Entrevistas

Joaquina Lozano: “La presencia de la mujer en la Iglesia muchas veces sigue oculta”

| 10/02/2026 - 07:08





Cien años de las misioneras cruzadas de la Iglesia, de un grupo de mujeres que viven el seguimiento a Jesús con una máxima: “Bajar a la calle” en un mano a manos con lo últimos y pequeños. Con el arrojo de una fundadora, santa Nazaria Ignacia, a la que no se le puso nada por delante cuando sintió que el Espíritu le llevaba a “emprender una cruzada de amor en torno a la Iglesia”, con los empobrecidos en el centro. Por eso no dudó en llevar al extremo su llamada ad gentes para nacionalizarse boliviana y tampoco se achantó para defender a las mujeres vulneradas creando el primer sindicato femenino del país. Con este desafío profético, María Joaquina Lozano, sirve como superiora general a esta familia carismática que cuenta con religiosas, sacerdotes y laicos en misión compartida.



PREGUNTA.- En este centenario resuena más que nunca el ‘¡adelante, siempre, adelante!’ de Nazaria…

RESPUESTA.- Ciertamente es un momento privilegiado tanto para mirar la historia de fidelidad de Dios con la congregación como para abrirnos a lo que está por venir. En mi mensaje de inicio de la preparación para celebrar este centenario, quise motivar a las hermanas y a todas las personas que compartimos este carisma, a vivirlo desde dos palabras: gracias y adelante, y que más que dos palabras fuesen dos actitudes. Por una parte, una mirada agradecida a nuestro origen, agradecer por Santa Nazaria, por los primeros pasos misioneros y las primeras hermanas. En este tiempo de celebración del centenario sentimos la necesidad de volver a las fuentes del Evangelio, de nuestra espiritualidad y del carisma.

Y también es un tiempo que nos impulsa para seguir caminando, para ir siempre hacia delante, superando cansancios y dificultades porque deseamos seguir dando la vida por el Reino, continuar la misión de la Iglesia anunciando a todas las personas que Dios les ama.

En Madre Nazaria esta frase surge de su profunda fe en Dios, de su amor por Jesucristo y por la Iglesia. Para nosotras esta llamada hoy sigue resonando porque creemos firmemente que Dios sigue estando con nosotras, porque seguimos sintiendo que Jesucristo nos llama a más amarle y seguirle, y porque confiamos en la fuerza del Espíritu Santo.

Además, el momento en que celebramos este centenario a nivel eclesial ha sido muy especial, en el marco de la llamada a la sinodalidad que nos llama a caminar juntas y juntos como Iglesia, y coincidiendo con el año jubilar que nos invita a caminar con esperanza.

Una opción clara

P.- La madre Nazaria organizó el primer sindicato de mujeres en Latinoamérica. Hoy, prácticamente un siglo después, son muchas las mujeres que siguen viendo vulnerados sus derechos más básicos, ¿están las misioneras cruzadas de la Iglesia en esas fronteras como Nazaria para salir a su rescate?

 R.- Podemos decir que, a lo largo de nuestra historia, esta ha sido una de las prioridades de nuestra misión. En esa mirada al pasado de la que hablamos, podemos encontrar en Madre Nazaria una opción clara por la mujer y especialmente por la mujer marginada o excluida.

En estos cien años esta opción se ha ido haciendo realidad en proyectos de promoción de la mujer y casas de acogida para niñas y jóvenes, que hoy continúan en Bolivia, Guatemala, Colombia y Camerún, donde fundamentalmente se las acompaña y se les proporcionan posibilidades de formación para su crecimiento personal y para que puedan afrontar su futuro con más medios y tengan más opciones de desarrollar sus vidas que, en muchos casos, han vivido en situaciones muy duras y difíciles, donde no se han respetado estos derechos básicos.

Uno de nuestros proyectos más recientes es una casa de acogida para mujeres migrantes en Madrid, en colaboración con Cáritas Diocesana, que quiere ser continuidad de estas presencias, porque hemos de seguir analizando nuestra vida desde la perspectiva de frontera, y específicamente de esta frontera de la mujer tan importante para nosotras desde la fundación.

P.- Con una fundadora emprendedora, con tantas religiosas entregadas a la misión evangelizadora de la Iglesia. ¿Cómo ves los pasos que en estos últimos años ha dado la Santa Sede en relación a la participación y liderazgo de la mujer?

 R.- Son pasos en la buena dirección para ir visibilizando una presencia de la mujer en la Iglesia que, en bastantes ocasiones ha estado y sigue estando oculta, y cuya participación, en muchas realidades, es ciertamente mayoritaria. Por ello, en diversos contextos, un primer paso sería reconocer la labor que hemos realizado y seguimos realizando las mujeres dentro de la Iglesia.

Nazaria recoge en sus escritos la siguiente frase: “Tomaremos por nuestra cuenta la propagación del Evangelio, formando un nuevo sacerdocio o diaconisado femenino”. Más allá de entrar en debates sobre el sacerdocio o diaconisado para la mujer, que quizá puedan desviarnos de lo verdaderamente importante, y que ha de enmarcarse en la reflexión teológica sobre el sacerdocio común recibido en el bautismo, señalaría la primera parte de la frase destacando la importancia de que las mujeres vayamos asumiendo plenamente la responsabilidad de la misión evangelizadora de la Iglesia, que seamos proactivas para ir ocupando aquellos espacios en los que poder realizar nuestro propio aporte, desde nuestros criterios e intuiciones, formar parte de los grupos de reflexión y decisión de la Iglesia para tomar decisiones compartidas que enriquezca la vida de la Iglesia y la evangelización.

Igualmente habría que poner el acento en la complementariedad, en la conversión de las relaciones que se recoge en el documento final del sínodo sobre la sinodalidad, para llegar a unas relaciones de equidad y hermandad entre hombres y mujeres.

Ante las carencias concretas

P.- La celebración del centenario coincide con la publicación de la primera exhortación apostólica de León XIV: ‘Dilexi te’. El Papa agustino vuelve a reforzar la opción preferencial por los pobres y la lucha por la justicia social. ¿Esta llamada refuerza todavía más la razón de ser de vuestro carisma?

R.- Nuestro carisma misionero nació como una respuesta creativamente histórica y fielmente evangélica a la pobreza y la exclusión de personas, grupos y pueblos. Se puede afirmar que los pobres decidían las obras de la Cruzada Pontificia. En Bolivia, a principios del siglo XX, la pobreza tenía muchos rostros. Era, pues, necesario que las obras de las misioneras surgieran para responder a las carencias concretas de la gente. Donde hay hambre, Nazaria abre comedores; donde hay huérfanos y mujeres desarraigadas a causa de la guerra del Chaco, Nazaria organiza hogares y escuelitas para que la mujer aprenda a leer y eleve su dignidad. Se trata de una articulación novedosa entre el servicio eclesial -abierto a nuevos ministerios tanto femeninos como masculinos- y el compromiso social, con innovaciones propias a cada situación y lugar.

Siempre nos hemos sentido identificadas con la llamada a ser una Iglesia para los pobres, a realizar la misión desde los pobres y entre ellos, teniendo presentes las palabras de Nazaria: “Entendí bien que los pobres eran la herencia que Jesús me daba; de ellos lo recibiría todo en el cielo y en la tierra”.

En la exhortación el Papa León afirma que “no se trata de ‘llevarles a Dios’, sino de encontrarlo entre ellos… servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales, donde Cristo se revela y es adorado”. (DT 79). Estas palabras refuerzan la experiencia que hemos tenido en estos cien años, en los que nos hemos sentido evangelizadas por los más pobres, en los que hemos encontrado entre ellos el rostro de Cristo pobre y humilde, a los que hemos querido hacerlos nuestros hermanos y que nos han hecho sentir sus hermanas.

También advierte el Papa que “no estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación…”. Y en esta afirmación resuenan las palabras de nuestra fundadora, que tantas veces han estado presentes en nuestra historia y siguen siendo hoy impulso y motivación para para nosotras: “Quiero levantar a este pueblo de su postración; no quiero sólo pan para sus pobres, ni repartir las limosnas que se recogen de la caridad, sino elevar su dignidad moral, enseñándole a trabajar, procurándole trabajo digno, haciéndole sentir que, en las manos de todos, y de cada uno, está el participar de la belleza, de la armonía, la dulzura y la felicidad de sentirse hijos de Dios”.

En familia

 P.- El llamamiento de Francisco a la sinodalidad que ahora ha reforzado León XIV parece que va en el ADN de vuestra familia carismática, conformada por religiosas, consagradas seglares, laicos y sacerdotes. ¿Cómo se refuerza esa misión compartida sin que sea un ‘totum revolutum’?

R.- En el último capítulo general que se realizó en Bolivia en diciembre de 2024 y enero de 2025, con la participación de las distintas identidades, se ha hecho una opción institucional clara por la misión compartida, desde el horizonte que deseamos: ser familia en el carisma.

Esta opción nos ha llevado a plasmar en el documento capitular distintos compromisos para que cada persona viva su propia identidad. Creemos fundamental seguir fortaleciendo la llamada vocacional y reforzando cada una de las identidades, como herederos de un mismo carisma.

Igualmente es esencial reconocer valorar nuestras respectivas vocaciones y la multiplicidad de carismas, con gratitud y reconocimiento mutuo para que cada persona pueda aportar desde su individualidad e identidad personal, apreciando y aceptando las diferencias.

Esto pone delante de nosotras las hermanas, y de todas las personas que formamos esta familia, el desafío de reconfigurar las distintas identidades y los modos relacionales entre los sujetos eclesiales, tal y como nos plantea el proceso sinodal.

Sentimos necesario dar pasos en la inclusión progresiva de todas las identidades en los procesos organizativos y en los espacios de decisión, como comunidades que disciernen en corresponsabilidad, compartiendo la vida de oración, formación y misión. 

P.- Este centenario coincide además con los primeros pasos del sexenio que os encaminará hasta 2031. De la hoja de ruta que tenéis por delante, ¿cuál consideras que es el desafío más apremiante?

R.- El lema de este último capítulo “existimos para evangelizar” centra el desafío mayor para nuestra familia.

En mi carta de convocatoria para el XVI Capítulo General recogía las siguientes palabras que pueden resumir este desafío: “Deseamos que este momento nos motive, nos anime y aliente en una conversión pastoral, que nuestra opción misionera nos transforme y transforme nuestras estructuras para que sean más misioneras, que sintamos que evangelizar es una tarea que nos apremia, que la misión es nuclear y prioritaria para cada uno de nosotros, que existimos sólo si nuestra tarea primordial es anunciar la Buena Noticia a todas las personas”.

La mirada a los orígenes que supone un centenario es también una ocasión para recrear el carisma, para profundizar en aquel deseo profundo que dio inicio a la congregación, que fue el anuncio del Reino, y para reafirmar que hoy también nuestra vida se plenifica anunciando el Evangelio. Dicho esto, es muy desafiante para nosotras poder caminar en misión compartida, responder a la llamada para ser una iglesia sinodal misionera en la nueva realidad social, política y económica.

Toda de Dios

P.- De los numerosos escritos con los que contáis de la Santa Nazaria, ¿cuál te resuena hoy especialmente en este tiempo de mirada agradecida al pasado y compromiso con el futuro?

R.- En este tiempo resuenen muchas, pero dos especialmente vienen a mi memoria. Una primera sería: “Toda de Dios, siempre de Dios, en todo de Dios”. En estas palabras encuentro el fundamento de todo el camino recorrido por ella, que desde que conoció al Señor ya no pudo sino amarle y seguirle, desde una entrega total de su persona, en los momentos de gozo y de dolor, tanto en lo pequeño y cotidiano como en lo extraordinario.

Al mirar al pasado siento que toda la vida y la misión de la congregación ha sido posible en la medida que nos hemos entregado a Dios, que si hemos podido llegar hasta aquí es porque Él ha sido el absoluto de nuestra vida y nos ha sostenido. Cultivar nuestra vida interior, ser “mujeres de Dios”, profundizando en el conocimiento interno de Cristo, será este el modo en que podremos seguir adelante, en que lograremos realizar la misión que Él quiere y cómo Él quiere.

Otras palabras que resuenan son: “Quitad nuestra dedicación especialísima a la Iglesia y nuestro Instituto, no tendría razón de ser”. Nazaria, como mujer se situó desde la Iglesia en el corazón del pueblo, desde ella toma conciencia de su misión y asume el anuncio del Evangelio, su fidelidad a la Iglesia la lleva a descubrir su ser y su querer. En el futuro hemos de seguir profundizando nuestro “ser mujeres de Iglesia” para continuar nuestra misión en y desde ella, haciéndola crecer, según el deseo de Dios, y contribuyendo a que realice en cada momento histórico la misión a la que se nos convoca.

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