El Papa ha presidido, en San Pedro, la madrugadora misa del consistorio extraordinario de cardenales
León XIV preside la misa del consistorio extraordinario de cardenales
“No estamos aquí para promover agendas —personales o grupales—, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera y que solo puede venir del Señor”. Bajo esta premisa, León XIV ha guiado su homilía en la misa que ha presidido a primera hora en San Pedro para los 245 cardenales que asisten al primer consistorio extraordinario de este pontificado.
En un sermón en el que el Papa ha llamado a la unidad y a trabajar juntos recordando textos de san Agustín, Juan Pablo II y Francisco, el Pontífice ha señalado también que esta asamblea es “un momento de gracia en el que expresamos nuestra unión al servicio de la Iglesia”.
“Todos nosotros hemos suspendido durante un tiempo nuestras actividades y renunciado a compromisos importantes para reunirnos y discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo. Esto es en sí mismo un gesto muy significativo, profético, especialmente en el contexto de la sociedad frenética en la que vivimos”, ha indicado Robert Francis Prevost al comienzo de su alocución.
De hecho, “recuerda la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire”, ha proseguido.
Por eso, “es importante que ahora, en la Eucaristía, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreciéndolos al Padre en unión con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un único pan”.
Y es que “solo así sabremos realmente escuchar su voz, acogiéndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el que nos hemos reunido”.
Para León XIV, “nuestro Colegio cardenalicio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia”.
Según el Papa, este consistorio es, “ante todo, un gran acto de amor —a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo— con el que dejarnos moldear por el Espíritu, primero en la oración y en el silencio, pero también mirándonos a los ojos, escuchándonos unos a otros y haciéndonos voz, a través del compartir, de todos aquellos que el Señor ha confiado a nuestro cuidado como pastores”.
Y ha aseverado: “Un acto que hay que vivir con corazón humilde y generoso, conscientes de que es por gracia que estamos aquí y no hay nada de lo que tenemos, que no hayamos recibido como don y talento que no se debe desperdiciar, sino emplear con prudencia y valentía”.
León XIV preside la misa del consistorio extraordinario de cardenales
Al término de su reflexión, el Pontífice ha dejado claro que “no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar. Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente —y en particular ayudar al Papa— a encontrar los cinco panes y los dos peces que la Providencia nunca hace faltar cuando sus hijos piden ayuda”.
Así, ha concluido con un agradecimiento a todos los purpurados: “Lo que ustedes ofrecen a la Iglesia con su servicio, a todos los niveles, es algo grande y extremadamente personal y profundo, único para cada uno y valioso para todos”.