El Vaticano ha publicado hoy el Mensaje del Papa para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, con el título ‘La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro’
‘La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro’. Este es el título del Mensaje del papa León XIV para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo que el Vaticano ha publicado hoy.
El Pontífice propone en su reflexión la imagen del buen samaritano, “siempre actual y necesaria para redescubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión, para poner la atención en los necesitados y los que sufren, como son los enfermos”.
Robert Francis Prevost divide su mensaje en tres partes: (1) El regalo del encuentro: la alegría de dar cercanía y presencia, (2) La misión compartida en el cuidado de los enfermos y (3) Movidos siempre por el amor a Dios, para encontrarnos con nosotros mismos y con el hermano.
Para el Papa, “vivimos inmersos en la cultura de lo rápido, de lo inmediato, de las prisas, así como también del descarte y la indiferencia, que nos impide acercarnos y detenernos en el camino para mirar las necesidades y los sufrimientos a nuestro alrededor”.
Sin embargo, “el amor no es pasivo, va al encuentro del otro; ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar”. Por eso, “el cristiano se hace prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo, el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida”. “Esta caridad se alimenta necesariamente del encuentro con Cristo, que por amor se entregó por nosotros”, agrega.
Según León XIV, “el regalo del encuentro nace del vínculo con Jesucristo, al que identificamos como el buen samaritano que nos ha traído la salud eterna, y al que hacemos presente cuando nos inclinamos ante el hermano herido”.
Como explica el Pontífice, “tener compasión implica una emoción profunda, que mueve a la acción. Es un sentimiento que brota del interior y lleva al compromiso con el sufrimiento ajeno”.
En este punto, Prevost se detiene en su experiencia personal: “Yo mismo he constatado, en mi experiencia como misionero y obispo en Perú, cómo muchas personas comparten la misericordia y la compasión al estilo del samaritano y el posadero”.
Y continúa: “Los familiares, los vecinos, los operadores sanitarios, los agentes de pastoral sanitaria y tantos otros que se detienen, se acercan, curan, cargan, acompañan y ofrecen de lo suyo, dan a la compasión una dimensión social. Esta experiencia, que se realiza en un entramado de relaciones, supera el mero compromiso individual”.
En el mismo sentido, agrega: “El dolor que nos conmueve, no es un dolor ajeno, es el dolor de un miembro de nuestro propio cuerpo al que nuestra Cabeza nos manda acudir para el bien de todos”.
“Deseo vivamente que no falte nunca en nuestro estilo de vida cristiana esta dimensión fraterna, ‘samaritana’, incluyente, valiente, comprometida y solidaria que tiene su raíz más íntima en nuestra unión con Dios, en la fe en Jesucristo”, señala el Papa agustino al final de su reflexión.
Y concluye: “Encendidos por ese amor divino, podremos realmente entregarnos en favor de todos los que sufren, especialmente por nuestros hermanos enfermos, ancianos y afligidos”.