Para el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, “los inmigrantes son acogidos con agradecimiento y son una bendición para nosotros”. Así lo expresa en su carta pastoral de esta semana, fechada el 8 de febrero, en la que busca desarrollar su reflexión sobre la futurible regularización anunciada por el Gobierno para cerca de medio millón de extranjeros en nuestro país.
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“Todos no caben en un espacio limitado. Decir lo contrario es irresponsable”, expone en su escrito, que busca complementar el posteo que compartió en la red social X el pasado 28 de enero en el que reclamaba “medidas sensatas” frente a planteamientos que tachaba de “populistas” y “demagógicas”.
De familias a sacerdotes
Tomando como punto de partida el “Fui forastero y me hospedasteis” de Jesús de Nazaret, el prelado franciscano destaca cómo la Iglesia en Asturias está acompañando a los migrantes “poniendo en juego cuanto está en nuestra mano”.
“No solamente nos llegan familias, sino también seminaristas y sacerdotes que han llamado a nuestra puerta viniendo de lugares donde no hay libertad, o la dignidad se pisotea y se pinta de negro el horizonte de la esperanza”, relata Jesús Sanz, remitiéndose a contextos como el de Nicaragua y Venezuela.
Vivir dignamente
“Pero un país, una región, un hogar… no son espacios que puedas dilatar infinitamente. Caben cuantos pueden entrar, y el límite es palmario”, apostilla el arzobispo de Oviedo. Desde su punto de vista, “siempre es deseable abrir las puertas y acoger a cuantos más mejor, aunque sea a costa de estrecharse”. Para ello, se muestra partidario de “regularizar su estancia para que puedan vivir dignamente con sus derechos y obligaciones, integrándose con nosotros”.
En la carta pastoral, el arzobispo critica el hecho de que Moncloa haya apostado por un Real decreto para abordar este fenómeno: “A los inmigrantes que vienen desde sus hambrunas varias, sus carencias materiales, sus anhelos de libertad, hemos de abrir generosamente nuestras fronteras, pero no como una medida populista y demagógica que termina siendo dañina, amén de encubrir otros intereses de ganancia política”.
Manejos torticeros
Desde ahí, apunta que “nuestra comunidad cristiana no se alinea con esas proclamas que con tono mitinero” ni con lo que considera “manejos torticeros de los maestros de la engañifa”.
En paralelo, Sanz alerta de quienes pueden llegar “con una maleta indeseada trayendo en ella delitos de sangre, intenciones terroristas o negocios perversos en torno a la droga o al tráfico de personas”. “Aunque sean minoría, no deben colarse”, enfatiza.
En su escrito, el arzobispo reivindica su derecho a expresarse con libertad frente a lo que presenta como “un ataque despiadado hacia quienes pensamos distinto”. A la vez, comparte “los miles de expresiones de afecto y comunión” que ha recibido en estos días.