El Gobierno de Javier Milei impulsa estos días en Argentina una reforma laboral que promete “modernizar las relaciones laborales entre Estado, empresas, sindicatos y trabajadores”. Tras aprobarse el proyecto de ley en la Cámara Alta, pasa ahora a la de Diputados para lograr la sanción definitiva. Pero no será sencillo porque las voces opositoras se están haciendo oír y ya se está hablando de una huelga general para el día de su debate.
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Si bien no ha habido un pronunciamiento específico desde la Conferencia Episcopal Argentina, en el intercambio epistolar de Navidad con Milei, en diciembre, los prelados ya plantearon su preocupación ante la reforma laboral y llamaron a “cuidar la paz social, velar por el bien común y evitar que los ajustes económicos recaigan sobre los más débiles”. Desde entonces, varios obispos han confluido en este mismo eje: cualquier cambio legislativo debe “poner en el centro a la persona” y garantizar “la defensa de sus derechos más elementales; entre ellos, el trabajo”.
Por su parte, varias pastorales sociales han reclamado estos días “defender la dignidad del trabajo, evitar la precarización y un diálogo social real donde los protagonistas sean escuchados”. En concreto, las Cáritas diocesanas han puesto la mirada en “el aumento de la demanda en comedores sociales”, vinculando esta realidad “al contexto de ajuste y discusión sobre la reforma laboral, alertando de que cualquier cambio en las reglas del trabajo debe beneficiar, o al menos no perjudicar, a los trabajadores más pobres”.
Puntos conflictivos
Ante algunos de los puntos más conflictivos del proyecto (las jornadas de trabajo pueden ampliarse de ocho a doce horas, se facilita el despido o se rebaja el poder mediador de los sindicatos), Cáritas apela a la Doctrina Social de la Iglesia y recalca que se debe ir en la senda “del empleo digno”, rechazando la figura del trabajador “como material descartable”.