España

Cobo, en el funeral de la tragedia de Adamuz: “Estamos llamados a no a enfrentarnos en búnkeres ideológicos”

| 29/01/2026 - 19:49

El cardenal arzobispo de Madrid preside en la catedral de la Almudena una misa por los siete fallecidos madrileños junto los obispos de Getafe y Alcalá





“Hoy la Iglesia permanece en silencio junto a un pueblo herido”. Con esta reflexión, arrancó esta tarde la homilía del cardenal José Cobo en el funeral que acogió la catedral de la Almudena por los fallecidos en el accidente ferroviario de Adamuz, en especial por las siete víctimas mortales madrileñas. El purpurado presidió una eucaristía organizada por las tres diócesis de la provincia eclesiástica: Madrid, Getafe y Alcalá. De ahí que, junto al arzobispo madrileño, concelebran los obispos Ginés García Beltrán, Antonio Prieto, Vicente Jiménez y José María Avendaño. Al frente de las autoridades, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, y el presidente del Senado, Pedro Rollán. Junto a ellos, también se encontraba el acalde de Carabaña, Mario Terrón, hermano de una de las víctimas.



La solemnidad de la ceremonia, con la Capilla Vocal de Santa Cruz entonando los cantos, no impidió que se vivieran instantes de especial emotividad y recogimiento, como la monición de entrada del obispo de Alcalá nombró a cada uno de los fallecidos o, al final, cuando el obispo de Getafe fue el responsable de dirigir un responso por el alma de los difuntos.

Amor y solidaridad

“Sentimos la necesidad de reunirnos para afrontar desde la fe el dolor de las víctimas y la solidaridad de los vecinos y de los cuerpos de emergencia que a todos nos ha tocado profundamente”, elogió Cobo en su homilía.

En su homilía, el arzobispo de Madrid aplaudió los “gestos de amor y de solidaridad” y ante los líderes políticos de distinto signo, reivindicó la necesidad de que esta tragedia sirva para poner en marcha “una humanidad más fraterna”, creando “espacios de encuentro, de cuidado mutuo, de solidaridad verdadera”.

Autoridades presentes en el funeral madrileño por las víctimas de Adamuz

“Estamos llamados a cuidarnos unos a otros, no a enfrentarnos ni a vivir encapsulados en nuestros propios búnkeres personales o ideológicos”, comentó, justo en una jornada en la que arrecia el enfrentamiento entre los partidos en el Senado por la responsabilidad política de la tragedia. “Que esta tragedia nos haga amar más. Que a todos nos ponga de nuevo al servicio del bien común, convirtiendo el dolor en herramienta para la paz, la concordia y la convivencia”, insistió.

Ni vacío ni ausencia

Para el cardenal el silencio del sobrecogimiento que sucede a una tragedia de estas características “no es vacío ni ausencia, sino un silencio lleno de nombres, de historias truncadas, de vínculos rotos demasiado pronto”. “Porque cada vida perdida deja un vacío infinito en el corazón de su gente”, añadió.

El purpurado se presentó ante las familias admitiendo que “la Iglesia no viene hoy a ofrecer respuestas rápidas, sino a compartir el peso del duelo, a permanecer, a no marcharse cuando el sufrimiento incomoda”. “Estar y abrazar”, son los dos compromisos que trasladó en lo personal a quienes atraviesan el proceso de duelo.

Con perplejidad y miedos

El pastor también abordó en su alocución la pregunta sobre la presencia de Dios ante un suceso como este. “Está presente en cada gesto de consuelo, en cada abrazo, en cada mano que sostiene a otra”, respondió. Desde ahí, alentó a los presentes para poner la mirada en Jesús resucitado que “se queda con nosotros e ilumina la experiencia de la muerte con su compañía, con la compañía de los nuestros y con la presencia de la Iglesia”.

“En medio de la perplejidad, de la fragilidad y de nuestros miedos, Cristo nos dice que la muerte no tiene la última palabra”, subrayó más adelante el cardenal, desde el convencimiento de que “la última palabra para Dios es la resurrección”. “Esa es la luz que hoy se nos da para caminar y atravesar las fragilidades de la vida. Esa es nuestra verdadera esperanza”, remarcó.

La catedral de la Almudena, durante el funeral por las víctimas de Adamuz

De la misma manera, admitió que la esperanza del cristiano “no niega el dolor, pero que se niega a creer que la vida y el amor terminen en una tumba”. “El amor permanece”, sentenció.

Con esta premisa, invitó a los presentes a conjugar en primera persona el verbo “cuidar”, tanto del más débil, como de nuestros vecinos, de los vínculos “cuando todo se tambalea”, así como “cuidar a quienes cuidan, tantas veces invisibles y agotados”. “Así el dolor que hoy compartimos nos interpela como comunidad y como sociedad para transformarlo en solidaridad, en más conciencia y en más cuidado”, expresó.

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