El obispo Adolfo Canecín convocó unir fuerzas para pedir por las fuentes laborales y el sustento de las familias perjudicadas
El cierre de la histórica fábrica textil Emilio Alal fue el motor que encendió la movilización de la comunidad goyana, a través de su titular Adolfo Canecín, quien instó a los fieles a no permanecer indiferentes y a manifestar la “caridad fraterna” de la Iglesia.
Para mitigar la conmoción social y el fuerte impacto regional que produjo la confirmación del cese de operaciones de las plantas de Corrientes y Chaco, el prelado sostuvo que, como cuerpo en la Iglesia y la sociedad, quieren expresar su cercanía a los trabajadores afectados.
El objetivo es mostrar, en este complejo momento, el acompañamiento la solidaridad con las más de 260 familias. Por tal motivo, el obispo de Goya convocó a toda la comunidad a un momento de oración y súplica. Encabezó un vía crucis desde las puertas de planta, y peregrinaron hacia la parroquia San José Obrero donde se celebró la Eucaristía.
Al inicio de la procesión, el prelado puso la situación en manos de Dios y la Virgen, recordando a las tantas generaciones que tuvieron trabajo en esta fábrica y pudieron sostener a sus familias. Y propuso: “Ahora vamos a poner en manos de Dios esta situación de crisis laboral, la de cada empleado despedido y la de sus hogares”.
Además, pidió la reacción comunitaria de este hecho que trasciende lo económico: “En este mundo donde se cierran empresas, muchas veces se cae en la cultura de la indiferencia. Nosotros tenemos que romperla, superando, venciendo y acercándonos”.
Sostuvo que, si bien ellos no tienen una salida técnica a estos problemas económicos ni sociales, pueden ofrecer lo que otros no pueden dar: la fraternidad y la escucha.
Ante unas pocas presencias de legisladores provinciales y municipales, y la ausencia de funcionarios, Canecín afirmó: “La política es el arte de buscar el bien común. Ojalá que cada hermano que tiene una función política lo viva así”.
El obispo pidió la acción de la Iglesia, de los párrocos y de la comunidad, para identificar a los trabajadores desvinculados, y los instó a realizar visitas domiciliarias para brindar consuelo y mantener una oración permanente por la reactivación productiva de la provincia.
El mismo tuvo esta iniciativa frente a la incertidumbre: visitó a las familias para acompañarlas humana y espiritualmente: “Me di cuenta de que es lo que la gente espera siempre: que se los mire a los ojos, que se los escuche. Suspiré con ellos, lloré con ellos”, dijo el obispo.