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Harold Anthony Perera: “La Iglesia de Sri Lanka vive con espíritu de vecindad”

Harold Anthony Perera, presidente del Episcopado de Sri Lanka. Foto: ACN

El presidente de la Conferencia Episcopal de Sri Lanka sabe lo que es una Iglesia pobre y para los pobres. No puede ser de otra manera en un país donde la exclusión severa atrapa al 24,5% de la población. Un drama estructural que se ve azotado por las catástrofes naturales, a las que el obispo Harold Anthony Perera ha tenido que hacer frente, primero en la Diócesis de Galle, tras el tsunami de diciembre de 2024, y ahora en Kurunegala, que sufre habitualmente inundaciones (las últimas, semanas atrás, dejaron en la zona nueve muertos y 24 desaparecidos).



Una entrega que lleva a cabo en un mano a mano con el resto de confesiones cristianas, pero también con los líderes de otras religiones en un país donde el budismo lo profesan siete de cada diez ciudadanos.

Realidad local

PREGUNTA.- La Diócesis de Kurunegala es una de las más grandes del país. ¿Qué realidades enfrentan los católicos bajo su cuidado?

RESPUESTA.- La comunidad católica diocesana es de casi 56.000 personas. Tiene un carácter misionero, ya que está ubicada en una región rural donde la mayoría de la población se dedica a la agricultura. Hay una serie de realidades que influyen en el territorio. Por un lado, hay budistas, musulmanes e hindúes, con los que coexistimos. Por otra, la pobreza afecta la vida cotidiana de la gente debido a los problemas económicos y a la inestabilidad climática. Los agricultores se enfrentan a la escasez de fertilizantes, a sequías e inundaciones monzónicas. El caos político del pasado también ha afectado considerablemente el crecimiento de la región.

A nivel comunitario, las tecnologías modernas han llegado a las aldeas y han cautivado a los jóvenes, lo que dificulta la vida familiar. Además, el rol de la madre se ha perdido por las migraciones de muchas de ellas para conseguir empleos en el extranjero. La Iglesia se adapta a estas realidades, leyendo el signo de los tiempos y escuchando el pulso de los pueblos.

P.- Su Iglesia local tiene casi 40 años. ¿Cómo ha ido madurando?

R.- Se erigió en 1987 tras separarse de Chilaw, la diócesis madre, percibiendo la naturaleza cultural de la gente de esta región con respecto a sus necesidades, costumbres y valores, que la distinguen de los católicos de la franja costera de la provincia noroccidental. En su creación solo contaba con 18 parroquias, 16 sacerdotes y 30 religiosos que atendían a 36.000 católicos. Actualmente, hay 37 parroquias, 69 sacerdotes y 74 religiosos.

Se han creado nuevos conventos y congregaciones, iglesias, casas de misión, salones parroquiales, centros de catequesis y de apostolado social, y cinco sacerdotes se dedican a la enseñanza en escuelas públicas. Todo ello, gracias especialmente a la ayuda financiera de benefactores extranjeros y locales. Los sacerdotes son activos y los líderes laicos trabajan en estrecha colaboración con sus párrocos.

Pobreza

P.- La situación de pobreza en el país es grave. ¿Cómo se plantea la pastoral social?

R.- Según las estadísticas, el nivel de pobreza en Kurunegala es relativamente alto. La tasa de pobreza es del 10,7% de la población. La participación de la Iglesia en la lucha contra la pobreza y el trabajo por el desarrollo humano es histórica y se considera una dimensión social de la institución.

Harold Anthony Perera, presidente del Episcopado de Sri Lanka. Foto: ACN

Cáritas Kurunegala, en colaboración con Cáritas Sri Lanka y la propia Conferencia Episcopal, han lanzado diversos programas de desarrollo, como proyectos comunitarios, huertos familiares, ganadería (granjas avícolas, caprinas y bovina), agricultura, purificación de agua, proyectos de conservación ambiental, producción de fertilizantes carbónicos, gestión de residuos, seguridad alimentaria, educación preescolar, migración segura, agricultura sostenible, apoyo a la subsistencia, preparación ante desastres, programas de sensibilización y empoderamiento… Nos preocupamos especialmente por los pacientes con talasemia y cáncer. Atendemos a miles de personas, independientemente de su casta o credo.

P.- ¿Cómo es el vínculo cotidiano con el resto de confesiones?

R.- El diálogo interreligioso es fundamental para la Iglesia, ya que facilita el intercambio y compartir valores comunes, profundizando así en nuestro compromiso. Dios mismo dialoga constantemente con el ser humano en diferentes contextos. Hemos comprendido bien la multietnicidad y la multirreligiosidad. Si hablamos de otras Iglesias, podemos decir que hemos construido una fuerte unidad entre los cristianos; por ejemplo, con los anglicanos o la Iglesia de Ceilán.

Nos reunimos en plataformas donde podemos participar activamente en compromisos unificadores como vías de convergencia, evitando poner el foco en las divergencias. Nos reunimos en ordenaciones, vigilias de oración, festivales de villancicos y otras acciones sociales.

Sin prejuicios

P.- ¿Intervienen de alguna manera en los conflictos entre budistas e hindúes?

R.- Vivimos en un país donde más del 90% de nuestros hermanos y hermanas profesan otras religiones. No tenemos prejuicios hacia los demás. Nuestra gente vive con un espíritu de vecindad abierta, compartiendo sus alegrías y tristezas, sus problemas y dificultades. Nuestros laicos conviven en paz y armonía en sus reuniones diarias, lugares de trabajo, eventos y ocasiones sociales.

No existe ningún conflicto entre budistas e hindúes como tal. Tras 30 años de guerra civil, se han iniciado numerosos proyectos de desarrollo en el norte y el este, y se están llevando a cabo programas para sanar las heridas. Se realizan esfuerzos para minimizar los problemas relacionados con la tierra y los desplazamientos de personas. La Iglesia desempeña un papel importante de manera particular, ya que incluye a ambas razas: tamiles y cingaleses.

Fotos: ACN.

Misa en Sri Lanka. Foto: ACN

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