Tras un año de preparación con documentos, dinámicas y reuniones de diferente tipo y un día y medio de encuentro en la Fundación Pablo VI, los 1.300 sacerdotes que han participado en la macroasamblea de la Archidiócesis de Madrid parecen tener claro hacia donde caminar: fraternidad frente al individualismo.
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Así se ha visibilizado en las conclusiones de Convivium, que se han dado a conocer hoy a mediodía de la mano del vicario del clero, Juan Carlos Merino, y el equipo de voluntarios que han coordinado esta iniciativa capitaneada por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo.
Vínculos auténticos
“Se nos regala la fraternidad sacerdotal”. “Estamos llamados a una conversión relacional”. Hay que “superar la tentación del individualismo”, “reenganchar a quien está aislado” y “crear vínculos auténticos”. Son algunas de las ideas que se verbalizaron en este punto y seguido, puesto que, lejos de plantearse como un acontecimiento aislado, tal y como ha manifestado el propio Cobo en estos días, el proceso abierto en este tiempo exige adaptar las estructuras a las preocupaciones de los presbíteros.
En esta misma línea, las conclusiones hablan de la necesidad de un “acompañamiento personal” de los curas, que implique un “cuidado integral”. O dicho de otro modo: “Normalizar la vulnerabilidad, pedir ayuda y ser escuchados sin juicio”.
Desde la diversidad
El cardenal Cobo asumió como propia esta reivindicación, subrayando en sus palabras de clausura que “somos los convocados, y convocados a ejercer la pastoral con otros, no solitariamente”. Con Jesucristo como centro y con el Espíritu como guía, alentó al clero a apreciar la diversidad de la Iglesia, con la mirada puesta en los laicos y la misión compartida con ellos. “Somos hombres de Eucaristía, y por tanto instrumentos para generar comunidades cristianas”, aseveró.
Haciendo suya la reflexión del cardenal Francisco Javier Bustillo en la conferencia de apertura en la que subrayaba que un sacerdote no está llamado a ser ni un gestor ni un funcionario, los curas de Madrid verbalizan también en sus conclusiones que urge “menos burocracia”, simplificación de estructuras y delegación administrativa en los laicos para poder centrarse en “lo propiamente pastoral”. En este sentido, se expresa la necesidad de pasar “de un modelo centrado en funcionamiento a un modelo centrado en la comunión y el cuidado”.
Impulso vocacional
Entre las palabras que más destacaron a modo de lluvia de ideas en los momento finales de Convivium se encontraban: fraternidad, comunión, esperanza, alegría, abrazo, ilusión, hermanos, gratitud, familia, acompañamiento, encuentro, vulnerabilidad, evangelio, ungidos, sanación, queridos…
Con encargo personal, Cobo destacó ante los sacerdotes que “la Iglesia necesita un impulso vocacional y lo damos con nuestro testimonio, y la vocación nace de un presbiterio ilusionado; no hay futuro sin el cuidado de las vocaciones, y no hay vocaciones si el ministerio deja de ser alegre o pierde el tono de la fraternidad”. Y se despidió, a modo de envío con un “gracias por ser curas… Y, ahora, a seguir trabajando”.