La prensa norteamericana apunta negociaciones durante las Navidades con Rusia y la Santa Sede para dar una salida al dictador chavista
Mientras toda la Iglesia se preparaba para celebrarla Misa del Gallo, los planes estratégicos de los Estados Unidos pasaban por intervenir de alguna manera en la crisis venezolana abierta por el chavismo. Antes de llegar a la decisión de la operación militar que acabó con el presidente (dictados) Nicolás Maduro, con su esposa Cilia Flores, en los Estados Unidos, hubo muchos movimientos diplomáticos.
En esta actividad sigilosa, según ‘The Washington Post’, a la Santa Sede. A partir de documentos del Gobierno de los Estados Unidos el periódico, que frecuentemente es crítico con el Vaticano, asegura que el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin “convocó urgentemente a Brian Burch, embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, para solicitar detalles sobre los planes estadounidenses en Venezuela”.
Para el periódico estadounidense, la diplomacia pontificia quería ayudar a ofrecer una salida al dictador chavista. Según la versión de la administración Trump “durante días, el influyente cardenal italiano —nuncio apostólico en Caracas de 2009 a 2014— había intentado ponerse en contacto con el secretario de Estado Marco Rubio… en un intento desesperado por evitar el derramamiento de sangre y la desestabilización en Venezuela”. Algo que se habría tratado con el activista católico Burch, quien tras la operación estadounidense se apresuró a valorar las palabras del papa León XIV sobre Venezuela. Desde su entorno transmiten que Parolin habría afirmado que “Rusia estaba dispuesta a conceder asilo a Maduro y pidió a los estadounidenses que tuvieran paciencia para convencer” al presidente venezolano de que aceptara –aseguran frente otras informaciones que apuntaban a Turquía, como difundió ‘The New York Times’ poniendo la fecha de este rechazo el 23 de diciembre–. Para el diario “parte de esa petición era que Putin garantizara la seguridad”.
A partir de la información del diario de Washington, el Vaticano respondió con una nota señalando que “es decepcionante que se hayan divulgado partes de una conversación confidencial que no reflejan con exactitud el contenido de la misma, que tuvo lugar durante el periodo navideño”. Del departamento de Marco Rubio o del Kremlin no han obtenido reacciones. La única información oficial hasta el momento es la conversación entre Rubio y Parolin del pasado 7 de enero.