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El Papa anima en la audiencia general a “construir puentes con la cultura”

  • Francisco invita a los católicos a “tender siempre la mano” hacia los no creyentes y los fieles de otros credos
  • Propone “inculturar con delicadeza el mensaje de la fe, dedicando a quienes todavía no conocen a Cristo una mirada contemplativa”

El papa Francisco, en la audiencia general lluvia

Frente al mar de paraguas y chubasqueros que cubría a los peregrinos congregados en una lluviosa mañana en la plaza de San Pedro del Vaticano, el papa Francisco animó durante la audiencia general de este miércoles a pedir al Espíritu Santo que “nos enseñe a construir puentes con la cultura, con quien no cree o tiene un credo diverso del nuestro. Siempre construir puentes, siempre la mano tendida, ninguna agresión”.

Tras describir cómo se comportó el apóstol San Pablo en Atenas, la gran ciudad de la cultura griega y donde frecuentó la sinagoga, la plaza y el areópago, el Pontífice animó a los fieles a que pidan al Espíritu Santo “la capacidad de ‘inculturar’ con delicadeza el mensaje de la fe, dedicando a quienes todavía no conocen a Cristo una mirada contemplativa, movida por un amor capaz de inflamar hasta los corazones más duros”.

Reflexión sobre las ciudades

Jorge Mario Bergoglio dedicó una vez más su catequesis al libro de los Hechos de los Apóstoles para aplaudir cómo San Pablo no contempló Atenas y el mundo pagano “con hostilidad, sino con los ojos de la fe”. Invitó a continuación a los presentes a que hicieran suya esta actitud para preguntarse sobre el modo en que miran sus propias ciudades. “¿Las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio a las masas anónimas?”

El contacto con el paganismo, destacó el Papa, no “asustó” a San Pablo, sino que le empujó “a crear un puente para dialogar con aquella cultura”. Su anuncio de Cristo partió de su fe “en un Dios desconocido” al que los atenienses habían construido un ídolo. Luego el apóstol comenzó a explicar paso a paso la revelación de Cristo, lo que “aparentemente no dio el resultado esperado”, pues su muerte y resurrección “se reveló como un escándalo para los judíos y necedad para los paganos, suscitando desprecio y burlas”. Pese a aquella primera impresión, algunos se convirtieron y quedaron como semilla de la fe también en Atenas, donde el Evangelio también empezó a correr con dos voces, la de un hombre y la de una mujer: Dionisio y Dámaris.

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