El Papa, durante la audiencia general: “La mansedumbre une, mientras que la ira separa”

  • Francisco dedica su catequesis a la tercera de las Bienaventuranzas y destaca que la persona mansa no es “cobarde” sino alguien que “defiende su paz y su relación con Dios y con sus dones”
  • “No hay tierra más hermosa que el corazón del prójimo ni territorio más bello que ganarse que reencontrar la paz con el hermano. ¡Esa es la tierra a heredar!”, destaca el Pontífice

El papa Francisco en la audiencia general del 14 de noviembre de 2018

“No hay tierra más hermosa que el corazón del prójimo ni territorio más bello que ganarse que reencontrar la paz con el hermano. ¡Esa es la tierra a heredar!”. En la audiencia general que presidió este miércoles en el Aula Pablo VI del Vaticano, el papa Francisco interpretó con estas palabras la tercera de las Bienaventuranzas, que dice: “Felices los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.



El Pontífice volvió a dedicar su catequesis a este pasaje del Evangelio de san Mateo describiendo cuándo se considera que una persona es mansa: “Nos referimos a que es dócil, suave, afable, a que no es violenta ni colérica”. Esta mansedumbre se manifiesta sobre todo “en los momentos de conflicto, cuando estamos ‘bajo presión’, cuando somos atacados, ofendidos, agredidos”. Esta cualidad, que se ve “fuertemente” en Jesús durante la Pasión, “une”, mientras que la ira “separa”.

La tercera de las Bienaventuranzas habla también de que serán las personas mansas las que “heredarán la tierra”. Para Jorge Mario Bergoglio el verbo ‘heredar’ tiene un significado que va más allá de la posesión de un determinado territorio, pues esa tierra es “una promesa y un don para el Pueblo de Dios”. “Es el Cielo, hacia donde caminamos como discípulos de Cristo, promoviendo la paz, la fraternidad, la confianza y la esperanza”, subrayó.

Mansos, no cobardes

El manso que heredará el “más sublime de los territorios” no es “un cobarde” ni alguien que se esconde de los problemas, sino el que “defiende su paz, su relación con Dios y con sus dones, custodiando la misericordia, la fraternidad, la confianza y la esperanza”.

Lo contrario de la mansedumbre es la ira. “En un momento de cólera se puede destruir todo lo que se ha construido; cuando se pierde el control, se olvida lo realmente importante, y esto puede arruinar la relación con un hermano, muchas veces sin remedio”, dijo Francisco, reconociendo que “todos nos hemos enfadado alguna vez” e invitando a los fieles y peregrinos presentes a preguntarse “cuántas cosas hemos destruido con la ira”. Esta “separa” y provoca que “muchos hermanos ya no se hablen y se alejen unos de otros”.  

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