Cardenal Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá. Foto: El Espectador
El cardenal arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.
PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?
RESPUESTA.- Los primeros ocho meses del pontificado de León XIV dejan ver con claridad las prioridades de su servicio, estas prioridades fueron evidenciadas en los cuatro temas propuestos para dar inicio al primer Consistorio:
En el Consistorio se priorizaron los dos primeros, pero todos los cuatro temas están interconectados y todos son importantes en el corazón del Santo Padre.
P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?
R.- La lectura permanente de los signos de los tiempos, que fue propuesta desde la enseñanza del Concilio Vaticano II, está a la base de la espiritualidad de la Iglesia para poder ser servidora del ser humano concreto, del ser humano en su contexto histórico. Esa lectura actualizada de los signos de los tiempos le permite a la Iglesia, Pueblo de Dios en camino, descubrir la presencia de los signos del Reino y también las sombras que le impiden brillar. El discernimiento personal y el discernimiento comunitario es la actitud que permite ver la novedad de Dios en cada momento, y, de allí mismo, brota la “novedad”. Por ejemplo, si tomamos las preguntas de los numerales 10 y 11 de la constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, sobre la Iglesia en el mundo, tendremos allí unos horizontes que hoy en el siglo XXI debemos atender con la novedad del Espíritu Santo, porque es el Espíritu el que hace “nuevas todas las cosas”: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal? ¿Qué piensa del hombre la Iglesia? ¿Qué criterios fundamentales deben recomendarse para levantar el edificio de la sociedad actual? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? Como podemos ver las preguntas abordan las realidades más profundas, que son las mismas de hace 60 años, pero con contextos nuevos.
Cardenal Luis José Rueda
P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?
R.- Podemos enunciar algunas de las tormentas que nos urge afrontar con valentía, siguiendo las enseñanzas de la Bula de convocación del Jubileo, ‘Spes non confundit’:
-El creciente armamentismo, la tragedia de la guerra, y la brutalidad de todas las formas de violencia: como la violencia sexual, la violencia contra la mujer, la violencia intrafamiliar, la violencia de las palabras, la violencia contra la Casa común, la violencia en las redes sociales, la violencia contra los migrantes, la violencia con motivaciones pseudo religiosas.
-El hambre a nivel mundial y el desperdicio de alimentos: el dolor de constatar que miles de personas mueren de hambre en el mundo, a causa del cambio climático, las guerras, la inequidad estructural, la indiferencia con los más pobres.
-La pérdida del deseo de transmitir la vida humana, de cuidarla y de dignificarla: a causa de los ritmos frenéticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones, se asiste en varios países a una preocupante disminución de la natalidad.
P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?
R.- Cuando el pueblo de Dios conoce y ama la Sagrada Liturgia comienza una renovación profunda en la vida cristiana de las personas y de las comunidades, y se redescubre la Sagrada liturgia de la Iglesia como un gozoso encuentro con Cristo vivo y con las personas como presencia de Cristo. Nos ilumina el numeral 7 de la constitución del Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia:
-Cristo está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas.
-Cristo está presente con su fuerza en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza.
-Cristo está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla.
-Cristo está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt, 18, 20).Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo vivo y presente en su pueblo peregrino.
Al terminar el Consistorio nos acercamos para agradecerle a León XIV, porque en esa misma semana comenzó un nuevo ciclo de catequesis en las audiencias de los miércoles, cuyo tema será los documentos del Concilio Vaticano II. Si queremos buscar una clave para ver el horizonte que está marcando el pontificado en su primer año, tendremos que decir que esa clave es la recepción e implementación del Magisterio del Concilio Vaticano II en la vida y misión de la Iglesia de nuestro tiempo.