Alejandro León, salesiano en Oriente Medio
Si alguien capta el signo de los tiempos en una de las regiones más convulsionadas hoy en el mundo es Alejandro León, quien ha sido, entre 2018 y 2024, superior de los salesianos en Oriente Medio. Aunque, como apunta en esta conversación con Vida Nueva, lo mejor es empezar por el principio: “Provengo de Mérida, Venezuela, una región montañosa que está 1.500 metros por encima del mar. Y todo lo que soy se lo debo a mi familia y a los salesianos, con quienes me formé, desde la Primaria, pudiendo recibir una educación de calidad e integral en un contexto en el que eso no era fácil”.
A los 17 años sintió la vocación y, solo un año después, ya era uno más de los hijos de don Bosco: “Sentía tanta gratitud por lo que me habían dado los misioneros españoles e italianos que había conocido en mi país que soñaba con ser uno de ellos y devolver fuera lo recibido. Con apenas 18 años, escribí al superior de la congregación para solicitarle ser misionero. Me dijo que era muy joven y que debía seguir formándome. Cada año, durante seis cursos, siempre recibí un ‘no’ por respuesta. Hasta que, en 2004, con 24 años y ya habiéndome licenciado en Ciencias de la Educación, llegó el ‘sí’”.
Antes de escribir con la solicitud, “sabía que faltaba gente para Oriente Medio y me ofrecí a ir allí, sin saber a dónde, pues pensaba que sería más fácil que me aceptaran”. Y así fue: ese 1 de septiembre, aterrizó en Egipto. Sin conocimientos de la realidad local, “dediqué los dos años siguientes a estudiar árabe, diálogo interreligioso y ciencias islámicas”. Mientras, se empapó de la realidad local, “impactándome la pobreza y la amabilidad de la gente”.
En 2006, hubo un paréntesis: “Me enviaron a Roma para estudiar Teología y poder ordenarme sacerdote. Allí permanecí cinco años, aunque los veranos los pasaba en Siria, en nuestros campamentos en Alepo y, a veces, también en Damasco”. Ahí se enamoró del pueblo sirio. Y por eso quiso abrazarlo en su momento más doloroso: “El 15 de marzo de 2011 empezó formalmente la guerra civil entre el régimen de Al-Assad y los islamistas. Cuando terminé mis estudios y me consagré, me preguntaron qué destino quería. Lo tenía claro: ese 1 de julio aterricé en Siria, donde permanecí hasta 2015”.
Pese al dolor inmenso de la guerra, León valora que “esos años, que pasé sobre todo en Damasco, fueron una escuela de vida y marcaron mi forma de ser sacerdote. En nuestros oratorios pude estar al lado de muchos jóvenes y aprendí mucho de ellos. Cuando estudias, nadie te forma para ‘ser cura en la guerra’. Es ahí, en medio del sufrimiento, cuando aprendes de ese testimonio de vida. Fue un tiempo muy duro y, a la vez, muy bonito, con muchos testimonios que me tocaron el corazón”.
La mayor prueba la vivió “en 2012, cuando caían bombas a diario y, de los 300 jóvenes que venían al oratorio, solo quedaron 25 . Así que, como no podían venir, los otros dos salesianos que había y yo decidimos ir a su encuentro, visitándolos a todos en sus casas. Lo agradecieron tanto que, al final, año y medio después, eran 600 los que venían al centro. Y, cuando me fui en 2015, eran 1.100… Fue un despertar enorme”.
Analizando el fenómeno, el religioso venezolano cree que, aparte de por ese apoyo en un momento crítico, “los niños y adolescentes que venían apreciaban ese acompañamiento humano, que incluía lo espiritual y la apuesta por el ocio, el deporte y el arte, así como una formación de calidad y un sostén psicológico. De hecho, recuerdo que en 2019 se publicó un estudio local en ese sentido y se reconocía que los jóvenes de los oratorios salesianos habían integrado mucho mejor los traumas y el luto por tener en nuestro espacio un soporte básico”. Todo ello, insiste, “gracias a contar con un equipo de laicos muy potente, con unos 120 animadores muy bien formados”.
Entre 2015 y 2018 tuvo que afrontar otro reto: “Me encomendaron dirigir la estructura económica de los salesianos en Oriente Medio, estando entonces presentes en Israel y Palestina, Egipto, Líbano, Siria, Turquía e Irán. La sede la teníamos en Belén y viajaba mucho por todos los países. La situación en Irán era la más complicada, por las muchas trabas que nos ponía el régimen: nos incautaron terrenos y nos dificultaban mucho acceder al país. Llegó un momento en que solo quedaba un salesiano y, tras pasar dos años solo, le pedimos salir y dejar nuestra misión allí”.
Además, “hubo una reconfiguración y la misión en Turquía pasó a nuestra delegación alemana”. Así que, cuando entre 2018 y 2024 le encomendaron ser el superior salesiano en Oriente Medio, “mis países eran ya Israel y Palestina, Egipto, Líbano y Siria”. Todos ellos los conocía de primera mano, por lo que, “mientras mantenía mi residencia oficial en Belén, viajaba aún más a todos ellos. De hecho, hubo años en los que solo dormí unas 60 noches en mi cama”.
Desde 2024, afronta su actual misión: “He vuelto a mis inicios, a Egipto, como coordinador nacional. Estoy en Alejandría, donde los salesianos dirigimos dos colegios muy grandes, con 1.180 alumnos en total, y también viajo mucho a El Cairo. Allí acompañamos a refugiados sudaneses, con unos 700 niños y jóvenes en nuestro oratorio, y a otros colectivos vulnerables del propio país, habiendo 400 menores en situación de pobreza”. En total, “un 85% son musulmanes”.