Y el hijo anglicano del cura cantó en la ordenación de su padre…

Sacerdote católico, antes anglicano, casado

En noviembre de 2009, Benedicto XVI publicó por sorpresa ‘Anglicanorum coetibus’, una constitución apostólica con la que autorizaba la creación de ordinariatos para comunidades de fieles anglicanos que, conservando ciertos elementos de su tradición, pudieran pasar a estar en total comunión con Roma. Más de diez años después, ¿cuál ha sido el caminar de estos ordinariatos? Por ahora, se han creado varios de ellos Estados Unidos, Canadá, Australia o el propio Reino Unido. Significativamente, en el país que ha sido cuna del anglicanismo, desde la ruptura de Enrique VIII con el Papa para poder casarse con Ana Bolena, destaca el Ordinariato Nuestra Señora de Walshingham, al que ya pertenecen unos 100 sacerdotes que antes fueron pastores anglicanos (en 2011 entraron 60 en bloque y, durante este tiempo, han ido ordenándose otros 40), seguidos de centenares de fieles.



Un momento significativo se dio en noviembre, con una misa en la londinense iglesia Most Precious Blood, con la que el cardenal Vincent Nichols, primado inglés, celebró esta década de recorrido de los ordinariatos. En un ambiente celebrativo (acudieron de todo Reino Unido sacerdotes y laicos convertidos al catolicismo desde el anglicanismo en estos años), el purpurado recalcó que esta estructura eclesial es un auténtico hogar, no una “casa intermedia”. Y es que “sus miembros son miembros de pleno derecho de la Iglesia católica”. Eso sí, “con un llamado especial”, el de ser “puente” entre todos los cristianos.

Un camino largo y complejo

En el ordinariato londinense nos encontramos con Simon Chinery, quien fue durante muchos años pastor anglicano, conjugando esta condición con la de ser un hombre casado y padre de familia. Su caminar hasta convertirse en un sacerdote católico ha sido largo y complejo. “Durante muchos años –relata a Vida Nueva–, había creído que la Iglesia católica era la expresión más completa de la Iglesia, pero creía que mi llamado era trabajar para acercar las dos comunidades. En la década de 80, cuando mi fe maduró, hubo un gran optimismo de que podría haber algún tipo de reconciliación, pero esas esperanzas se vieron frustradas por una serie de decisiones tomadas por la Iglesia de Inglaterra desde la década de 1990 en adelante”. “Me había quedado claro –prosigue– que el rechazo de la Iglesia de Inglaterra a la autoridad de la Tradición de la Iglesia y su insistencia en su derecho a escribir su propia doctrina significaba que sería muy difícil mantener una presencia católica dentro de la Iglesia anglicana”.

Fue así como llegó el día que lo cambió todo: “El 20 de octubre de 2009, precisamente en mi 25º aniversario de boda con Jean, se supo lo que pensaba el papa Benedicto XVI respecto a los ordinariatos. A Jean y a mí nos parecía obvio que esto era algo que necesitábamos explorar”.

Desencanto por las reformas

“Durante mucho tiempo –reflexiona–, los anglicanos de mentalidad católica habían estado considerando cómo podrían permanecer fieles a sus creencias en una Iglesia que se alejaba de la fe común de las Iglesias tradicionales de Oriente y Occidente. Se habían propuesto una serie de estructuras dentro de la Iglesia de Inglaterra y, por supuesto, muchos sacerdotes anglicanos se habían ido individualmente para unirse a la Iglesia católica… En algunas diócesis católicas la mitad de los sacerdotes son antiguos anglicanos”.

En este contexto, destaca Chinery, es en el que llegó la noticia del proyecto de Ratzinger: “Había un gran interés en el proyecto del Papa, y más de cien sacerdotes asistieron a reuniones para analizar la propuesta. Lamentablemente, muchos otros sacerdotes que habían hablado durante mucho tiempo sobre convertirse en católicos no fueron lo suficientemente valientes como para dar el paso; significaba renunciar a su hogar y a la garantía del apoyo financiero para uno y su familia. Hubo cierta amargura entre aquellos sacerdotes y personas que se quedaron cuando otros 60 sacerdotes y entre 30 y 40 congregaciones abandonaron la Iglesia de Inglaterra en febrero de 2011”.

Diversos grados de aceptación

Dentro del catolicismo, tampoco fue todo un camino de rosas… “En términos de la Iglesia católica, la respuesta fue diversa. Si bien hubo un gran entusiasmo inicial en general, algunos de los obispos no estaban contentos de que Roma hubiera puesto esto en práctica sin consultarles. A muchos de ellos no les gustó la idea de tener sacerdotes y laicos viviendo y adorando en su territorio, sin autoridad ni control. Además, algunos sacerdotes católicos parecían pensar que el proceso se había hecho demasiado ‘fácil’ para nosotros y algunos, en el ala más liberal de la Iglesia, estaban descontentos por la afluencia de un clero en gran parte teológicamente conservador”.

A un nivel más concreto, admite Chinery, “a muchos obispos y congregaciones les resultó difícil tratar con el clero casado de manera personal, a pesar de que habían sido un hecho de la vida en la Iglesia católica aquí durante más de 20 años. Otros clérigos y congregaciones fueron muy acogedores, especialmente si tenían experiencia previa de clérigos convertidos y casados”.

Seis esposas y 18 hijos

A nivel personal, para él fue algo más sencillo: “Tuve la suerte de ser uno de los siete sacerdotes en la misma área que eligió unirse al Ordinariado. Seis de nosotros estábamos casados y tres tenían familias jóvenes, así que seis esposas y 18 niños fueron recibidos junto a nosotros, además de unos 80 miembros de nuestras congregaciones; lo cual significaba que había mucho apoyo local durante el proceso”.

En ese camino, fue clave un liderazgo claro: “El ordinario, monseñor Newton, trabajó increíblemente duro para encontrar alojamiento y puestos para apoyarnos a nosotros y a nuestras familias, pues, aunque algunas diócesis fueron muy comprensivas, otras lo fueron menos. Esto significaba que algunos de nuestros sacerdotes estaban ubicados a una gran distancia de sus comunidades, lo que impedía que estas florecieran tanto como podrían haberlo hecho. El ordinario continúa brindando apoyo práctico a aquellos sacerdotes que lo necesitan y, con la ayuda de Roma, ha tenido éxito al trasladar a algunos de nuestros sacerdotes y a sus familias a iglesias y lugares más adecuados”.

Falta de medios y apoyos

Con todo, echa en falta más medios y apoyos: “Ahora tenemos un centenar de sacerdotes (más que muchas diócesis), pero recursos muy limitados para apoyarlos, por lo que nuestra gente se extiende por toda Inglaterra, Gales y Escocia. Esto, a veces, puede dejar a los individuos sintiéndose bastante aislados”.

Las últimas palabras de Chinery son de agradecimiento a su familia: “Llegué al sacerdocio católico más tarde en mi vida, por lo que mis hijos ya no viven en casa. Evidentemente, mi situación es muy diferente a la de algunos de mis colegas, ¡que tienen cuatro, cinco e incluso diez hijos! Mi esposa, Jean, ha sido muy solidaria en todo momento, a pesar de que esto ha significado dejar a un lado su carrera, ya que me trasladaron cinco veces en mis nueve años como sacerdote católico. Mi hijo Matthew continúa trabajando para la Iglesia anglicana y sigue siendo anglicano, pero también estuvo detrás de mi decisión y, de hecho, cantó en la misa de ordenación, en la catedral de Plymouth”.

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