El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, en la Almudena
El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.
PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: “De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?”.
RESPUESTA.- Las prioridades han quedado definidas en este consistorio extraordinario. El Santo Padre, que desde el principio mostró su disposición a escuchar, planteó cuatro temas al Colegio Cardenalicio. Después de una votación, fue decidido dar prioridad a la sinodalidad y a una relectura de ‘Evangelii gaudium’.
Siendo conscientes de que pueden surgir otros temas, dado que el papel de los cardenales es ayudar al Papa en su discernimiento, esos dos serían las prioridades en los próximos meses. Una decisión que muestra la continuidad que en estos primeros momentos quiere llevar a cabo León XIV con el pontificado de Francisco.
P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?
R.- Más que hablar de realidades que están naciendo, sería más oportuno hablar de dar continuidad al Magisterio de la Iglesia, especialmente de las propuestas del Concilio Vaticano II. Concretar las enseñanzas del último Concilio ecuménico y los desdoblamientos posteriores sería el mejor modo de acoger la novedad que pide León XIV.
El actual pontífice es un entusiasta del Vaticano II, como podemos comprobar en las catequesis de los miércoles que está llevando a cabo. Los temas abordados en el consistorio extraordinario ponen de manifiesto que ese es el camino que León XIV quiere implementar para avanzar en los procesos evangelizadores que hoy deben ser llevados a cabo como Iglesia.
P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?
R.- No se puede hablar de tormenta, en singular. La diversidad de situaciones con las que nos deparamos en el día a día y la universalidad de la Iglesia, inserta en realidades culturales tan diversificadas, deben llevarnos a incidir más en las actitudes que en realidades concretas a afrontar.
En la Iglesia, la valentía es condición necesaria para hacer realidad la profecía. Una Iglesia que descuida su dimensión profética se queda coja. Por otro lado, ser fieles a la verdad revelada es algo que nos aproxima de Dios y que, al mismo tiempo, genera la necesaria comunión en la Iglesia.
P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?
R.- Las reformas litúrgicas han acompañado la vida de la Iglesia a lo largo de la historia. El objetivo común siempre es reavivar la celebración litúrgica y ayudar al pueblo de Dios a descubrir las mediaciones que la propia liturgia nos ofrece para una mejor presencia de lo sagrado en las diversas celebraciones.
Las reformas litúrgicas son fruto de la reflexión de la propia Iglesia y han sido aprobadas por los pontífices. Respetando situaciones concretas y especiales, la aprobación de los papas garantiza su legitimidad y desaconseja cualquier tentativa de implementar esas soluciones nostálgicas.