Murió en su primer y único combate el 15 de febrero de 1966, cuando una unidad del ELN, bajo el mando de Fabio Vásquez Castaño, preparó una emboscada contra el Ejército
Camilo Torres
El Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció que encontró el cuerpo de Camilo Torres, el cura que colgó la sotana y tomó el fusil hace 60 años y que fue asesinado, en su primer combate, cuando se enfrentó al Ejército de Colombia en Patio Cemento, un corregimiento del municipio de San Vicente de Chucurí, en Santander.
En un comunicado, los guerrilleros informaron – sin mostrar evidencia – que “su cuerpo ha sido encontrado y verificada su autenticidad, ya la voz empieza a correr y el pueblo colombiano”. Con esto se rompe el mito.
Por ello, han solicitado que “sus restos sean respetados” y depositados en el Campus de la Universidad Nacional, donde fue Capellán, fundador de la Facultad de sociología y referente de la juventud universitaria.
El ELN ha acusado al “Estado y a la oligarquía” de secuestrar el cuerpo del exsacerdote, sometiendo su memoria a una campaña de descrédito bajo “una narrativa que nos presenta a un Camilo desdibujado y aburguesado”.
Admitieron que el legado del cura revolucionario “siempre estará en disputa, pues de acuerdo a las perspectivas políticas e ideológicas que lo abordan, resaltan alguna de sus dimensiones”. Por lo que han pedido, no sacar provecho político a este acontecimiento.
Sostienen que pese a las calumnias “su testimonio, su obra política, su propuesta programática y su compromiso hasta las últimas consecuencias” siguieron andando por todo el país.
Camilo Torres Restrepo nació el 3 de febrero de 1929, en Bogotá, en el seno de una familia liberal y acaudalada. Ingresó al Seminario Conciliar de Bogotá en 1947, luego de retirarse de la carrera de derecho que cursaba en la Universidad Nacional.
Fue ordenado sacerdote el 29 de agosto de 1954. Ese mismo año es enviado por el cardenal Crisanto Luque, entonces arzobispo de Bogotá, a la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), donde estudió Ciencias Políticas y Sociales.
A su regreso, en 1959, asume la capellanía de la Universidad Nacional y Junto con Orlando Fals Borda, fundó la primera facultad de Sociología de América Latina en la Universidad Nacional. Fue profesor titular de cátedras como Sociología urbana y Problemas sociales de Colombia.
El 18 de junio de 1962 fue destituido como capellán por el cardenal Luis Concha, luego de que Torres tomará partido en favor de estudiantes huelguistas de la Nacional, incluso celebrando misas al aire libre en el campus como acto de protesta y solidaridad.
De allí, fue enviado a la parroquia Veracruz, en el centro de Bogotá, donde se desempeñó como vicario cooperador. Fue su última responsabilidad pastoral antes de su renuncia como sacerdote.
Confinado en la parroquia Veracruz y al ver que ni la Iglesia ni el sistema político de entonces promovían el cambio con el que soñaba, decidió fundar el Frente Unido del Pueblo, un movimiento de oposición que convocó multitudes.
Ante las amenazas, la presión de sus superiores y la convicción de que la vía legal estaba agotada, colgó los hábitos y solicitó su reducción al estado laical en junio de 1965. Se le atribuye la frase que lo hacía “para ser más verdaderamente sacerdote”.
Así fue estableciendo contactos clandestinos con la naciente guerrilla del ELN hasta que a finales de 1965, sintiendo que su vida corría peligro en la ciudad y que la revolución era la única salida viable, subió a las montañas de Santander para incorporarse a sus filas.
Su ingreso se hizo público en enero de 1966 mediante una proclama a los colombianos, donde justificó la lucha armada como una necesidad histórica y moral, sellando así su destino pocas semanas antes de morir en combate.
Murió en su primer y único combate el 15 de febrero de 1966, cuando una unidad del ELN, bajo el mando de Fabio Vásquez Castaño, preparó una emboscada contra una patrulla de la Quinta Brigada del Ejército.
Torres llevaba apenas unas tres semanas en el monte, no tenía un fusil propio – solo portaba un revólver calibre 38 –. Al iniciarse el tiroteo, cayeron los soldados de la vanguardia, entonces, llevado por la necesidad de tener un arma larga salió de su posición, corrió hacia el cuerpo de un soldado caído para arrebatarle su fusil.
Al quedar en la línea de fuego, los militares del Ejército que venían en la retaguardia de la patrulla reaccionaron y le dispararon. Recibió dos impactos de bala, muriendo en el sitio. Sus compañeros al verse doblegados, huyeron del lugar.
Para hacer más dramático el momento, el comandante de la Quinta Brigada era el General Álvaro Valencia Tovar, quien era amigo personal de Camilo y de su familia en Bogotá.
Al confirmar que el guerrillero abatido era el sacerdote, Valencia Tovar ordenó que se le realizaran los ritos cristianos, pero decidió enterrarlo en un lugar secreto y separado del cementerio común.
El objetivo estratégico era evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de peregrinación y culto para la izquierda, creando el misterio sobre sus restos que hasta hoy fue revelado por el propio ELN. Se espera que en los próximos días se muestren las evidencias.