El pontífice preside el primer sacramento de la iniciación cristiana a los hijos de algunos trabajadores del Vaticano
El papa León XIV ha vuelto a la Capilla Sixtina para celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor presidiendo la eucaristía y bautizar algunos niños de empleados del Vaticano. En la celebración que cierra el tiempo litúrgico de Navidad, han recibido el bautismo Matilde Maria Agata, Federico, Caterina Inti, Cristopher Francesco, Chiara, Damiano, Marcello, Flavio, Viola, Giuseppe Mattia, Simona, Beatrice, Davide Maria Beatrice, Niccolò, Mattia, Leonardo, Matteo, Vittoria y Mattia –fundamentalmente italianos–. Durante el rito propiamente dicho, al Papa se le escapó decir “¡Qué concierto!” –una expresión empleada siempre por Francisco en estas ocasiones– ante los lloros de los pequeños en la capilla.
“Cuando el Señor entra en la historia, sale al encuentro de la vida de cada uno con el corazón abierto y humilde. Él busca nuestra mirada con la suya, llena de amor, y dialoga con nosotros revelándonos al Verbo de la salvación”, comenzó señalando el Papa en su homilía. Comentando la escena del Bautismo de Jesús, León XIV destacó que “como luz en las tinieblas, el Señor se deja encontrar allí donde no lo esperamos: es el Santo entre los pecadores, que quiere habitar en medio de nosotros sin mantener distancias, sino asumiendo plenamente todo lo que es humano”.
Para el Papa, “en su infinita misericordia, el Padre nos hace justos por medio de su Cristo, el único Salvador de todos”. El bautismo es “un signo nuevo de muerte y resurrección, de perdón y de comunión. Este es el sacramento que celebramos hoy para estos niños; que Dios los ama, y se convierten en cristianos, en nuestros hermanos y hermanas”. Los niños, destacó, “ahora reciben también el sentido para vivir la vida: la fe” y es que “cuando sabemos que un bien es esencial, enseguida lo buscamos para aquellos a quienes amamos”, añadió. “Si el alimento y el vestido son necesarios para vivir, la fe es más que necesaria, porque con Dios la vida encuentra la salvación”, reivindicó.
Además, añadió, “el Bautismo, que nos une en la única familia de la Iglesia, santifique en todo momento a todas sus familias, otorgando fuerza y constancia al afecto que los une”. Así lo expresan los elementos del ritual del bautismo: “el agua de la fuente es el baño en el Espíritu, que purifica de todo pecado; la vestidura blanca es el traje nuevo que Dios Padre nos concede para la fiesta eterna de su Reino; la vela encendida del cirio pascual es la luz de Cristo resucitado, que ilumina nuestro camino”.