Las palabras se multiplican en la pantalla. Es lo que tiene echar mano de ‘Kahoot!’, la aplicación que permite hacer sondeos móvil en mano para palpar el sentir de un auditorio. Y ellos parecen tenerlo claro. En apenas unos instantes, dos términos van engrandeciéndose: fraternidad y comunión. Y debe ser que corresponde a lo que piensa el personal. Porque surge un aplauso espontáneo. Poco a poco, emergen otras tantas: esperanza, alegría, abrazo, ilusión, hermanos, gratitud, familia, acompañamiento, encuentro, vulnerabilidad, Evangelio, ungidos, sanación, queridos…
Así se remataba ‘Convivium’, la primera asamblea presbiteral convocada en la historia de la Archidiócesis de Madrid. Una iniciativa inédita, celebrada los días 9 y 10 de febrero en las instalaciones de la Fundación Pablo VI. Algún agorero digital vaticinó la presencia de un par de centenares de curas. No atinaron. Más de 1.300 sacerdotes quisieron hacerse escuchar en este foro, superando cualquier expectativa inicial. Una cifra nada desdeñable, teniendo en cuenta que el clero activo con cargo pastoral es de 1.585 sacerdotes. Tanto es así que, para acoger a los participantes, hubo que habilitar tres salas más junto al auditorio principal, además de todos los conectados online por su avanzada edad, su enfermedad o su destino misionero.
Lo cierto es que a ‘Convivium’ se llega después de más de un año de trabajo previo, de un proceso sinodal abierto con diferentes consultas territoriales que desembocaron –a lo largo del mes de enero– en preasambleas por grupos de edad, lo que permitió que los sacerdotes apreciaran que esto era algo más que un acontecimiento puntual, para convertirse en espacio de escucha y de diálogo.
“Gracias por ser curas. Y, ahora, a seguir trabajando”. Así cerraba el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, esta iniciativa que ha promovido desde cero y que busca marcar un antes y un después a la hora de generar una conciencia diocesana de presbiterio. De ahí esa fraternidad y comunión que los curas tecleaban, como reflejo de la experiencia vivida que toca seguir mimando.
Lo manifestó en nombre de todos el vicario del Clero, Juan Carlos Merino, y el equipo de voluntarios que han hecho posible este think tank. Fueron ellos quienes leyeron las principales conclusiones a las que se llegaron en los diferentes grupos de trabajo celebrados a lo largo de las dos jornadas. “Se nos regala la fraternidad sacerdotal”. “Estamos llamados a una conversión relacional”. Hay que “superar la tentación del individualismo”, “reenganchar a quien está aislado” y “crear vínculos auténticos”. Son algunas de las ideas que se verbalizaron.
En esta misma línea, los curas reclamaron un mayor “acompañamiento personal”, que implique un “cuidado integral”, que pasa también por “normalizar la vulnerabilidad, pedir ayuda y ser escuchados sin juicio”. El cardenal Cobo asumió como propia esta petición, subrayando en su alocución final que “somos los convocados a ejercer la pastoral con otros, no solitariamente”, sabedor de que la soledad es una de las tentaciones que acechan a todo presbítero.
Entre las demandas que también se pusieron sobre el escenario de ‘Convivium’, los curas reclaman “menos burocracia”, simplificación de estructuras y delegación administrativa en los laicos para poder centrarse en “lo propiamente pastoral”. En este sentido, expresan la necesidad de pasar “de un modelo centrado en funcionamiento a un modelo centrado en la comunión y el cuidado”.
Con estos encargos anotados en la agenda del purpurado, Cobo animó a los suyos a tener a Jesucristo como centro y al Espíritu como guía, así como a apreciar la diversidad de la Iglesia, con la mirada puesta en los laicos y la misión compartida con ellos. “Somos hombres de Eucaristía y, por tanto, instrumentos para generar comunidades cristianas”, aseveró.
Además, lanzó una petición a los curas: “La Iglesia necesita un impulso vocacional y lo damos con nuestro testimonio, y la vocación nace de un presbiterio ilusionado; no hay futuro sin el cuidado de las vocaciones, y no hay vocaciones si el ministerio deja de ser alegre o pierde el tono de la fraternidad”.
Aplauso final. Y, en apenas diez minutos, se despejaba el lugar, porque tocaba almorzar y retornar a la parroquia. De vuelta tras un lunes y un martes en los que los curas han hablado entre ellos, han transmitido sus inquietudes y han escuchado a su arzobispo y a otros dos pastores de referencia: al cardenal navarro Francisco Javier Bustillo, obispo de la Diócesis de Ajaccio, en la isla de Córcega. Y al madrileño Luis Marín, obispo subsecretario del Sínodo de los Obispos.
“El pastor es todo lo contrario a un funcionario”. Con esta rotundidad se manifestó el purpurado franciscano conventual en la ponencia de apertura, en la que lo mismo echó mano del Evangelio y de documentos magisteriales que de Kafka o del general MacArthur. Bustillo señaló que “el sacerdote no puede ser ni artificial ni superficial, no puede ser un personaje”.
“Tenemos que pasar de organizadores y gestores a ser visionarios, a ser profetas”, planteó el cardenal con la vista puesta en el futuro, convencido de que “no se trata de borrar el pasado y la tradición, sino de enriquecer la vida de la Iglesia”. “Tenemos que ser audaces y tener creatividad”, remarcó. De forman reiterada, insistió en la necesidad de “abrir caminos nuevos” desde la fidelidad y la fraternidad, de “añadir a nuestra rica tradición el toque de la aventura según el Espíritu Santo”.
Para Bustillo, el sacerdote “no es un líder en sentido profano, sino un pastor al estilo de Jesús”. Por eso, alentó al auditorio a pasar “de la gestión a la misión”. A la vez, les alertó sobre cómo “las solas estrategias pueden ser un peligro para la salud del pastor y del rebaño”. “De la primacía del amor a Jesús fluye la misión, y no al revés”, sentenció.