Cardenal Fernández: “Cualquiera en un blog, aunque no haya estudiado mucha teología, condena como si hablara ex cathedra”

El prefecto de Doctrina de la Fe llama en una reflexión publicada este martes a la humildad intelectual, alerta contra el dogmatismo digital y reivindica una teología que “escuche a Dios y a los demás”

Cardenal Fernández: “Cualquiera en un blog, aunque no haya estudiado mucha teología, condena

El cardenal Víctor Manuel Fernández (Tucho), prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha lanzado una contundente advertencia contra el clima de condena fácil que impregna hoy el debate eclesial, especialmente en el ámbito digital. “Hoy en día, en cualquier blog, cualquiera, aunque no haya estudiado mucha teología, expresa su opinión y condena como si hablara ex cathedra”. Así lo ha escrito el purpurado en su reflexión para la apertura de la sesión plenaria del dicasterio, celebrada este martes, 27 de enero de 2026.



De esta manera, y bajo el título ‘No preguntes a la luz, sino al fuego’, Fernández ha articulado una reflexión sobre la humildad intelectual, los límites del conocimiento humano y los peligros de absolutizar la propia mirada, incluso —o especialmente— cuando se habla de fe.

Humildad frente a la ilusión de saberlo todo

El purpurado comenzó recordando una antigua máxima: “Ubi humilitas ibi sapientia” (donde hay humildad, hay sabiduría). A partir de ahí, subrayó una idea central: la capacidad humana de pensar es universal, pero no es exhaustiva. “Incluso con las tecnologías más poderosas imaginables es imposible que la mente humana sea consciente de la realidad en su totalidad. Eso solo es posible para Dios”, argumentó el cardenal.

Por eso, advirtió, no podemos comprender plenamente ni siquiera una pequeña parte de la realidad, porque “todo está conectado” y solo se entiende a la luz del conjunto. De ahí que resulte tan fácil caer en interpretaciones simplistas, juicios apresurados o condenas sin matices.

Falsa compasión y falsa certeza

Durante su discurso, Fernández alertó contra dos tentaciones opuestas pero igualmente peligrosas: una compasión mal entendida que relativiza la verdad, y una afirmación fría de la verdad que ignora a las personas. Ambas, dijo, rompen la unidad entre verdad y caridad, que es esencial en la tradición cristiana.

En este punto, recordó cómo la historia muestra las consecuencias dramáticas de la seguridad excesiva en lo que creemos saber, mencionando episodios como “los excesos de la Inquisición, las guerras mundiales, la Shoá o las masacres en Gaza”, a veces justificadas, subrayó, “con argumentos falaces”. “El problema es que lo mismo puede ocurrir en la vida de todos nosotros, cuando vivimos demasiado seguros de lo que sabemos”, añadió.

De esta constatación se derivan, según el prefecto, dos actitudes imprescindibles. La primera, invocar a Dios, orar, dejarnos iluminar por Él: “Para comprenderlo todo plenamente necesitamos ser iluminados por Dios. La fe nos asegura que realmente podemos hacerlo”. La segunda, escuchar a los demás, acoger otras perspectivas, incluso —y especialmente— las que vienen de las periferias. “Es bueno prestar atención a las periferias desde donde las cosas se ven de forma diferente”, afirmó.

León XIV con el cardenal prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel 'Tucho' Fernández

León XIV con el cardenal prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández

Contra el magisterio improvisado de las redes

El núcleo más incisivo de la intervención llegó al abordar el contexto actual de debate eclesial. Fernández recordó que incluso los teólogos profesionales suelen tener conocimientos limitados a un área concreta, mientras que los misterios de la fe “se entrelazan en una preciosa jerarquía” iluminada por el corazón del Evangelio.

Por eso, alertó de que el riesgo de perder la amplitud de perspectivas es hoy mayor, no solo en los organismos con autoridad doctrinal, sino en toda la Iglesia: “Hoy cualquiera condena como si hablara ex cathedra”. Frente a esta deriva, reclamó “recuperar en toda la Iglesia ese realismo saludable propuesto por los grandes sabios y místicos”.

De esta manera, Fernández cerró su meditación con una llamada a ir más allá de las palabras y los conceptos, recurriendo a san Buenaventura: “No a la luz, sino al fuego que inflama y transporta todo”. Un fuego que es Dios mismo, y que, recordó, se conoce “más por el silencio, la adoración y la experiencia” que por el discurso. “En este punto nuestro discurso debe terminar, y es mejor orar al Señor para que Él nos dé la experiencia de la que hablamos”, concluyó  el cardenal.

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