El secretario de Estado del Vaticano ha defendido que el dinero, los órganos y el tiempo pueden convertirse en expresiones de amor y denuncia una sociedad que mide todo “en términos de rentabilidad”
El cardenal Pietro Parolin ha lanzado un alegato a favor de la “cultura de la donación” en un mundo que, según denunció, lo mide todo “en términos de beneficio, rendimiento y utilidad”. Lo hizo este martes en el hospital pediátrico Bambino Gesù de Roma, donde bendijo la nueva unidad de diálisis y participó en un encuentro de reflexión junto a médicos, responsables sanitarios, representantes de Intesa Sanpaolo y el joven paciente Samuele Galimberti.
Tal como recoge Vatican News, el secretario de Estado recordó que hoy se puede donar “mucho, todo”: desde el dinero —que “cuando está animado por la caridad se convierte en instrumento de justicia”— hasta un órgano, para expresar un amor que “supera la muerte”, o el tiempo, convertido en “una de las formas más altas de caridad” en medio de la prisa cotidiana.
“El don es un lenguaje silencioso pero poderosísimo con el que hombres y mujeres expresan lo mejor de sí mismos”, afirmó Parolin, subrayando que la generosidad permite “salir de uno mismo para abrirse al prójimo”. Incluso la ayuda económica, a menudo considerada “la más sencilla, la menos espiritual”, puede ser “una forma concreta de amor”, como enseñó Jesús con el gesto de la viuda que ofrece unas monedas aparentemente insignificantes.
“Debemos confiarnos a Dios, pero Él actúa a través de los hombres”, insistió el purpurado, convencido de que la generosidad “devuelve dignidad” y hace posible la atención sanitaria también en el futuro. Por eso agradeció a quienes apoyan al Bambino Gesù, participando en una auténtica “misión de cuidado y esperanza, custodiando vida y dignidad”.
Sobre la donación de órganos, particularmente presente en los servicios de diálisis, el cardenal apuntó que se trata de un gesto que refleja el Evangelio: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Parolin destacó el valor inmenso de quienes, incluso en la pérdida, generan “vida, esperanza y futuro” para otros niños. “En el cuerpo donado late un amor que no se rinde ante la muerte”, afirmó.
El cardenal también reivindicó el valor del tiempo: “saber escuchar, acompañar, permanecer al lado; decirle a alguien: tú eres importante para mí”. Agradeció la labor silenciosa de voluntarios y profesionales sanitarios, llamados a unir “técnica y humanidad”, y recordó que cada gesto de cuidado es una respuesta al mandato de Jesús: “Estuve enfermo y me visitasteis”.
“La calidad de una civilización se mide por su capacidad de cuidar a los más débiles”, concluyó, recordando que la raíz del don está en reconocer que “también nosotros lo hemos recibido todo como regalo”.
Durante el encuentro, el doctor Francesco Emma alertó de la “amarga” lógica del beneficio que amenaza incluso servicios esenciales, al denunciar que algunos fabricantes han dejado de producir líneas de diálisis pediátrica por no ser rentables. Isabella Guzzo puso el foco en el tiempo que los niños pasan conectados a las máquinas —hasta cuatro horas—, aprovechado en el Bambino Gesù también para mantener su escolarización.
La jornada se cerró con el testimonio de Samuele Galimberti, de 17 años, que tras años de diálisis recibió un trasplante renal y hoy compite al más alto nivel. “Cada noche rezo dos veces: primero doy gracias a Dios y después a mi donante, que es mi ángel custodio; me salvó la vida”, confesó.