Este año académico los centros ya han implantado las últimas leyes educativas, pero siguen teniendo amplios retos
De forma escalonada se van incorporando los alumnos de las distintas autonomías al nuevo curso escolar 2025-2026. También en las escuelas católicas de España se vuelve a las aulas y ya sin necesidad de implicar nuevas leyes, con la excepción de las reformas pendientes de la nuevo Formación Profesional, estas son las 3 asignaturas pendientes de la escuela católica al comienzo del nuevo curso.
La situación de los conciertos educativos y la percepción social hacen que las escuelas católicas, en continua bajada de natalidad, cada vez establezcan planes de sostenibilidad que va más allá de lo económico. Muchos de los centros ya forman parte de fundaciones o equipos de titularidad, pero más delicado es en muchos casos mantener la identidad de equipos directivos y profesores, algo que influye directamente en la significatividad de la propia escuela católica. La propuesta cristiana se transmite con personas dispuestas a hacer llegar sus valores en medio de una sociedad cambiente.
La instrucción vaticana de 2022 sobre ‘La identidad de la escuela católica’ señala que “el educador laico católico en las escuelas y en particular en las católicas realiza una tarea que encierra una insoslayable profesionalidad, pero no puede reducirse a ésta. Está enmarcada y asumida en su sobrenatural vocación cristiana. Debe, pues, vivirla efectivamente como una vocación” (núm. 24). La vocación puede pasar deslucida en una escuela en la que desaparecen los religiosos y religiosas de sus patios y aulas. El compromiso de las nuevas generaciones de laicos es clave para transmitir y actualizar la identidad de la escuela.
La gran apuesta de la escuela católica es por la educación integral para potenciar todas las dimensiones de la persona, sin excluir la trascendencia. Por ello, siempre está el reto de ser una “escuela total”, desde una perspectiva personalizadora a través de interacciones múltiples con todo el universo de realidades que nos rodean. Por lo tanto, la escuela no puede estar desconectada de la sociedad a la que son proyectados sus alumnos.