Expertos reunidos en el Vaticano reclaman sistemas sanitarios universales, sostenibles y éticos, con especial atención a África, los migrantes y las víctimas de la guerra
Prueba de desnutrición a refugiada sudanesa (fuente: Médicos sin Fronteras)
El diálogo entre el Norte y el Sur global, el reto de garantizar una cobertura sanitaria universal, el aumento de los costes por el desarrollo tecnológico y el envejecimiento de la población, así como la urgencia de sistemas de salud sostenibles y equitativos. Estos han sido algunos de los ejes, tal como recoge Vatican News, del workshop internacional ‘Healthcare for all. Sustainability and equity’ (‘Salud para todos. Sostenibilidad y equidad’), organizado por la Academia Pontificia para la Vida y celebrado en el Instituto Patrístico Augustinianum, que concluye este 17 de febrero.
El presidente de la institución, Renzo Pegoraro, presentó las conclusiones del encuentro en una rueda de prensa en la que se ha subrayado el papel de la Iglesia en “promover una verdadera atención sanitaria para todos, en todos los niveles y edades”. En línea con lo expresado por León XIV en la audiencia del día anterior, Pegoraro insistió en que la salud está profundamente condicionada por factores sociales y ambientales, y reclamó una apuesta clara por la prevención, “en la que hay que invertir recursos”, así como por una comunicación responsable.
Uno de los ponentes principales fue Ezekiel Emanuel, vicerrector de Iniciativas Globales de la Universidad de Pensilvania, quien enumeró los cinco pilares que deberían definir cualquier sistema sanitario: “cobertura y acceso universales, costes asequibles, atención de calidad, reducción de desigualdades y satisfacción”.
Sobre el control del gasto, Emanuel señaló que los costes directos no deberían superar el 2% de los ingresos familiares ni generar deuda médica. Para mejorar la calidad asistencial propuso impulsar la atención domiciliaria y comunitaria, extender protocolos estandarizados y utilizar la inteligencia artificial para facilitar el acceso a la atención primaria.
Asimismo, reclamó ampliar los servicios a las personas con menos recursos y a quienes viven en zonas rurales, y pidió medidas concretas como gravar el alcohol y las bebidas azucaradas, garantizar alimentos saludables, reducir los accidentes de tráfico y reforzar la educación.
El foco se trasladó después al África subsahariana de la mano de Sheila Tlou, de la Alianza de Líderes Africanos contra la Malaria. La experta recordó que, pese a algunos avances, el continente sigue muy lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Tlou alertó del repunte del VIH entre los jóvenes, de una mortalidad neonatal que alcanza los 63 por mil nacidos vivos —el 43% del total mundial— y de una tasa de mortalidad materna de 445 por cada 100.000 partos, equivalente al 70% de las muertes globales.
Entre los obstáculos citó el cambio climático, la degradación del suelo y del agua, las crisis humanitarias, las epidemias y la reducción de la ayuda internacional. Frente a ello, defendió una atención primaria “accesible, aceptable, asequible y universal”.
El vínculo entre migración y salud fue abordado por Robert J. Vitillo, asesor del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral. “La migración no es un problema que deba gestionarse; forma parte de la realidad humana y siempre ha existido”, afirmó, recordando que hoy hay cerca de mil millones de migrantes y más de 117 millones de personas desplazadas forzosamente.
Vitillo desmontó varios mitos sobre la salud de los migrantes —especialmente los relacionados con la propagación de enfermedades— y reclamó “sistemas de atención integral” que acompañen a las personas desde los países de origen hasta los de destino, pasando por los puntos de tránsito. También repasó el trabajo de Cáritas Internationalis en la lucha contra el sida y sus acuerdos con Naciones Unidas y farmacéuticas para adaptar tratamientos pediátricos.
Pegoraro explicó además que el taller es fruto de años de reflexión de la Academia y recordó testimonios de médicos procedentes de Croacia, Ucrania y Egipto, que han vivido la destrucción de hospitales en contextos bélicos. En la misma línea, sobre la confianza en la ciencia, Sheila Tlou evocó su etapa como ministra de Salud de Botsuana y sus esfuerzos por impulsar la vacunación y proteger al continente durante la pandemia.
Finalmente, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida insistió en que las cuestiones sanitarias no pueden reducirse a un problema técnico o individual. “El desafío es grande”, reconoció, pero pidió mantener vivo el debate ético y social: “Debemos enfatizar estos aspectos sin centrarnos únicamente en la dimensión legal”.