Manuel Cayo, SDB: “Nuestra tarea es darle espacio a los jóvenes para que se pregunten sobre el sentido de sus vidas”

  • El nuevo inspector de los salesianos de Argentina Sur apuesta a la gestión compartida y a una mejor comunicación para acompañar los procesos, sin perder el horizonte
  • Espera ayudar a los jóvenes en la construcción de su propia identidad

Manuel Cayo, SDB: “Nuestra tarea es darle espacio a los jóvenes para que se pregunten sobre el

En diciembre del año pasado, el rector mayor de los Salesiano, Fabio Attard, nombró al nuevo padre inspector de la Inspectoría Beato Ceferino Namuncurá (Argentina Sur) al P. Manuel Eduardo ‘Manolo’ Cayo, para el sexenio 2026-2032.



Oriundo de una provincia patagónica, Río Negro, ingresó al prenoviciado en 1984. Y once años más tarde fue ordenado sacerdote en junio de 1995. Es profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación y licenciado en Teología Pastoral por la Pontificia Universidad Salesiana (UPS). 

Ocupó varios cargos dentro de la Congregación Salesiana: encargado de la Pastoral Juvenil, director, encargado del Prenoviciado, vicario Inspectorial, maestro de novicios, padre Inspector en Perú, rector y director del Teologado, entre otras funciones. Desde este 4 de febrero, es el principal responsable de la Inspectoría Sur, y dialogó con Vida Nueva, en este inicio de gestión. Compartió las fortalezas y las acciones pastorales que animarán su función en los próximos 6 años.

PREGUNTA.- ¿Cómo recibió la noticia de su designación como Inspector? ¿Lo esperaba? ¿Ya le habían informado antes?

RESPUESTA.- La verdad que no tenía mucha idea. Yo terminé hace poco como Provincial en Perú. Y había, gracias a Dios, varios hermanos con posibilidad. Como estoy por cumplir 60 años lo puse en la consulta. Creo que es el tiempo de generaciones más hermanos más jóvenes, que también están en la gestión provincial. Pensaba que iba por ahí, pero me pidieron de vuelta este servicio. Repetir estos cargos es un poco difícil; uno tiene la experiencia, pero también implica toda una nueva realidad, distinta, con problemas diversos. Lo peor que uno puede hacer es confiar mucho en la experiencia y caer en la tentación de usar viejas recetas para cosas nuevas.

Fortalezas y desafíos

P.- ¿Cuáles son las prioridades o los desafíos de este sexenio?

R.- El Rector Mayor, con el nombramiento, mandó una carta con las prioridades que nacen de la consulta. Allí también consultan sobre la realidad y el perfil del nuevo provincial. Allí, me compartió que, en la consulta, aparecieron distintas fortalezas: el crecimiento en autonomía, la estabilidad institucional, el compromiso con los laicos, la fuerte la apuesta por lo popular, una opción decidida por los jóvenes más pobres, el camino de gestión compartida con los laicos.

Entre las prioridades figura el tema de la dimensión vocacional. Hay muchas vocaciones laicales bonitas que se van consolidando: la pastoral juvenil, el movimiento juvenil salesiano, una cantidad de jóvenes comprometidos con la realidad, pero hay que insistir en la vocación consagrada, apostar por ese sector de la pastoral vocacional específica que nos ayude.

Oracion Salesianos 1

Otro tema es cuidar el tema de la comunicación en estos tiempos, tanto institucionalmente como hacia afuera: nuestros posicionamientos y miradas, ser más claros en dar a conocer. Para construir comunión debemos hacer una fuerte apuesta a la comunicación.

También consolidar la formación permanente y conjunta, a nivel de laicos consagrados fomentar una fuerte apuesta para una formación de calidad en distintos campos, como la pastoral juvenil, la comunicación, la eclesiología, la teología, las ciencias sociales, la formación conjunta, consagrados y laicos, y la formación específica de la gestión laical para determinados roles de responsabilidad, como que sea capacitación específica para directivos, para coordinadores de pastoral, para administradores.

Otro aspecto fuerte es el de la calidad de la vida consagrada, fortalecerla, ayudar, en la dimensión comunitaria, a buscar caminos de intensificación, tanto en la estructura como en la vivencia real:  cómo replanteamos hoy, por ejemplo, una oración comunitaria encarnada con la vida, que no se reduzca a momentos rituales y nada más, que toque la vida.

En este sentido, la CLAR ha propuesto un horizonte inspirador para estos tres años que nos invita a repensar estas cosas fundamentales: la vida comunitaria, la vivencia de los consejos evangélicos, la oración, la espiritualidad y el carisma. ¿Cómo cuidar la gracia de unidad, la capacidad de vivir la misión desde una mística y una mística que alimente la misión?

Ampliar la base

P.- En tiempos de sinodalidad, ¿cómo la vive la congregación donde ya está todo preestablecido? ¿Cómo vivir la toma de decisiones conjuntas, las determinaciones compartidas?

R.- Puedo pecar de soberbio con esta afirmación, pero creo que la vida consagrada en general, la vida religiosa, es profundamente sinodal. Nuestra estructura es profundamente sinodal.

Hay un montón de cosas que no puedo hacer sin la aprobación y el previo discernimiento de mi consejo. Cada casa tiene un consejo y un director responsable, pero en todas las decisiones apostamos a los equipos de animación, gestión y acompañamiento (EAGA). La sinodalidad, todo este batacazo fuerte que ha hecho el papa Francisco y esta invitación enorme que nos ha dejado como legado, refuerza en nosotros estas estructuras de sinodalidad que han estado siempre presentes.

Gestion

Don Bosco, desde el principio, también pensó en la estructura de cada casa, con roles bien definidos: el director, la figura paterna que unía, que acompañaba; el prefecto, el consejero, el ecónomo, el catequista en su dimensión pastoral. Cada uno tenía su rol, pero las grandes decisiones eran en equipo.

Y necesitamos ampliar esa base: fomentar aún más la participación de las bases, para incluirlos porque es donde más resuena la voz de Dios. Para los salesianos, la actitud sinodal no es pensar qué vamos a decirle de Dios a los jóvenes hoy, sino ir a la cultura juvenil con esta actitud de preguntarnos qué nos está diciendo Dios hoy a través de esta cultura.

Tiempo cultural desafiante

P.- ¿Hay temas nuevos para abordar, o que profundizar para dar una respuesta renovada a los jóvenes?

R.- Son temas de todos los tiempos que toman un cariz nuevo, de acuerdo con los dinamismos culturales. Por ejemplo, la búsqueda de sentido es algo que siempre estuvo, desde los primeros discípulos. La Iglesia, como comunidad de sentido, es importante y es una tarea muy desafiante. Los jóvenes están siempre en busca de sentido, y más que nunca en tiempos de cambio tan radicales como los que estamos viviendo. Entonces, la tarea nuestra es darle espacio a los jóvenes para que se pregunten a fondo sobre el sentido de sus vidas y traten de encontrar caminos de sentido. Otro tema es cómo ayudar y acompañar a los jóvenes en la construcción de las propias identidades.

En la sociedad tan fragmentada que vivimos, tenés dos extremos: las identidades líquidas -diría Bauman- donde cada uno busca una referencia donde puede, y las identidades sólidas en el otro extremo, grupos que hay en la sociedad y en la Iglesia que buscan una identificación muy fuerte por una ideología o por un mandato magisterial fuerte, unos ritos bien rígidos, una pertenencia exclusiva. Es una tentación decir nosotros ayudamos en la construcción de la identidad ofreciendo un refugio donde la identidad es bien clara, con principios que no cambian. Creo que no estamos respondiendo al verdadero desafío de acompañar la construcción de identidad tan diversa y a la vez tan profunda que tienen los chicos. Estamos en el medio.

Olaizola habla de la tierra. La mayoría de la Iglesia caminamos en la tierra de nadie. Entre este despiste general donde cada uno hace lo que quiere y este grupo de referencia, que cada vez pesa más por las redes, somos los que tenemos la verdad y mantenemos la identidad, entre estos dos extremos, estamos la mayoría buscando juntos por dónde va la cosa, despistados con incertidumbre, pero nos ayudamos teniendo como huella los criterios fundamentales del Evangelio.

Jovenes

Un valor profundamente salesiano es la educación, cómo renovarla. Como Provincia Inspectorial nos estamos planteando la ciudadanía digital para abordar esta transformación que está cambiando la forma de comunicarnos, de entender la realidad; cómo integrar lo digital sin caer en los dos extremos: ¿rechazamos todo lo digital porque no tiene sentido o lo vemos más como un obstáculo? O ¿nos asimilamos plenamente a todo lo digital porque si no quedamos afuera?

En la escuela hay que estar atentos a los límites y a los peligros de una digitalidad no acompañada y a cómo aprovechar todas las posibilidades que lo digital, la inteligencia artificial que ofrece herramientas que mejoran y potencian nuestro aprendizaje. Todos esto lo planteó Francisco en el Pacto Educativo Global, creo que es un tema que toca y atraviesa la educación.

P.- ¿Qué pasa con ellos cuando los chicos no van al colegio o no están en el oratorio? ¿Cómo van a llegar a ellos en las comunidades?

R.- Hay muchos chicos que no conocen y no encuentran el sentido de sus vidas, Bueno, nuestro carisma tiene mucho de prevención, de sistema preventivo. Entonces, ¿cómo crear condiciones positivas para que se despliegue la vida? No somos tanto de intervenir cuando algo falló, sino de ayudar a crear las condiciones para que el joven se dé cuenta de sus potencialidades.

Hoy una de las consecuencias de este inmediatismo es que queremos respuestas ya, entonces, intervenimos. Todo el debate de la baja de imputabilidad es muy efectista: bajar la edad. Es un tema estructural donde hay que reflexionar sobre las causas directas o indirectas. Hay grupos delictivos que usan a los menores por su imputabilidad. Ahora, seguramente, van a especializar a chicos más pequeños. En vez de bajar la imputabilidad, por qué no aplicar penas más duras a las personas adultas que usan a los más jóvenes para delinquir o considerar el tema desde la trata de personas que es un delito federal con mayor peina. Otra de las causas, no una única, es que ciertas organizaciones que aprovechan de la minoridad para que no queden ellos involucrados. La frase que cierra acá es: “pan para hoy, hambre para mañana”. Bajamos la inimputabilidad y bajamos el presupuesto de educación, ¿cómo se entiende eso? Esto no es una postura política partidaria, es una política. Si se descuida, si nadie se hace cargo de la educación y de la salud y los derechos de base, ¿quién lo va a hacer?

Ambientes seguros

P.- ¿Cómo se puede profundizar o cuál es la vivencia sobre los protocolos de crisis por la vulnerabilidad de los menores? Ustedes lo vienen trabajando…

R.- Como congregación, en el año 2000, empezaron a salir los primeros protocolos. Hubo intervenciones en el 2001, después se actualizó en 2007, y ahora, tanto en la Argentina Norte como Argentina Sur, están los protocolos actualizados.

Hay una comisión que sigue estos casos, desde esta perspectiva, prevenir. Hay protocolos que, más que protocolos de intervención se llaman protocolos para crear ambientes de cuidado y de prevención. La idea no es solamente intervenir cuando pasa algo, sino que se acentúan mucho estos protocolos para garantizar condiciones que eviten esto.

En Argentina Sur hay una comisión interesante. La integran el Vicario, un técnico, un abogado, un comunicador, laicos, que han hecho capacitación, no solamente para la crisis y la gestión de las emergencias, sino a nivel legal para marcar bien en todos estos casos la prioridad que tienen las víctimas, cómo actuar para no revictimizar, cómo actuar para intervenir rápidamente y ayudar, y como te digo, y cómo actuar, intervenir preventivamente para crear.

Es un camino muy bueno, pero siempre falta algo, algo que se va actualizando. Antes se intervenía directamente en casos de abuso sexual; después fue cómo prevenir para que haya ambientes donde salten las “red flags”, las banderas de alarma.

El abuso de autoridad

Ahora se amplía más, a todo abuso de autoridad, de abuso laboral, cómo hacer un protocolo de ambientes laborales saludables, evitar el maltrato. La prioridad es cuidar la dignidad de los más pequeños, pero a la vez, cómo generar un ambiente donde el cuidado sea una de las características fundamentales. Insisto, en algo que puede ser autorreferencial, pero es muy propio de nuestro carisma. Para Don Bosco, el ambiente era muy fuerte en lo educativo. Umberto Eco -con todo su agnosticismo y anticlericalismo- valoraba el oratorio como esa maquinaria de comunicación perfecta, pensada en función del crecimiento y el desarrollo de los jóvenes.

La pena es que llegamos a esto también por un descuido. Más que un descuido, fue un gran pecado. A nivel cultural, el centro estaba en la imagen y la estructura. Debía prevalecer la imagen de la institución. Gracias a Dios, esto giró para algo muy evangélico: en el centro está la persona y eso es lo que sí hay que cuidar y proteger. También, descubrimos que no hay ningún abuso sexual que no esté vinculado con un abuso de autoridad. Como Iglesia nos ayuda mucho a repensar una de las claves que Francisco nos recordaba: cualquier rol de responsabilidad en la Iglesia es un verdadero servicio, no una categoría que me ponen por encima de otros. Por ejemplo, nosotros en la última edición del protocolo también hablamos de actitudes que hay que evitar en la relación laboral con adultos, no solo para evitar cierto maltrato sino para crear un ambiente donde todos se sientan responsables.

Para una institución que habla del Evangelio que pone en el centro el cuidado de la persona, nosotros, a veces, que somos de eslóganes y frases fáciles y rápidas, se nos hace un poquito difícil a la hora de vivirlo en el concreto y cotidiano, sin pensar todo lo que implica como compromiso, asumir ciertos principios que son claves y clarísimos, que nacen de Jesús.

Manolo Cayo 1

P.- ¿Es difícil acompañar las necesidades de las comunidades verbalizan? ¿Cómo ejercer este rol?

R.- Ya planteé el tema de los dos extremos a evitar: el que dice sos autónomo, adulto, sabes qué hacer, hacete cargo. Y el otro, el de estar encima y generar una dependencia grande que haces nada sin tener la aprobación. Creo que el verdadero acompañamiento sabe eludir estos dos extremos, dejando que la persona sea autónoma, y a la vez sabiendo que en determinados temas hace bien sinodalmente abrir la consulta, el discernimiento.

La Inspectoría Sur son 62 presencias. Querer estar en todo, decidir todo, es imposible. Desde las gestiones anteriores, se vive este articular, dejar la autonomía, respetar, confiar en las posibilidades de cada casa, de cada equipo; y acompañar situaciones emergentes que necesitan un discernimiento más grande, o procesos más grandes que requieren cierta presencia. Hacer ese esfuerzo de generar equipos que puedan acompañar estos emergentes, y sin descuidar y mirar el horizonte de fondo hacia el que queremos ir.

Promoción y visibilidad

P.- Otro tema importante, a veces problemático, es el sostenimiento económico de la obra y la transparencia de la gestión, ¿no?

R.- Somos hijos de un gran creativo en este campo. Don Bosco llevó adelante todo con una gran capacidad de creatividad a la hora de buscar recursos; tenía una gran capacidad para conseguir ayudas; salía a buscarla, no esperaba que llegara. No vivimos pendientes de los recursos, sino que nos despierta la necesidad de  darle a los recursos económicos el valor que tienen para llevar adelante proyectos de educación, de promoción, de pastoral. Tiempos tiempos difíciles o como en pandemia, hacen despertar más esa capacidad de rebuscarnos, tan salesiana, tan italiana, tan de los inmigrantes. Tenemos fondos solidarios de ayuda para distintas emergencias ayudan. Es otro desafío como salesianos.

P.- ¿Cómo potenciar la visibilidad de la obra salesiana en el país? ¿Cómo potenciar comunicación y la visibilidad?

R.- Nosotros tratamos de hacer bien todo lo que hacemos, y en esa línea, compartir buenas noticias y hechos concretos nos ayudan a educar, promover, acompañar. Hacer bien lo que tenemos que hacer es una buena forma de comunicar. Compartir y visibilizar en las redes ayudan mucho, pero no es vivir pendiente de qué vamos a publicar en las redes, porque es un riesgo vivir de cierto marketing que muestra algo, una careta o una imagen, que en el fondo no somos.

La comunicación dentro de las comunidades ayuda a fomentar la comunión dentro de los equipos, dentro de las comunidades. Compartimos, compartirnos las cosas a fondo. Eso, tarde o temprano, repercute en la mejor posibilidad de visibilizar lo que somos, lo que buscamos: vivir la misión cotidiana con mucha sencillez, pero con mucha responsabilidad. Esto termina siendo mucho más visible que una estrategia publicitaria.

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