España

Núria Codina: la religiosa que se jubiló de las aulas para entregarse en los invernaderos de Almería

| 27/02/2026 - 04:27





“¿Se puede jubilar una religiosa?”. Es la primera pregunta que Núria Codina Gilibets, ODN, lanza, al otro lado del teléfono, al relatar su testimonio a ‘Vida Nueva’. Responde a la llamada ante la tarea de encontrar a una monja que, tras una vida de entrega, a los 65 años haya cambiado de misión. Esta hermana de la Compañía de María, como tantas otras, cumple con el perfil. Ella, después de más de 40 años enseñando a las nuevas generaciones a pie de aula en Cataluña y, tras discernirlo con su provincial, dio un giro copernicano: se marchó a Almería, donde también hay comunidad, para acompañar una realidad muy diferente, estando al lado de los migrantes y temporeros olvidados por (casi) todos. Ahora, cinco años después de llegar a tierras andaluzas, su congregación le pide volver a dar un vuelco a su vida. ‘Spoiler’: ha dicho que sí. Codina se encuentra estos días inmersa en los trámites burocráticos y el correspondiente calendario vacunal porque se marcha, en un mes, a República Dominicana. Y es que, a la vejez, misionera.



Ella es una de esas personas que no se maneja bien con el ‘no’. Aunque siempre con discernimiento previo. Así fue, de hecho, su propio recorrido vocacional hasta ser religiosa. A los 14 años abandonó su pueblo para irse a Barcelona a estudiar con las religiosas de la Compañía. “Al estar todo el rato con ellas, pues era obvio que querría ser monja. Sin embargo, no fue algo inmediato. Salí un tiempo y eso me ayudó a saber que yo quería ser igual de feliz que las mujeres que me habían rodeado”, explica. También se relacionaba con otras chicas que también se estaban planteando su vocación.

“Entre ellas, alguna benedictina, pero yo no me veía: no sé cantar”, dice entre risas. Más allá de bromas, “estaba en búsqueda para saber qué soñaba el Señor para mí”. Tras entrar en la Vida Religiosa estudió Magisterio y nunca más volvió a abandonar la pizarra y la tiza hasta su jubilación. De comunidad en comunidad por toda Cataluña, los últimos años los pasó en Badalona, en el deprimido barrio de San Roque, con mucha población extranjera. “Eso fue un choque bastante fuerte, pero llegar allí me ayudó y me configuró, pues podíamos dar oportunidades a quienes no las tenían”, confiesa. Esto se hacía tanto en la escuela como en los grupos de mujeres a los que se entregó en un lugar donde ellas son las más pobres de entre los pobres.

En Almería dejó las aulas, aunque la congregación también tiene un colegio, por apoyar a los migrantes, ya que  “tenía una llamada a estar con ellos”. “Llegué en mis primeros días a las oficinas de Cáritas diocesana para ofrecerme. Me preguntaron si estaba dispuesta a salir de la ciudad”, señala. Y, una vez más, dijo ‘sí’. Así fue como una vez en semana se comenzó a trasladar a Níjar, a un pequeño asentamiento en el que hay ocho familias. Allí da clase a las madres, pues necesitan algo tan básico como saber expresarse cuando van al médico. No obstante, tiene toda la semana ocupada para los demás.

Dos tardes se va con el Servicio Jesuita a Migrantes al asentamiento chabolista de ‘El Hoyo’. “Doy clases de español a un grupo de hombres, que me tienen maravillada, porque tienen muchas ganas de aprender después de estar todo el día trabajando”, detalla. Otra de sus tardes la emplea en una fundación congregacional que tiene como objetivo evitar que los jóvenes caigan en la droga.

Un proyecto nuevo

Codina se marcha ahora a República Dominicana, sin saber muy bien qué le espera, pero ya hay tres hermanas allí (dos mexicanas y una cubana), para fundar una nueva comunidad, cercana a otra ya existente, en la ciudad de Dajabón –diócesis de Mao Montecristi–, limítrofe con Haití, el país más pobre del continente. “¿Dónde voy yo con mi edad?”, se pregunta, aunque se auto responde rápido: “Me hace mucha ilusión, el hecho de ir a comenzar algo nuevo me llena de esperanza”. Tampoco se va pensando en volver muy pronto. “A mí el descansar no me entra, no estoy cansada ni estresada, aunque esté tan activa. Vivo mi consagración como un regalo y ya descanso en muchas ocasiones”, sentencia.

Noticias relacionadas