El histórico cardenal italiano repasa su vida, juzga a los últimos Papas, defiende su apoyo a Berlusconi, elogia a Meloni… y critica a Trump
Cardenal Camillo Ruini
A sus 95 años, el cardenal Camillo Ruini habla con una libertad que solo concede el tiempo. Sin nostalgias impostadas ni correcciones diplomáticas, el antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana ha desgranado, en una entrevista con Il Corriere della Sera, su memoria personal y su lectura del presente eclesial y político.
Ruini comienza evocando su infancia bajo el fascismo: “Una Italia que no me gustaba. Demasiado segura de sí misma e inconsciente de sus propias debilidades”. Ya entonces discutía con su padre sobre el futuro del país: mientras este confiaba en la victoria, él estaba convencido de lo contrario porque, explica, había aprendido en su libro de geografía que “nuestros oponentes eran mucho más ricos que nosotros”.
Asimismo, recuerda que su vocación sacerdotal nació casi por sorpresa. Fue su director espiritual quien le sugirió la posibilidad del sacerdocio. “Me gustó la idea y casi instintivamente dije que sí. Dedicarme a Dios me parecía emocionante”. Sus padres se opusieron frontalmente. Solo su hermana menor lo apoyó, incluso económicamente, durante toda su vida. Sin embargo, Ruini reconoce que se enamoró “tres o cuatro veces”, aunque “con la ayuda de Dios, siempre me resistí”. Fue un sacrificio real, pero nunca pensó “en abandonar el sacerdocio”.
Del Concilio Vaticano II conserva entusiasmo, aunque marca una línea clara entre el evento y sus derivas posteriores. “No debemos confundir el Concilio con el período postconciliar”. Reaccionó con firmeza cuando, tras el Concilio, se cuestionaron dogmas esenciales, incluida “la divinidad de Cristo” y la moral sexual.
Además, subraya que su relación con Juan Pablo II fue decisiva. Recuerda su primer encuentro en 1984 y cómo el Papa valoró su franqueza. Desde entonces, gozaría de su confianza. Para Ruini, Wojtyla fue el mayor Papa de los últimos tiempos, al quien recuerda como “un verdadero líder mundial”.
De Benedicto XVI subraya su talla teológica, aunque admite que gobernar “era su punto débil”. A pesar de esto, considera que su renuncia “fue una mala decisión”. Con Francisco, en cambio, confiesa dificultades: “El cambio fue demasiado grande y repentino”. Reconoce, eso sí, aspectos positivos del papa argentino, como “su gran valentía”, aunque nunca estuvo de acuerdo con su “lejanía” con la tradición. “No es casualidad que quizás fuera más querido por los no creyentes que por los creyentes”, afirma. En cuanto a León XIV, revela que le concedió una audiencia “en los primeros días de su pontificado”. “Mi impresión es excelente. Me alegro de tener a este Papa”, asegura.
Ruini también repasa sin complejos su papel en la política italiana. “No me arrepiento”, dice al recordar su apoyo a Silvio Berlusconi, dice, como un mal menor necesario para frenar al poscomunismo y al secularismo. Sobre Romano Prodi admite una ruptura dolorosa y malentendidos mutuos. Y, de Giorgia Meloni, dice que es “una persona muy directa, muy franca. Tenemos una verdadera amistad”.
Contra quien no esconde su mala opinión es de Donald Trump. “No tengo una opinión positiva”, asegura. “Ha trastocado la política estadounidense y mundial, y no me gusta su falta de escrúpulos”.