en muchas regiones de Europa, la cerveza fue más segura que el agua y formó parte de la alimentación cotidiana. En los monasterios, además, la elaboración de cerveza no era solo una actividad económica, sino también un servicio a la comunidad. Ahora, a la religiosa le preocupa que se instale una visión moralizante en la que todo placer quede bajo sospecha: le resulta difícil, dice, cuando “todo se presenta como algo malo y ya no se permite darse un capricho”.
Lejos de renunciar a la cerveza en estos días, la monja explica que en el convento forma parte de la vida ordinaria: “Tomamos cerveza con cada comida todo el año, excepto el desayuno”. Pero hay una práctica particular que lleva a cabo: “Durante la Cuaresma, hago un ayuno de cerveza todos los viernes: no como nada, sino que bebo cerveza”.
“La Biblia dice: ‘Este es el tipo de ayuno que amo’. Se refiere a las obras de misericordia: visitar a los enfermos, no desearle mal al prójimo y estar ahí para los demás. De eso se trata realmente”.