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¿Groenlandia en manos de Trump? Para Dios nadie es “demasiado pequeño”

| 14/01/2026 - 10:13

  • La reducida comunidad católica (el 1% en un país mayoritariamente luterano) apela a la “dignidad” de su pueblo frente a la rapiña de Estados Unidos
  • El párroco de Nuuk comparte con Vida Nueva las preguntas que se hacen los fieles: “¿Qué nos va a pasar? ¿Se respetarán nuestra cultura y nuestro modo de vida?”





Desde el principio de su segundo mandato, hace más de un año, el presidente estadounidense, Donald J. Trump, tiene entre ceja y ceja Groenlandia, insistiendo en que su país “necesita” la isla ártica. Tanto por las llamadas materias raras que hay bajo su hielo (cada vez más accesibles por el derretimiento de los polos como consecuencia del cambio climático) como por su situación estratégica, viendo con temor cómo China y Rusia tienen una posición cada vez más preponderante en la zona.



Pero, en las últimas semanas, la tensión se incrementa ante su incontrolable verborrea, afirmando Trump que o compra la isla (dice estar dispuesto a pagar hasta 100.000 euros a cada uno de sus 57.000 habitantes) o la toma “por la fuerza”. Todo un desafío a Dinamarca, miembro de la Unión Europea y de la OTAN al que pertenece Groenlandia. Mientras las autoridades danesas y groelandesas suman fuerzas y reafirman su soberanía, el mandatario republicano ha ridiculizado al primer ministro local, Jens-Frederik Nielsen (“no sé quien es”) y ha insistido en que no descarta la vía militar, pues asegura que su objeto de deseo es defendido “por dos trineos tirados con perros”.

Son 500 fieles

En plena crisis, Vida Nueva contacta con el franciscano Tomaz Mazjen, sacerdote al frente de la Parroquia Cristo Rey en Nuuk, capital de Groenlandia, y que congrega a unos 500 fieles, muchos de ellos filipinos. De hecho, suponen la práctica totalidad del catolicismo local, que asciende al 1% en un país abrumadoramente luterano.

Consternado, el párroco no es indiferente a “las recientes declaraciones del presidente Trump y a los renovados rumores sobre la anexión”. Eso sí, “diría que el sentimiento predominante entre la gente aquí no es el pánico, sino una tranquila inquietud mezclada con fatiga. Los groenlandeses están acostumbrados a que otros (a menudo muy lejanos) hablen de ellos sin escucharlos realmente. Estas declaraciones reabren viejas heridas relacionadas con la historia colonial y despiertan el temor de volver a ser objeto, en lugar de sujeto, de las decisiones”. Para muchos, considera Mazjen, “no se trata principalmente de una cuestión geopolítica, sino profundamente humana: el miedo a perder la dignidad, la voz y el derecho a decidir sobre el propio futuro”.

Primeros ministros de Groenlandia y Dinamarca

Algo que tiene eco “en nuestra parroquia, que es pequeña pero muy internacional, y donde estas preocupaciones están presentes en las conversaciones después de la misa, durante el café y en las visitas pastorales. La gente hace preguntas sencillas pero profundas: ‘¿Qué nos va a pasar? ¿Se respetarán nuestra cultura y nuestro modo de vida? ¿Podrán sobrevivir las pequeñas comunidades frente a los intereses de las grandes potencias?’. Como sacerdote, siento que mi primera tarea no es dar respuestas políticas, sino ofrecer un espacio donde se puedan expresar en voz alta estos temores y compartirlos juntos”.

Fieles a la verdad

A nivel espiritual, “este momento también se ha convertido en un tiempo de oración más profunda. A menudo volvemos al tema bíblico de que Dios escucha especialmente a los pequeños, a los olvidados y a los marginados. Groenlandia puede parecer insignificante en el mapa mundial, pero, a los ojos de la fe, ningún pueblo ni ninguna tierra son ‘demasiado pequeños’. Nuestra comunidad encuentra fuerza en la creencia de que Dios camina con nosotros en la incertidumbre y nos pide que permanezcamos fieles a la verdad, la paz y el respeto por la dignidad humana”.

Personalmente, “al vivir y servir aquí como sacerdote, recuerdo a diario que el papel de la Iglesia es tender puentes, no levantar muros. En una época de declaraciones altisonantes y retórica fuerte, el Evangelio nos llama a calmar las voces, a escuchar con paciencia y a tener una esperanza que no sea ingenua, sino que esté arraigada en la confianza. No sabemos cómo evolucionará la situación política, pero sí que el miedo no debe tener la última palabra. La fe, la solidaridad y el respeto deben seguir siendo más fuertes”.

Fuerzas navales de la OTAN en Groenlandia

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