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Jaime Tatay: “En la COP25 habrá una mezcla de convicción sincera y de oportunismo político”

Jaime Tatay, jesuita

“En círculos no confesionales se percibe cada vez más a la Iglesia como un aliado clave, como un actor que puede realizar una contribución significativa y única en el proceso de transformación social que precisamos”. Así lo considera Jaime Tatay, ingeniero de Montes y miembro de Ecojesuit, plataforma de comunicación y promoción de la ecología de la Compañía de Jesús. El jesuita y también profesor de la Universidad Pontificia Comillas participa el jueves 5 de diciembre en el foro ‘La cumbre del cambio climático y el cuidado de la Casa común’, que se celebrará en el auditorio de la Fundación Pablo VI.



PREGUNTA.- La Cumbre del Cambio Climático pondrá durante 10 días el foco en la cuestión medioambiental. ¿Es ‘postureo’ o realmente la preocupación social es tan indiscutible que los jefes de Estado van a verse obligados a tomar serias medidas?

RESPUESTA.- Es peligroso generalizar en un encuentro tan multitudinario como el de la COP25. Como sucede casi siempre en estos foros, habrá algo de ambas cosas: una mezcla de convicción sincera y de oportunismo político. Es innegable que la mayoría de los gobiernos, de las empresas y de los ciudadanos han tomado conciencia de la gravedad y la urgencia de esta cuestión. Ahora bien, eso no significa que todos vayan a transformar esa preocupación en acciones concretas e inmediatas. Mientras unos ya están haciendo cambios en su manera de gestionar, producir, consumir o planificar; otros aprovechan para hacer un ejercicio de ‘maquillaje verde’ o ‘postureo’, es decir para no cambiar nada. Mi esperanza es que, incluso en este segundo caso, se puedan iniciar cambios de dirección que lleven a transformaciones más profundas a largo plazo, aunque al principio sea por imitación, por vergüenza o por puro cálculo comercial. No debemos despreciar ninguna palanca del cambio social.

P.- ¿Qué puede aportar un documento como ‘Laudato si” al debate de estas semanas?

R.- Puede aportar mucho. Una de las palabras que más se repiten en la encíclica es “diálogo”. La principal contribución de la Iglesia católica al debate medioambiental es, en mi opinión, convertirse en puente de diálogo. En un mundo como el nuestro, polarizado ideológicamente, injusto económicamente y fragmentado académicamente, la Iglesia es una de las pocas instancias que denuncia la injusticia social, tiende lazos en todas direcciones y llama a un tipo de conocimiento sapiencial, capaz de articular ciencias sociales y ciencias naturales, confrontándolas ambas con la riqueza espiritual de la humanidad. En este sentido, ‘Laudato si’’ es una magnífica hoja de ruta para dialogar, pensar y meditar con serenidad y profundidad sobre la cuestión climática.

P.- La Vida Religiosa está presente en la realidad de muchos jóvenes a través de la educación. ¿Qué pueden hacer por ayudar a los jóvenes, quienes se están convirtiendo en los principales acicates de la lucha por el cuidado del planeta?

R.- Lo primero que tienen que hacer las mujeres y los hombres consagrados es ser coherentes. El mejor modo de predicar es con el ejemplo de vida. Esto sucede con cualquier tema, pero sobre todo con la cuestión medioambiental. En segundo lugar, la Vida Consagrada—y la escuela católica en general—puede ayudar a pensar despacio y a conectar la ciencia, la ética, y la espiritualidad. Esta es una contribución fundamental en nuestro tiempo.

P.- Como profesor universitario, en contacto también con algunas personas más alejadas de la Iglesia, ¿considera que la sociedad sabe que “el cuidado de la Casa común” es una preocupación de los católicos?

R.- Las encuestas muestran que los católicos no se diferencian significativamente del resto de ciudadanos en su comportamiento “ecológico”. Hasta hace poco las cuestiones medioambientales se percibían como algo ajeno a la fe religiosa y más propias de ámbitos técnicos o de partidos de izquierdas y organizaciones ecologistas alejadas del ideario católico. En los últimos años, sin embargo, tanto dentro como fuera de la Iglesia la percepción ha cambiado. Los católicos hemos ido tomando conciencia de la importancia del “cuidado de la Casa común” no solo como ciudadanos, sino también como creyentes. Las cuestiones ambientales son cuestiones sociales, por eso no plantean únicamente retos técnicos y políticos, sino también dilemas éticos y espirituales. En este sentido, en círculos no confesionales se percibe cada vez más a la Iglesia como un aliado clave, como un actor que puede realizar una contribución significativa y única en el proceso de transformación social que precisamos.

P.- Por último, ¿qué tres medidas puede tomar mañana mismo cualquier cristiano para aplicar ‘Laudato si” en su vida?

R.- Se me ocurren tres muy sencillas. Primero, rezar con la creación como maestra de vida y como auténtico ‘libro’ de la revelación. La Biblia está llena de referencias al mundo creado y nos invita a sentirnos parte de él, a maravillarnos y agradecer el gran don de la vida. Sin esa experiencia espiritual fundante, cualquier compromiso será un puro ejercicio de voluntarismo. Segundo, recuperar la tradición del ‘examen de vida’ incluyendo en él una revisión de nuestro estilo de vida, de nuestras decisiones cotidianas de consumo, ocio, transporte, etc. No se trata de demonizar a nadie ni de culpabilizarnos, sino de ser más lúcidos y conscientes con las decisiones que tomamos y de sus consecuencias. Tercero, seguir formándonos. Por ejemplo, leyendo ‘Laudato si’’ y otros documentos similares que nos ayudan a saber más y pensar mejor para actuar en consecuencia.

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