Jordi Savall (Igualada, 1941) renunció al violonchelo el día en que, con solo 18 años, encontró una partitura de Marin Marais y descubrió que el genio de la corte de Luis XIV la escribió realmente para viola de gamba, instrumento arrojado al pozo del olvido. Hasta entonces. “Con un chelo o un violín puedes cantar; con una viola de gamba puedes susurrar, y todas las cosas importantes en la vida se dicen suavemente”.
Lo afirma Savall, el humanista que ha dedicado más de cincuenta años no solo a rescatar el gran instrumento del barroco francés: el más cercano, sin duda, a la voz humana; sino que, en esa aventura, ha liderado también la recuperación del extraordinario y rico patrimonio de la música antigua. “La música solo existe cuando un cantante interpreta o un músico toca. Eso la diferencia de todas las demás artes. No hay música antigua: hay partituras antiguas, pero la música es siempre algo vivo. Si cantamos una canción trovadoresca, hacemos que forme parte de nuestro mundo contemporáneo”.
El Premio Ernst von Siemens –considerado como el ‘Nobel de la música’ desde su creación en 1972– reconoce su extraordinaria trayectoria como “intérprete, investigador y embajador musical”. Savall nunca ha temido los límites: “Lo que quiero es volver a que la música nos permita comprender qué es el ser humano, qué hemos sido como seres humanos, y que nos permita también encontrar soluciones para los problemas del mundo hoy en día”, reconoce.
“Creo que la música tiene que hacer mejor la época que vivimos y hacer que este mundo sea más justo –añade–. La música es el lenguaje del alma y del ser humano, que nos permite comunicarnos a todas las culturas”. En este trayecto, Savall creó, junto a su esposa, la soprano Montserrat Figueras –fallecida en 2011–, los prestigiosos grupos de música antigua Hespèrion XXI (1974), La Capella Reial de Catalunya (1987) y Le Concert des Nations (1989), además del sello discográfico Alia Vox.
“Estoy profundamente convencido de que el arte es útil a la sociedad y contribuye a la educación de los jóvenes, a elevar y fortalecer la dimensión humana y la espiritual del ser humano. Pero ¿cuántos españoles han podido escuchar en directo las músicas sublimes de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria? La inmensa mayoría nunca podrá beneficiarse de la fabulosa energía espiritual que transmite la divina belleza de estas músicas”, explicaba a ‘Vida Nueva’ en 2014, cuando rechazó el Premio Nacional de Música en discrepancia con el Ministerio de Cultura.
Su argumento es su propio testimonio: “¿Podríamos imaginar un Museo del Prado donde todo el patrimonio antiguo no fuera accesible? Pues eso pasa con la música, porque la música viva solo existe cuando un cantante la canta o un músico la toca; los músicos son los verdaderos museos vivientes del arte musical. Gracias a ellos, podemos escuchar las ‘Cantigas de Santa María’ de Alfonso X el Sabio, por ejemplo. Por eso, es indispensable dar a los músicos un mínimo de apoyo institucional y estabilidad, porque sin ellos nuestro patrimonio musical continuaría durmiendo el triste sueño del olvido y la ignorancia”.