El arzobispo castrense de Estados Unidos, hasta hace poco presidente de su Episcopado, cree que es “moralmente aceptable” que un soldado se niegue a combatir allí
Thimoty Broglio, arzobispo castrense de Estados Unidos y hasta hace poco presidente de su Episcopado, la USCCB, cree que “Groenlandia es un territorio de Dinamarca” y, por lo tanto, “no parece razonable que nuestro país ataque y ocupa una nación amiga”.
Así lo ha declarado a la BBC, saliendo al frente de las continuas provocaciones del presidente republicano, Donald J. Trump, que insiste en que Estados Unidos “necesita” la isla ártica. Tanto por las llamadas materias raras que hay bajo su hielo (cada vez más accesibles por el derretimiento de los polos como consecuencia del cambio climático) como por su posicionamiento estratégico, viendo con temor cómo cada vez allí tienen una posición más preponderante China y Rusia.
En este tenso contexto, Broglio se reconoce “preocupado”. Y más como responsable de la pastoral militar, lamentando una deriva que abocaría a los soldados estadounidenses a “una situación en que se les ordena hacer algo moralmente cuestionable”. En ese caso, ¿qué debería hacer un profesional del ejército? ¿Aceptar y cumplir con las órdenes de un superior, como manda su disciplina, o hacer caso omiso si va en contra de sus convicciones éticas?
Ahí, el ex presidente de la USCCB lo tiene claro: “Sería moralmente aceptable desobedecer siguiendo su propia conciencia”. Algo que suele ser excepcional en la milicia, pero que admite esta excepción cuando “se pone al individuo en una situación insostenible”.
Recientemente, poco antes de que Estados Unidos capturara en Caracas a Nicolás Maduro y cuando ya se hostigaba al régimen venezolano con un operativo militar frente a sus costas bajo el argumento de que se buscaba luchar contra el narcotráfico, ya Broglio lamentó que, por aquel entonces, en dichas operaciones se hubiera acabado con la vida de 85 personas, sin proceso judicial alguno.
Para él, también se estaba ante una situación excepcional y que obligaba a “plantear interrogantes”, pues, “como nación, debemos garantizar que dicho uso de la fuerza sea ético y legal”. Porque “el fin nunca justifica los medios, que deben ser morales, conforme a los principios de la teoría de la guerra justa y siempre respetuosos con la dignidad de cada persona. Nadie puede ser obligado a cometer un acto inmoral, e incluso los sospechosos de cometer un delito tienen derecho al debido proceso legal”.
“Dado que el principio moral que prohíbe el homicidio intencional de no combatientes es inviolable, sería una orden ilegal e inmoral matar deliberadamente a supervivientes en un buque que no representan una amenaza letal inmediata para nuestras fuerzas armadas”, remachó entonces el castrense.
Mientras, la tensión se incrementa a diario en Groenlandia ante la incontrolable verborrea de Trump, que recalca a diario que o compra la isla ártica (dice estar dispuesto a pagar hasta 100.000 euros a cada uno de sus 57.000 habitantes) o la toma “por la fuerza”. Todo un desafío a Dinamarca, miembro de la Unión Europea y de la OTAN al que pertenece Groenlandia.
Mientras las autoridades danesas y groelandesas suman fuerzas y reafirman su soberanía, el mandatario republicano ha ridiculizado al primer ministro local, Jens-Frederik Nielsen (“no sé quien es”) y ha enfatizado que no descarta la vía militar, pues su objeto de deseo es defendido “por dos trineos tirados con perros”.