El obispo de Córcega ha pronunciado la conferencia de apertura de la asamblea presbiteral de la Archidiócesis de la capital de España
El cardenal Francisco Javier Bustillo, en la asamblea Convivium
“El pastor es todo lo contrario a un funcionario”. Con esta rotundidad, el cardenal obispo de Córcega, Francisco Javier Bustillo, se dirigió esta mañana a los más de mil doscientos sacerdote que entre hoy y mañana participan en Convivium, la histórica asamblea presbiteral celebrada en la Archidiócesis de Madrid.
El purpurado franciscano conventual fue el encargado de pronunciar la ponencia marco en la que buscó ofrecer pistas somo cómo ser cura hoy. En una conferencia en la que lo mismo echó mano del Evangelio que de documentos magisteriales que de Kafka o del general MacArthur, Bustillo señaló que “el sacerdote no puede ser ni artificial ni superficial, no puede ser un personaje”.
“Tenemos que pasar organizadores y gestores a ser visionarios, a ser profetas”, planteó el cardenal, convencido de que “no se trata de borrar el pasado y la tradición, sino de enriquecer la vida de la Iglesia”. “Tenemos que ser audaces y tener creatividad”, remarcó. De forman reiterada, insistió en la necesidad de “abrir caminos nuevos” desde la fidelidad y la fraternidad, de “añadir a nuestra rica tradición el toque de la aventura según el Espíritu Santo”.
“El Señor os confía una nueva era: la de la audacia misionera”, comentó Bustillo. En esta llamada a “explorar nuevas formas de actuar y vivir nuestra misión”, alertó del riesgo de “distorsionar el mensaje de Jesús”. De la misma manera, dejó caer que hay que “salir de una concepción excesivamente humana de la fe que se pierde “en tácticas políticas”.
Para Bustillo, el sacerdote “no es un líder en sentido profano, sino un pastor al estilo de Jesús”. Por eso, alentó al auditorio a pasar “de la gestión a la misión”. A la vez, les alertó de cómo “las solas estrategias pueden ser un peligro para la salud del pastor y del rebaño”. “De la primacía del amor a Jesús fluye la misión y no al revés”, sentenció.
“No podemos vivir como sacerdotes sin objetivos en la vida, crecer sin brújula y en una burbuja”, criticó. “El Evangelio nos saca de las burbujas”, planteó como alternativa a las tentaciones del “miedo, la pereza y el aburrimiento”, pero también de las “vidas ajetreadas y las agendas llenas”. “La Iglesia sigue viva”, defendió en otro momento de su alocución.