Entrevistas

Véronique Margron: “Luchar contra todo tipo de abusos es una necesidad vital”

| 31/01/2026 - 13:03

  • La ex presidenta de los Religiosos y Religiosas de Francia conversó con ‘Vida Nueva’ sobre la necesidad de seguir trabajando sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica
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Al término de sus dos mandatos al frente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia (CORREF), Véronique Margron conversó con ‘Vida Nueva’ sobre la necesidad de seguir el trabajo iniciado por la Comisión independiente sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica (CIASE) y abordar la espinosa cuestión de los abusos espirituales y psicológicos.



PREGUNTA.– Un informe de la Comisión independiente sobre abusos espirituales y dinámicas de control psicológico ha revelado el sistema de dominación vigente durante décadas en las benedictinas de Montmartre, en París. ¿Se ha convertido la lucha contra los abusos espirituales y psicológicos, no solo contra las violencias sexuales, en una cuestión central para la Iglesia?

RESPUESTA.– Debe serlo. Estas violencias son una vergüenza, una contradicción absoluta con la dignidad humana y con el Evangelio. Nada puede justificarlas. Sus consecuencias son tan graves como las de las violencias sexuales. Sabemos también que “un abuso puede ocultar otro”. Abusos y violencias van de la mano. Dicho informe, el primero de este tipo, es aún más importante porque ofrece un marco de trabajo para que otras comunidades puedan recorrer el mismo camino de verdad y de nombrar las cosas, dar los primeros pasos hacia el reconocimiento y la justicia debidas a las víctimas y a sus allegados. Es también indispensable para que una comunidad pueda levantarse tras semejantes derivas criminales. Espero de corazón que así sea.

P.– Su compromiso para destapar los abusos en la Iglesia de Francia es reconocido hoy más allá de las fronteras del país. ¿Cómo hizo de esta acción una prioridad de sus mandatos?

R.– En 2016, poco después de mi llegada a la presidencia de la CORREF, comencé a recibir cartas de víctimas. Recibí a estas personas, pero pronto advertí que no podía contentarme con abordar esta cuestión caso por caso. Había que comprender para poder luchar. Percibí que era necesario buscar ayuda externa. Yo no tenía competencias para hacer frente a situaciones así. Desde mi primer año de mandato, reuní a varias personas de diversos ámbitos –sociólogos, juristas…– para escucharlas. Y en 2018 organicé en mi casa una jornada de estudio con antropólogos, psicoanalistas, altos magistrados… También invité al entonces secretario de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), Olivier Ribadeau-Dumas. La idea era escuchar a personas que habían vivido una gran crisis moral en su institución o se habían enfrentado a este tipo de crisis. Queríamos aprender de ellas. Al final del día, quedó claro que había que crear una comisión independiente.

Comisión independiente

P.– ¿Se adhirieron fácilmente los obispos a esta iniciativa?

R.– Tres meses después de la jornada, tuvo lugar su Asamblea Plenaria, durante la que Georges Pontier –entonces arzobispo de Marsella y presidente de la CEF– anunció la creación de esta comisión. Se convenció por lo que le dijo Ribadeau-Dumas. Los obispos votaron mayoritariamente a favor, cuando de entrada su idea era crear grupos de trabajo en el episcopado. Si no se hubiera propuesto una comisión independiente, las cosas habrían ido mucho más despacio y no tan lejos. Días después, la CORREF hizo lo mismo en su asamblea.

P.– El trabajo de la CIASE, que culminó con la publicación del Informe Sauvé (2021), fue elogiado por personas muy comprometidas en la lucha contra los abusos en la Iglesia, pero también suscitó críticas internas. ¿Cómo se explica?

R.– La Iglesia católica no está acostumbrada a confiar asuntos a estructuras independientes, menos todavía cuando afectan al corazón de su existencia, es decir, a sus sacerdotes y a su integridad moral. En la jerarquía católica persiste la idea de que todo se puede resolver internamente, incluso “en familia”. No es casualidad que esté tan arraigada la cultura del silencio. Además, persiste siempre en su discurso la sospecha de que el mundo quiere hacernos daño. Y confiar una investigación así a una entidad externa sería entregar las llaves al mundo, que aprovecharía para exagerar las cifras u otras cosas. No excuso estas reticencias, pero las comprendo. De hecho, cuando decidimos crear una comisión independiente, ignorábamos adónde nos conduciría. Nadie lo imaginaba. Tal vez no habríamos tenido el valor de hacerlo. Fue necesaria esa pequeña dosis de desconocimiento para que ocurriera.

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