España

Se cumplen 45 años del 23-F: la noche en la que los obispos callaron

| 23/02/2026 - 13:02

El jesuita José María Martín Patino, secretario del cardenal Tarancón, no consiguió que la CEE publicara una nota de condena en las primeras horas





Este 23 de febrero se cumplen 45 años del intento de golpe de Estado contra la democracia española cuya cara más visible fueron el teniente coronel Antonio Tejero y el teniente general Jaime Milans del Bosch. El primero tomó presos a todos los parlamentarios en el Congreso de los Diputados (justo cuando votaban la investidura presidencial de Leopoldo Calvo-Sotelo en sustitución de Adolfo Suárez) y el segundo llegó a declarar el estado de excepción en Valencia, sacando los tanques a la calle.



Como deplora Juan Carlos I en su biografía, ‘Reconciliación’, también le “traicionó” el general Alfonso Armada. Hombre de su máxima confianza, hizo creer a muchos que el Rey apoyaba la acción militar y quiso convencer a Tejero de que le dejara encabezar un “Gobierno de concentración nacional” del que el Jefe de Estado sería por completo ajeno.

Todo será desclasificado

Casi cinco décadas después, cuando aún hay muchos ciudadanos que reclaman respuestas para saber íntegramente qué pasó en ese convulso 23 de febrero de 1981, el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado hoy que mañana, en su Consejo de Ministros, desclasificará toda la documentación reservada en torno al 23-F.

Más allá de la microhistoria, para la Historia con mayúsculas ha quedado el hecho central: Juan Carlos I frenó la asonada militar al ir llamando una a una a todas las comandancias para negar lo que decían los golpistas: que actuaban “en su nombre”. Ahí disipó las dudas (muchos altos mandos del ejército habrían secundado el mandato de su superior último, en el sentido que hubiera sido). Pero el paso definitivo llegó cuando consiguió que un equipo de RTVE llegara hasta la Zarzuela y grabara un mensaje que se emitió varias horas después de lo que él hubiera deseado, pasada la una y media de la madrugada.

En unas breves palabras a los españoles, el monarca, que heredó los poderes totalitarios de Francisco Franco y le devolvió la soberanía al pueblo español, quiso evitar “cualquier posible confusión” y confirmó que había “ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes del Estado Mayor que tomen las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”. Con su última frase, muchos españoles ya se pudieron ir a dormir tranquilos: “La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum”.

Desinformación y marchas militares

Fue esa una tarde-noche larga y tensa, en la que las grandes fuerzas vivas del país (sindicatos, partidos políticos o el empresariado) no se posicionaron y la inmensa mayoría de la ciudadanía se recluyó atemorizada en sus hogares. Todos trataban de obtener información, pero en la televisión y en la radio solo se escuchaban marchas militares.

Las grandes muestras de adhesión a la Constitución y al régimen democrático solo llegaron pasado el mediodía del 24 de febrero, cuando Tejero aceptó abandonar el Congreso. Días más tarde, se convocaron masivas manifestaciones apelando al valor de la convivencia y la libertad… Pero todo eso ocurrió después, tras la confirmación del fracaso del golpe.

Volviendo al silencio mayoritario en esa tarde-noche del 23-F, hay que destacar que la Iglesia española guardó ese mismo silencio que el resto de las entidades del país. Y así lo reconoció, en una entrevista en ‘El País’, el jesuita José María Martín Patino. Fue en el 20º aniversario del 23-F cuando, cuestionado por la periodista María Antonia Iglesias, el que fuera secretario del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, recordara con mucho pesar esa jornada. Un día, por cierto, que en Añastro también era señalado, pues Tarancón acababa su mandato y los obispos elegían a su sucesor, optando, en esa Plenaria, por el arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán.

Siguieron con la Plenaria

Pero eso sería después, puesto que esa jornada de la asamblea episcopal se vio también marcada por los acontecimientos políticos. O solo en parte, extrañamente. Así, como recuerda Martín Patino, “lo que pasó es que, cuando los obispos oyeron por la radio que Tejero había tomado el Congreso, siguieron su reunión habitual, hasta las 20:30 horas. Luego, se disolvió la reunión y algunos no durmieron en sus domicilios habituales”.

Justo ahí comenzó la pesadilla para el jesuita, que, infructuosamente, trató de que los prelados, de un modo colegiado, publicaran en esas horas inciertas un comunicado de repulsa del golpe y de apoyo sin ambages a la democracia. Algo que fue incapaz de lograr, para su frustración. De hecho, al rememorarlo, admitió que “me da un poco de vergüenza hablar de esa noche, porque fue la peor noche que yo he pasado como vicario de la Iglesia de Madrid”.

Puesto que “enseguida se vio lo que pasaba, los medios de comunicación pedían una nota, una declaración del Episcopado. Yo me lancé a buscar esa nota y no encontré a los obispos, a ninguno de los que buscaba… Al final, encontré a uno que me dijo: ‘Es mejor que la nota la mandes tú solo por tu cuenta’. Y yo fui cobarde, y no lancé la nota, porque no tenía el permiso de mis superiores para hacerlo”.

Se pospuso al día siguiente

Desesperado, buscó a quien era “mi cardenal”, Tarancón, aunque se encontró con “no durmió aquella noche en el palacio”. Con todo, aunque al final sí “hablé con él”, su respuesta no era la que buscaba: “Me dijo que eso lo hacían los obispos al día siguiente”.

Finalmente, el comunicado episcopal llegó a las siete de la mañana del día 24, más de cinco horas después de que el Rey hubiera hablado y fuera evidente que el golpe había fracasado… Como lamenta Martín Patino, aunque es cierto que “todos estábamos atemorizados”, la realidad es que, “cuando se pronunciaron los obispos, llegaron tarde. Fue inútil porque ya no defendían la Constitución: la Constitución había sido ya defendida por el pueblo y por los medios de comunicación, sobre todo”.

Echando la vista atrás, el jesuita admitía que “yo todavía tengo remordimientos y sentimiento de culpa, pero la verdad es que aquella noche me la pasé buscando gente que me ayudara a lograr que quienes tenían autoridad en la Iglesia hicieran aquella nota. Yo no conseguí hablar más que con el cardenal Jubany, que fue quien me dijo: ‘¿Por qué no lanzas tú solo la nota, como cosa tuya?’. Pero no era yo, era el Episcopado el que tenía que haber dicho algo. Y no lo conseguí”.

El 28 de febrero de 1981, ya con Díaz Merchán como nuevo presidente de los obispos, la Plenaria de la CEE se cerraba con un comunicado más amplio que la breve nota del día 24. En ella, los pastores argumentaban que “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones. Ello exige de los legisladores y gobernantes un claro sentido del bien común, un recto ejercicio de la autoridad y una solidaridad con el pueblo a la escucha fiel de sus aspiraciones”.

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