La decisión definitiva de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de consagrar nuevo obispo de manera unilateral, ignorando el proceso de selección que se remata con la aprobación del Papa, es el detonante del cisma en el que estarían incurriendo ya quienes forman parte de este grupo religioso. Sin embargo, la razón de fondo es el rechazo manifiesto al Concilio Vaticano II.
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Así lo explican a ‘Vida Nueva’ fuentes vaticanas, que se remiten a la carta enviada el pasado 18 de febrero por parte del superior general de este movimiento tradicionalista, Davide Pagliarani. Al cardenal prefecto para la Doctrina, Víctor Manuel Fernández, que incluye otros tantos anexos en los que desarrollan su negacionismo de plano a las reformas conciliares, tirando por tierra encíclicas y exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II y de Francisco como Redemptor Hominis, Ut Unum Sint, Evangelii Gaudium o Amoris Lætitia.
De la conciencia al sacerdocio
En algunos foros, se ha dejado caer que las divergencias de los lefebvrianos con respecto al Vaticano II solo atañen a cuestiones accesorias. Sin embargo, tal y como recoge la carta que el movimiento dirigió a la Santa Sede en 2019, su rechazo se circunscribe a aspectos fundamentales de la reforma conciliar, como el ministerio petrino, el papel de la conciencia, el concepto del sacerdocio, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, la salvación de los judíos, la sinodalidad o la doctrina sobre el amor conyungal.
“Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II”, escribe Pagliarani, que tacha el camino emprendido por la Iglesia católica como “una ruptura” de lo que ellos definen como “Tradición”.
“A la vista está que, más allá del desafío visible de las ordenaciones episcopales, su rechazo absoluto a los textos magisteriales que citan, en particular, y al Concilio Vaticano II, en general, constituyen en sí mismo un cisma”, señalan desde la Santa Sede esta revista.
De esta manera, detallan que el hecho de que se pudiera notificar este cisma después de que el 1 de julio tuvieran lugar esas consagraciones “no sería más que explicitar una realidad que ya se está dando”. En este sentido, se trataría de llevar a cabo una labor pedagógica y pública “para evitar la confusión de los fieles”, para que sepan que realmente pueden estar acudiendo a celebraciones, retiros y demás actividades pastorales que no son católicas.
“Además, no podemos olvidar la situación de hostigamiento que sufren algunos sacerdotes y obispos que tienen lefebvrianos en sus parroquias, soportando continuamente que les digan que son herejes frente a los que se consideran auténticos católicos, de la misma manera que no dudan en enviar al infierno al resto de cristianos”, comentan desde Roma a ‘Vida Nueva’.
En este sentido, las voces consultadas se detienen también en la cuestión litúrgica: “En ningún momento a lo largo de estos sesenta años desde la Santa Sede se ha rechazado o condenado la misa que ellos celebran. Sin embargo, a la inversa, ellos sí desaprueban, censuran y niegan la licitud de la misa ‘novus ordo’ que celebramos todos los demás”. “No quieren aceptar que la liturgia que celebra desde el Papa hasta el párroco del pueblo más remoto es legítima. Para ellos solo vale aquello que es anterior al Concilio Vaticano II”, comparte esta fuente vaticana.