-FOTODELDIA- ESTAMBUL (TURQUÍA) 09/12/2020.- Un médico sostiene la mano de un paciente con coronavirus en la UCI del hospital Cemil Tascioglu en Estambul, Turquía. La curva de fallecimientos por covid-19 sigue subiendo en Turquía con 211 muertes, ocho más que el lunes, mientras se registraron casi 33.198 nuevos contagios, según el Ministerio de Salud turco. EFE/ Sedat Suna
Ante la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo que la Iglesia celebra este 11 de febrero, en la diócesis de Chiclayo (Perú), la Comisión Episcopal de la Salud del Episcopado argentino, envió un comunicado bajo la consigna: “La compasión del Buen Samaritano: amar soportando el dolor del otro”.
Los responsables de la pastoral de salud quisieron levantar la voz y manifestar la cercanía a los hermanos enfermos. Afirmaron que la sociedad vive una cultura de la velocidad, la inmediatez, y la prisa, sumada a la cultura del derroche y la indiferencia.
Por eso, valoran el mensaje del papa León XIV que pidió parar en el camino y ver las necesidades y el dolor que hay alrededor porque es justamente allí, en la fragilidad del cuerpo y del espíritu, donde la verdadera dignidad humana grita por ser aceptada, no por lo que “hacemos”, sino por lo que “somos”. Además, recordaron las palabras del Santo Padre: “No es el dolor de nuestro prójimo lo que nos conmueve, sino el sufrimiento de una parte de nuestro propio cuerpo. Ya que somos partes de un mismo organismo, cuando uno de nosotros sufre, todos sufrimos con él”.
Sostuvieron que, de acuerdo con la primacía del amor de Dios, la acción humana no es realizada por algún premio, ganancia, sino como manifestación de amor “cuyo sacrificio rompe todos los procedimientos y se convierte en verdadera adoración”.
Los obispos convocaron especialmente a todos los capellanes, médicos, enfermeros, ministros de escucha y voluntarios de cada una de las regiones pastorales a “redescubrir la belleza del amor y la dimensión social de la compasión”.
Además, llamaron a que las parroquias y hospitales sean verdaderas “posadas” donde:
Finalmente, bajo el amparo de Nuestra Señora de Lourdes, elevemos juntos una súplica:
Señor de la Vida, Buen Samaritano de nuestras almas: tú que te inclinaste sobre las heridas de la humanidad,
concédenos la gracia de detener nuestro paso apresurado.
Danos ojos para ver en el enfermo la carne de tu propio cuerpo, manos que curen con la medicina de la cercanía
y un corazón capaz de “ser uno” con quien sufre. Que nuestra compasión no busque recompensa,
sino que sea el reflejo puro de tu Amor que salva y redime. Amén.