África

Jesús Ruiz, obispo de M’baiki: “En África necesitamos líderes sociales que no quieran marcharse”

| 28/01/2026 - 18:44

  • El misionero comboniano acompaña en Madrid a Cédric Ouanekpone, Premio Mundo Negro a la Fraternidad
  • “El primer nefrólogo en República Centroafricana” volvió tras especializarse en Francia y rechazar una gran oferta laboral allí





Este miércoles 28 de enero ha estado en Madrid, donde se ha encontrado con los medios, Cédric Ouanekpone, médico centroafricano galardonado por la editorial comboniana Mundo Negro con su Premio a la Fraternidad 2025. Lo recogerá el día 31 en el transcurso del 38º Encuentro África, bajo el lema ‘Migrar o quedarse. Fuga de talentos en África’.



En ese sentido, se reconoce en él que sea un testimonio único contra ese fenómeno, apostando por el hoy y el mañana de su pueblo. Y es que, pese a terminar de especializarse fuera, en Estrasburgo (Francia), siempre supo que regresaría. Tras rechazar una gran oferta laboral en Europa, volvió como “el primer nefrólogo en República Centroafricana”.

Los jóvenes necesitan una referencia

“Ser médico sirve también para cambiar la sociedad”, ha recalcado un Ouanekpone que ha añadido que “no me podía permitir el egoísmo de quedarme en Francia. Sabía que en mi país no había ningún nefrólogo y decidí volver”. Además, “los jóvenes necesitan una referencia, un modelo, e intentamos encarnar eso para ellos la figura de un médico con un perfil humanista que no solo busca el dinero”.

También ha estado en el encuentro con los medios Jesús Ruiz Molina, misionero comboniano y obispo de la diócesis centroafricana de M’baiki. En conversación posterior con Vida Nueva, ha calificado de “fundamental” ese deseo de volver al propio país.

Y más en un contexto complejo en el que “constamos la caída de la acción humanitaria tras los recortes de la Administración Trump en este ámbito. Se percibe a nivel global, en toda África, pero en mi país se nota muchísimo, con una caída de un 40%; en consecuencia, cinco ONG se han ido y 1.100 de sus trabajadores locales han perdido el empleo”. Además, “si el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha decaído en un 40%, aquí lo ha hecho en un 56%”.

Estuvo en el seminario

De ahí que Ruiz valore que “personas como Cédric encarnen la misión de los combonianos: ‘Salvar África con África’. Él se ha formado con nosotros e incluso estuvo en el seminario, con el sueño de consagrarse. Al final, cambió su vocación, aunque la ha centrado igualmente en el servicio a los demás”.

Después de dos años sin funcionar por falta de un especialista, Ouanekpone asumió en 2022 la dirección del Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui. En este lustro ha salvado muchas vidas. Ya lo había hecho más de una década atrás, cuando estalló la rebelión de la Seleka y la Parroquia de Fátima, en Bangui, gestionada por los combonianos, se convirtió en “un inmenso campo de refugiados, con más de 5.000 personas acogidas”. Junto a otros jóvenes sanitarios, atendieron sin apenas medios a ancianos y niños y ayudaron a dar a luz a decenas de mujeres.

De ahí el aplauso de Ruiz: “Recuerdo que, en esa época, Cédric también iba recorriendo los barrios, con su mochila, ayudando a todo aquel que lo necesitaba. Muchos eran musulmanes y debía tener cuidado”, pues se combatía a la Seleka y podía ser considerado como un acto de colaboración con el enemigo.

Un equipo interreligioso

Luego, una vez que ya finalizó Medicina y se fue a Senegal a proseguir sus estudios, acabó la especialización en Francia: “Tuvo una gran oferta laboral y también para dar clases en la Universidad, pero la rechazó para volver”. Desde el Centro Nacional de Hemodiálisis de Bangui, cuenta con 10 máquinas de diálisis, con un impacto evidente en la población.

Cédric Ouanekpone, médico centroafricano

Aparte, el doctor trabaja junto a una veintena de jóvenes médicos (“la mayoría son cristianos, pero también hay musulmanes”). Con todos ellos, el obispo de M’baiki colabora estrechamente: “Vienen a mi diócesis cuatro veces al año y trabajan en clínicas móviles. En mi zona, el 95% de la población no ha visto jamás a un médico. De hecho, si hay unos 400.000 habitantes, solo contamos con cinco doctores”.

De ahí su gran aportación “en esas clínicas móviles gratuitas para la gente. Yo les pago a los doctores el viaje y la comida, y les doy las medicinas. Luego, ellos atienden durante cuatro días y hacen chequeos a los pacientes; desde los pigmeos, a los que acompañamos, al conjunto de la población”.

El gran sueño de un hospital

Yendo más allá, Ruiz y Ouanekpone tienen un sueño, junto a ese equipo de 20 médicos: “Contar al fin con un hospital propio. El doctor impulsa con ellos el proyecto ‘Mama Ti Fatima’, que coordina con la Facultad de Medicina, también en Bangui, donde es docente. Tienen una farmacia, un laboratorio y servicio de emergencias. Además, van a empezar a construir una maternidad. La idea es que también haya quirófanos y 70 camas. Sería referencial en un país, el nuestro, en el que solo hay una máquina de escáner… y varios meses al año no funciona”.

Ruiz lo ilustra con otro dato significativo: “El Gobierno centroafricano dedica siete euros al año por persona a nivel sanitario, mientras que en España esa cifra asciende a 2.187 euros… Estamos colapsados y, por eso, la mayoría de los médicos se van. Que este doctor y sus compañeros quieran permanecer es un símbolo de que emerge algo nuevo. Fuera podrían ganar cinco veces más, pero quieren levantar su país. En África necesitamos líderes sociales que no quieran marcharse”.

El comboniano español también nos habla de su realidad en su diócesis: “Estamos en la frontera con los dos Congos y tenemos 20.000 kilómetros cuadrados de selva, siendo el segundo pulmón de la humanidad tras la Amazonía. Aquí ya no hay tanta violencia como en el este del país, como experimenté en mis años de pastor en Bangassou, donde fui obispo auxiliar de Juan José Aguirre. Pero tenemos muchos desafíos”.

Acompañan a los pigmeos

Uno es “acompañar a los pigmeos, una minoría que supone el 8% de la población y que sufre esclavitud en pleno siglo XXI. Les acompañamos y queremos que sean los protagonistas de su desarrollo, impulsando los verbos de los que siempre hablaba el papa Francisco: ‘Acoger, proteger, promover, integrar’”.

Otro ámbito es el educativo: “Percibimos que el 60% de los niños de la zona no están escolarizados. Por ello, en nuestras parroquias hay escuelas (entre una y tres) y en ellas se forman unos 15.000 alumnos. Cada vez que veo al presidente de la República, le insisto en ello: ‘Si queremos promover la paz, necesitamos educación, educación, educación… Si las escuelas están cerradas, los chicos, sin alternativas, son carne de cañón de los grupos violentos”.

Y, volviendo al principio, el tercer reto es el sanitario: “Me ha ocurrido ir a un municipio de 18.000 habitantes y, al terminar la misa, poner ante mí cientos de litros de agua para que la bendiga… Creen que, con ella, se curarán sus enfermedades. Desconocen lo que es un médico y acaban cayendo en la superstición”. De ahí la insistencia en su sueño: “Necesitamos un hospital”.

Ruiz concluye su testimonio echando la vista atrás: “La misión de la Iglesia aquí empezó en 1925, con los espiritanos. Ha pasado un siglo, pero seguimos siendo una Iglesia de primer anuncio. Los combonianos llegamos en 1974 y la diócesis se fundó hace 30 años. Como obispo, cuento con 11 sacerdotes. Pero no nos rendimos y queremos que haya ‘vida en abundancia’, como pide el Evangelio. Para ello necesitamos desarrollo. Sin este, lo que queda es la paz de los cementerios”.

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Fotos: Mundo Negro.

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