El papa León XIV aseguró que la Virgen de Guadalupe, “‘La Morenita’ manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre. En la tilma, entre rosas pintadas, la Buena Noticia entra en el mundo simbólico de un pueblo y hace visible su cercanía, ofreciendo su novedad sin violencia ni coacción”.
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En un mensaje dirigido a los participantes del Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, que se lleva a cabo del 24 al 26 de febrero en Casa Lago, sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el Pontífice destacó que “lo sucedido en el Tepeyac no se presenta como una teoría ni como una táctica, sino como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora”.
Santa María de Guadalupe -añadió el Papa- es “una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica. En ella no se canoniza una cultura ni se absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de encuentro con Cristo”.
El Pontífice refirió que “hoy, en muchas regiones del continente americano y del mundo, la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, particularmente en los grandes centros urbanos y en sociedades plurales, marcadas por visiones del hombre y de la vida que tienden a relegar a Dios al ámbito de lo privado o a prescindir de Él. En este contexto, fortalecer los procesos pastorales exige una inculturación capaz de dialogar con estas realidades culturales y antropológicas complejas, sin asumirlas acríticamente, de modo que suscite una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adversos”.
“Santa María de Guadalupe acompañe rumbo a los 500 años de su aparición”
Para León XIV esto “implica concebir la transmisión de la fe no como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de discipulado, en el que la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y coherencia”.
Aseveró que la catequesis se vuelve prioridad y “está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes”.
También se dirigió a los participantes del Congreso: “ustedes han querido redescubrir y comprender cómo difundir adecuadamente el contenido teológico del Acontecimiento Guadalupano y, por ende, del Evangelio mismo. Que el ejemplo y la intercesión de tantos santos evangelizadores y pastores que se enfrentaron a ese mismo desafío en su tiempo —Toribio de Mogrovejo, Junípero Serra, Sebastián de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús, Francisco Solano, entre tantos otros— les concedan luz y fortaleza para proseguir el anuncio hoy. Y que santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, acompañe e inspire cada iniciativa rumbo a los 500 años de su aparición. De corazón les imparto la Bendición”.