Europa

El anglicanismo acaba con las bendiciones gais

| 16/02/2026 - 15:22

  • Aprobadas en 2023, desde entonces se venían celebrando “a modo de prueba” en la Iglesia de Inglaterra
  • La división en la histórica matriz de la Comunión Anglicana, en pleno cisma de los episcopados africanos, causa su suspensión





En su asamblea de febrero de 2023, celebrada en Londres, el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra, histórica matriz de la Comunión Anglicana, aprobó que las parejas homosexuales que así lo solicitaran pudieran recibir una bendición en sus templos. Sin embargo, al cumplirse tres años de una iniciativa pastoral que era inédita en el seno del anglicanismo, el mismo órgano ha suspendido su aplicación.



Así lo anunció el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra este 12 de febrero, reconociendo que la medida ha causado mucha división en su seno y no le ha sido posible generar el deseado consenso con la facción interna más crítica. De hecho, eso ya se pudo intuir en la votación de febrero de 2023, cuando el ritual de bendición para las parejas del mismo sexo salió adelante entre los obispos, clérigos y laicos reunidos por un estrecho margen, con 250 sufragios a favor, 181 en contra y 10 abstenciones.

La enmienda de Croft

Nueve meses después, ese noviembre de 2023, se ratificó una enmienda del obispo de Oxford, Steven Croft, y se concretó que tales bendiciones eran “a modo de prueba”. Además, se especificó que, aquellos sacerdotes que no quisieran oficiarlas, no estarían obligados a ello. La votación de la moción del obispo Croft resultó aún más reñida: 227 votos a favor y 203 contrarios, además de cinco abstenciones

Ya entonces, el Sínodo inglés era muy consciente de que estaba fracturado. Pero el fenómeno era mucho más controvertido si se tenía en cuenta al resto de la Comunión Anglicana. Las tensiones a nivel mundial eran muy grandes, aunque tenían un especial eco en África, donde varios episcopados locales exigieron a Justin Welby, entonces arzobispo de Canterbury, que renunciase a su condición simbólica de primado.

En los últimos meses, la crisis se hizo irreversible tras la elección, como nueva arzobispa de Canterbury, de Sarah Mullally. Siendo la primera vez que la Iglesia de Inglaterra optaba para liderarla por una mujer, la Conferencia Global Anglicana del Futuro (GAFCON), unión de varias Iglesias anglicanas conservadoras, la mayoría africanas, anunció que se separaba formalmente de su histórica matriz inglesa. Desde entonces, el cisma es una realidad y este grupo se autoproclama como el legítimo garante de la Comunión Anglicana mundial.

Dos décadas de tensiones

La realidad es que la crisis viene de lejos y se remonta a dos décadas atrás, cuando la Iglesia de Inglaterra ha ido apostando gradualmente por cambiar su posicionamiento en cuestiones de sexualidad y de orden, implementando las ordenaciones femeninas en el sacerdocio y en el episcopado, prohibidas en muchas Iglesias africanas o asiáticas. El choque magisterial era cada vez más evidente y se ha acabado produciendo una ruptura.

De ahí que llame la atención este gesto de la Iglesia de Inglaterra de dar marcha atrás en uno de sus pasos más novedosos, como las bendiciones gais. Lo que se ha producido, por cierto, solo unos días después de que, el 28 de enero en una ceremonia en la catedral londinense de San Pablo, Mullally fuera confirmada como arzobispa de Canterbury.

Mientras se impone la reflexión interna (se ha creado un comité para el discernimiento), habrá que estar atentos a la próxima convocatoria del Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra. Entonces, se comprobará si la suspensión de las bendiciones gais es o no definitiva o si hay algún otro gesto de acercamiento con el sector conservador que, a nivel mundial, ha optado por la ruptura institucional.

Malestar entre los progresistas

Paralelamente, también es evidente el malestar entre el sector progresista que había impulsado el cambio. Como recoge Cath, Stephen Cottrell, arzobispo de York, se ha mostrado especialmente decepcionado: “Conociendo nuestra profunda división sobre estos temas, no hemos podido encontrar alternativas que respeten la conciencia de quienes, guiados fielmente por su lectura atenta de las Escrituras y su comprensión de la tradición y la experiencia humana vivida, llegan a conclusiones diferentes”. “Los obispos y el Sínodo estaban más divididos de lo que pensábamos o admitíamos”, ha remachado.

La situación recuerda a la de 2017, cuando se vivió otro punto crítico después de que, en la asamblea de febrero del Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra, los obispos culminaran otros tres años de reflexión sobre el asunto y aprobaron una declaración en la que se establecía que “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”. Entonces, el mayoritario del grupo de los sacerdotes expresó su rechazo y no dudó en calificar el texto episcopal de “homofóbico” y de “divorciado de la realidad”.

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