Ramón Castro señala que es necesario “contraponer estructuras de solidaridad capaces de traducirse en leyes justas, reglas económicas equitativas e instituciones que funcionen para todos”
Obispo Ramón Castro. Foto: Diócesis de Cuernavaca
El obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Ramón Castro Castro, llamó a los feligreses a vivir la solidaridad “como virtud moral” además de “contraponer estructuras de solidaridad capaces de traducirse en leyes justas, reglas económicas equitativas e instituciones que funcionen para todos”.
En el capítulo 27 de la serie de catequesis ‘Venga a nosotros Tu Reino’ que presenta la CEM en sus redes sociales, a través de un video mensaje, el obispo Castro explicó que existe una solidaridad que puede quedarse en apariencia, “para el cristiano; sin embargo, la solidaridad está llamada a madurar hasta convertirse en una verdadera solidaridad ético social. No basta multiplicar relaciones o conexiones humanas, algo que la cultura digital ha facilitado. Es necesario que esas relaciones crezcan en profundidad y se orienten con pasión. ¿A dónde? Al bien común”.
Asimismo, manifestó que “somos radicalmente interdependientes” y que el papa Francisco lo recordó con insistencia: “‘Nadie se salva solo’. Esta verdad profundamente espiritual ilumina con fuerza nuestra vida social y política. En México esta afirmación se vuelve urgente. Los problemas que nos duelen, como la violencia, corrupción, pobreza, migración forzada, desapariciones, no los resolverá una sola persona ni un solo grupo. O salimos juntos o no salimos”.
En ese sentido -dijo Castro– “esta conciencia no puede quedarse en el plano de las ideas, debe convertirse en vida, en sangre que recorra nuestras relaciones y las transforme según el bien moral, generando auténticos ambientes de colaboración. San Juan Pablo II nos enseñó que el pecado no solo daña a quien lo comete y a quien lo sufre, sino que crea estructuras de pecado que envenenan el cuerpo social. En México vemos estas estructuras en la impunidad, en sistemas de corrupción que se perpetúan, en redes de complicidad que normalizan la injusticia. Frente a ellas no bastan buenos deseos”.
Recordó que san Juan Pablo II definía necesaria una “determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, por el bien de todos, por el bien de cada uno. No es simple benevolencia, sino compromiso real, es decidir servir en lugar de explotar, compartir en lugar de acumular, cargar con el otro en lugar de usarlo. Nuestro país aún clama por esta conversión social. Vivimos entre noticias de violencia y de polarización. Por eso debemos custodiar el corazón, hacerlo crecer en la caridad de Dios para responder con esperanza activa a los desafíos de nuestro tiempo. Madres que buscan a sus hijos, jóvenes sin futuro, familias heridas por la violencia”.
Para concluir, recordó a los feligreses que Cristo Jesús “es el hombre nuevo, solidario con la humanidad hasta el extremo de la cruz. En Él, Dios asume las heridas de su pueblo y nos hace un solo cuerpo. En Él la vida social puede volver a ser lugar de esperanza. Cuando empresarios comparten justamente, cuando gobernantes sirven con honestidad, cuando ciudadanos se organizan por el bien común, vemos señales claras de que otro México es posible. Que Santa María de Guadalupe interceda por nosotros para vivir esta solidaridad que transforma y construye el reino. Venga a nosotros tu reino”.