El arzobispo de Chicago enfatiza que “Dios no necesita papeles para saber quién eres o dónde estás… El mundo puede mirar tu estatus legal, pero Dios mira tu corazón”
Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago. Foto: Arquidiócesis de Chicago
El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, hizo un recordatorio a los inmigrantes en Estados Unidos: “Puede que seas indocumentado a los ojos del Estado, pero fuiste creado a mano por el Creador del universo. Tu valor no proviene de una visa o un permiso; proviene del aliento de Dios dentro de ti”.
En su homilía pronunciada el 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, en la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Melrose Park, el cardenal aseguró que “Dios no necesita papeles para saber quién eres o dónde estás. Cuando lloras en secreto, Él te ve. Cuando trabajas duro por tus hijos mientras nadie te mira, Él te ve. Cuando sacrificas tu propia comodidad para enviar dinero a casa, te sacrificas para dar limosna en secreto, Él te ve. El mundo puede mirar tu estatus legal, pero Dios mira tu corazón”.
Para el cardenal Cupich, el Miércoles de Ceniza “es un día que les habla especialmente a aquellos que viven en las sombras, aquellos de ustedes que llevan cargas fuera de la vista de los demás. Nuestros nuevos amigos inmigrantes saben lo que significa vivir ‘en secreto’. Ustedes conocen la ansiedad de las sombras. Ustedes conocen el miedo silencioso de una llamada a la puerta o una parada de tráfico. Ustedes conocen el dolor silencioso de llorar por familiares que están lejos a quienes no pueden visitar. Hoy Jesús les dice: Yo estoy allí con ustedes en los lugares secretos”.
Chicago es una de las ciudades de ese país en las que más inmigrantes han sido detenidos, como parte de los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), implementados desde hace un año por la administración de Donald Trump.
Por ello, el cardenal Cupich aseveró en su homilía: “Este también es un día para aquellos a quienes se les hace sentir como polvo, polvo que puede ser barrido o tratado como si no perteneciera. Es un día para quienes trabajan con el polvo de la tierra en la construcción, en la limpieza, en la recolección de las cosechas en el campo, todo para mantener a sus familias. Sin embargo, recuerden, desde el principio Dios usa polvo para crear a la humanidad. Cuando Dios formó a la humanidad, Él se metió en el polvo. Él lo tocó. Él lo tomó en Su mano y lo moldeó. Él sopló Su propia vida en él”.
Y continuó: “mientras se nos pone el polvo de las cenizas en el rostro y se escuchan las palabras ‘polvo eres’, no crean que esto significa que no valemos nada, significa que estamos afirmando ser el barro en las manos del alfarero. Puede que seas indocumentado a los ojos del Estado, pero fuiste creado a mano por el Creador del universo”.
El cardenal Cupich señaló que muchos viven con el temor de ser rastreados, “teniendo cuidado con los nombres, las identidades y las listas. Pero hoy, libremente dan un paso adelante para recibir esta marca, la señal de la cruz. Esta marca es más permanente que cualquier identidad o registro gubernamental. Es un sello que dice que pertenecen a Jesucristo. Es un recordatorio de que son ciudadanos de una patria que no tiene fronteras. Es una declaración de que no importa qué leyes cambien, ni lo que digan los políticos, y no importan las incertidumbres que enfrenten, ustedes son hijos de Dios”.
“Queridos hermanos y hermanas que vienen aquí esta noche, a menudo viviendo en las sombras y los lugares escondidos, que son tratados como polvo que puede ser barrido, este día está hecho para ustedes. Así que tengan la confianza de que Jesús está con ustedes en su escondite y ve los sacrificios que ustedes hacen por su familia. Tengan confianza mientras la señal de la cruz los marca con polvo”, añadió Cupich.
Enfatizó: “aunque algunos les digan que no valen nada, recuerden que son el polvo que Dios ama y en el que sopla su vida. Son el polvo que Dios ha abrazado al tomar nuestra carne humana para redimirnos con la cruz marcada en nuestras cabezas. Así que, mientras su cabeza es marcada con la cruz, levántela en alto como aquellos que confían en que es la cruz la que vence toda injusticia, la que conduce a la resurrección; donde cada lágrima será secada y cada exiliado encontrará finalmente su verdadero hogar”.