La renovación quinquenal de los órganos de gobierno refuerza el perfil académico y eclesial de la organización bajo la supervisión de la Secretaría de Estado
La Fundación Vaticana Joseph Ratzinger–Benedicto XVI inicia una nueva etapa institucional. Tal y como prevén sus estatutos, cada cinco años se renuevan todos los cargos de sus órganos de gobierno, y al haber concluido en 2025 el quinquenio anterior, la Secretaría de Estado, de la que depende la Fundación, ha procedido a la actualización de responsabilidades y relevos.
El cambio más llamativo es la incorporación de Georg Gänswein al Consejo de Administración, un nombramiento que supone su regreso a un órgano vaticano de primer nivel de quien fue durante años secretario personal de Benedicto XVI y una de las figuras más cercanas al Pontífice alemán hasta su fallecimiento.
El Consejo de Administración, cuyos miembros son nombrados por el secretario de Estado, queda configurado de la siguiente manera:
Tal como se ha informado este martes, la Fundación también ha renovado su Comité Científico, cuyos miembros son designados directamente por el Papa. El nuevo equipo está integrado por:
Asimismo, el Colegio de Revisores de Cuentas ha sido igualmente renovado. Su presidencia recae ahora en el doctor Aurelio Ingrassia, nombrado por la Secretaría para la Economía, acompañado por los doctores Andrea Filippi y Giuseppe Mascarucci, designados por la Secretaría de Estado. Con ello, la Fundación refuerza los mecanismos de control y transparencia en la gestión de sus recursos.
En el comunicado oficial se subraya también el agradecimiento a quienes han concluido su etapa de servicio. Entre ellos, los cardenales Luis Ladaria y Gianfranco Ravasi, que dejan el Comité Científico; el padre Federico Lombardi, que hasta ahora presidía el Consejo de Administración; así como los consejeros don Gianni Costa y Roberto Poletti, y el presidente del Colegio de Revisores, Antonio Roppo.
Todos ellos han sido reconocidos “por su valioso y generoso servicio”, en una transición que busca garantizar continuidad institucional sin renunciar a una necesaria renovación.