Aunque se ha levantado una medida cautelar de alejamiento, las cismáticas no pueden “violar la clausura” de otros monasterios
Dos ex clarisas de Belorado pasean por el hospital de Basurto
A primera hora de la mañana de hoy, el equipo de comunicación del grupo cismático de Belorado se congratulaba de que el juzgado de Bilbao había “revocado y anulado la orden de alejamiento” que pesaba sobre ellas respecto al grupo de clarisas ancianas. De esta manera quedaban sin efectos las medidas acordadas en un auto del 23 de diciembre en el que les prohibieron aproximarse a ellas. Esta decisión coincidió en el tiempo con los intentos que protagonizaron al intentar colarse en el hospital de Basurto. En el centro médico tuvieron que ser ingresadas tres de las cinco monjas mayores -una de ellas falleció el 9 de enero-, debido al estado de salud en el que fueron encontradas en el convento de Orduña.
“Las monjas celebran la decisión, que consideran un punto de inflexión en la crisis relacionada con las monjas mayores”, aseguraba Francisco Canals, jefe de Prensa de las Monjas de Belorado.
Sin embargo, desde la Oficina del Comisario Pontificio del Arzobispado de Burgos aclaran que estas medidas de alejamiento “se dictaron en el seno de un procedimiento penal, al estar investigadas las exreligiosas por delitos de coacciones, trato degradante y otros delitos”. “Las hermanas mayores tenían (y siguen teniendo) la condición de posibles víctimas de estos delitos”, aclaran en un comunicado.
De esta misma manera, se detalla que las “medidas de alejamiento trataban de proteger a las hermanas mayores durante el tiempo de la hospitalización, dada la fragilidad de la situación en la que se encontraban”. Al salir del hospital, las medidas desaparecen en tanto que las ancianas ya “están protegidas dentro del monasterio”.
En cualquier caso, si alguna de las cismáticas se presentara en alguno de los conventos donde residen ahora las cuatro monjas mayores, ¿podrían verlas? El Arzobispado de Burgos recuerda que la entrada en los monasterios está regulada por el Derecho canónico: “La clausura papal es inviolable para terceros, ajenos a la comunidad que habita en el Monasterio”.
“Es la abadesa la que debe velar por el cumplimiento de esta clausura. Y si observase alguna intención de violar la clausura, está legitimada para ponerlo en conocimiento de la autoridad competente”, exponen.