España

Así vivió Juan Carlos I la homilía del cardenal Tarancón en los Jerónimos: “¡No estoy tan solo en mi deseo de cambio!”

| 12/02/2026 - 15:33

  • En su biografía, ‘Reconciliación’, el monarca emérito le agradece que allanara la senda democrática
  • El entonces presidente de los obispos reclamó “una nueva era política basada en la libertad y la participación de todos”
  • “Hay curas que han ido a la cárcel por decir mucho menos que eso”, espetó indignado “un dirigente franquista atónito”





Mucho se ha hablado de la icónica homilía del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, el 27 de noviembre de 1975, en la madrileña iglesia de los Jerónimos. Solo una semana después de la muerte de Francisco Franco, varios líderes europeos asistieron a una ceremonia religiosa presidida por el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal que servía, oficiosamente, de entronización de Juan Carlos I.



Aunque ahora es cuando tenemos la posibilidad de conocer qué sintió el propio monarca. Y todo gracias a que le dedica al episodio buena parte de un capítulo en su biografía, ‘Reconciliación’, escrita junto a la periodista franco-venezolana Laurence Debray y publicada por Planeta.

Pinochet e Imelda Marcos

Como detalla en el libro el rey emérito, en los días posteriores a la muerte del dictador, mandatarios autoritarios como “Augusto Pinochet e Imelda Marcos vinieron oficialmente a Madrid a presentarle sus respetos”. En el caso del tirano chileno, este “me daba consejos: ‘¡No cambie nada! ¡Haga lo que hizo Franco!’”. Por su parte, él hizo lo posible “para que se marcharan lo antes posible, pues no quería que me asociaran a ellos”.

Siendo su objetivo “estar rodeado de líderes democráticos de primer orden”, vio una gran oportunidad en el ‘Te Deum’ que marcaría su acceso al trono. Y es que este estaría celebrado por Tarancón, un “eclesiástico progresista y sagaz”, mientras el que el funeral oficial de Franco lo había presidido Casimiro Morcillo, totalmente alineado con el régimen nacionalcatólico.
Tras movilizar a colaboradores suyos para que lograran que asistieran los altos representantes de países como Francia, Reino Unido, Alemania Occidental o Estados Unidos, llegó una misa en la que el Rey se sentía “como un jefe de Estado sometido a juicio”. Y es que, aunque “había heredado de Franco plenos poderes”, se sabía “solo y aislado, atrapado entre los inmovilistas, por un lado, y la impaciencia de las fuerzas revolucionarias, por el otro”.

Sentía una profunda congoja, “hasta que escuché la homilía de cardenal Tarancón”. Y le impactó profundamente, pues “pronunció palabras que yo no me había atrevido a decir ante las Cortes. Abogó claramente por el inicio de una nueva era política basada en la libertad y la participación de todos”.

Intervención valiente y franca

En plena prédica del purpurado, “me sentí respaldado por los más altos dignatarios democráticos que asistieron a la misa. Mientras escuchaba la intervención valiente y franca del cardenal, me dije, aliviado: ‘¡Después de todo, no estoy tan solo en mi deseo de cambio!’”.

Tras recalcar que “me sentí infinitamente en deuda con él”, pues fue un gesto profético en un contexto en el que “los españoles llevaban casi 40 años en los que no se aventuraban a decir de manera pública lo que pensaban”. Y, por supuesto, no gustó a todos… De hecho, el rey emérito recuerda cómo “un dirigente franquista atónito” dijo lo siguiente en plena misa: “Hay curas que han ido a la cárcel por decir mucho menos que eso”. Justo lo contrario de Juan Carlos I: “Yo estaba encantado, aunque no pudiera demostrarlo”.

Portada de Reconciliación, libro de Juan Carlos I

Así recuerda un momento único uno de sus protagonistas indirectos. Para el conjunto de los españoles, queda la memoria agradecida hacia el protagonista directo, que, en un momento de máxima tensión y en el que había mucha incertidumbre sobre el devenir nacional, se atrevió a recordar que “la fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas, dado que ningún sistema social o político puede agotar toda la riqueza del Evangelio ni pertenece a la misión de la Iglesia presentar opciones o soluciones concretas de Gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas”.

Asestando el golpe de gracia al nacionalcatolicismo, Tarancón zanjó que “la Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política y, si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente”.

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