Europa

Lucía Caram señala a Putin: el frío “mata en silencio” en Ucrania

| 11/02/2026 - 13:26

Ante su 42º viaje al país con la Fundació del Convent de Santa Clara para llevar ayuda humanitaria, la dominica argentina denuncia a Rusia por atacar las infraestructuras





Al cumplirse estos días cuatro años de la invasión de Ucrania por Vladímir Putin, la población local sufre todo un calvario. Y es que, mientras las temperaturas rondan los 20 grados bajo cero en uno de los inviernos más duros en los últimos años, las tropas rusas ahondan en ese sufrimiento al atacar sistemáticamente plantas eléctricas, térmicas y redes de distribución. Todo para que no haya electricidad… ni calefacción.



Un cebarse con la ciudadanía de a pie que ha llevado a Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, a denunciar que “Rusia no está librando una guerra de agresión contra Ucrania: está sometiendo a toda la población civil a una campaña de crueldad extrema. La escala e intensidad de sus ataques contra una infraestructura energética vital indica claramente la estrategia de propagar la desesperación entre la población civil ucraniana y minar su moral”.

“Volveré”

Una indignación que comparte la dominica argentina Lucía Caram, quien, en los primeros días de marzo de 2022, solo una semana después de que Putin decretara la invasión total de Ucrania, llegó con una furgoneta hasta la frontera con Rumanía para llevarse consigo a quienes salían huyendo a un exilio desesperado. Esa primera vez, le frustró no poder cruzar al otro lado y entrar en el país, pero se conjuró consigo misma: “Volveré”.

Y vaya si lo hizo… Como le detalla a Vida Nueva, ahora mismo prepara el que será su 42º viaje a Ucrania, donde, siempre que va, desarrolla “corredores humanitarios”, muchas veces en la primera línea de combate y en las trincheras. Una labor ingente en la que se apoya en su convento de Santa Clara, en Manresa, del que es priora, y en el compromiso voluntario de muchos laicos con los que impulsa la fundación ligada a la comunidad.

Con el corazón dolorido en la mano, clama que “el invierno en Ucrania ya no es solo una estación: se ha convertido en un castigo. Cuando se atacan las infraestructuras, no solo se apagan la luz o el agua; se apaga la posibilidad de una vida mínimamente humana. El frío se mete en las casas sin calefacción, en los edificios sin ascensor, en los sótanos donde se refugian los cuerpos cansados de las personas mayores, atrapadas entre la oscuridad y la imposibilidad de salir. El frío paraliza, enferma, desgasta. Y, demasiadas veces, mata en silencio”.

Violencia diaria

Como enfatiza, “empatizar con esta realidad es dejar de pensar el frío como una incomodidad y comprenderlo como una forma de violencia diaria. Es imaginar noches enteras sin calor, sin electricidad, sin descanso; manos entumecidas, respiraciones que duelen, cuerpos que ya no resisten. En medio de esta tragedia, llevar calor es llevar vida: un generador encendido, un saco de dormir o una ambulancia que llega a tiempo pueden marcar la diferencia entre resistir o rendirse”.

Por eso, “desde la Fundació del Convent de Santa Clara, no hemos querido quedarnos en la denuncia. Nos hemos movilizado y hemos enviado estos días dos tráileres con sacos de dormir y edredones para soportar tan bajas temperaturas. También organizamos una caravana solidaria que saldrá el día 20 y que contará con entre 15 y 20 vehículos (ambulancias, pick-ups, 4×4) cargados de generadores y material médico de emergencia. Es una respuesta concreta a un sufrimiento concreto”.

Como concluye la dominica, “cuando se cumplen cuatro años de la invasión a gran escala y 14 desde la anexión de Crimea, esta guerra maldita sigue cobrándose vidas, también a través del frío. Cuando el frío se convierte en arma, la solidaridad tiene que ser abrigo. No basta con recordar a Ucrania: hay que sostenerla, seguir movilizándonos, y llevar un poco de calor allí donde hoy falta todo”.

Además de muchas comunidades cristianas que, desde toda Europa (incluida España), envían ayuda a la población ucraniana, destaca el compromiso del Vaticano, que, con la Limosnería Apostólica, ha hecho llegar estos días, por encargo del Papa, 80 generadores y miles de medicamentos.

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